Traducciónes: inglés
Muchas bendiciones en el nombre poderoso de Cristo Jesús. El Señor quiere hablar hoy a las naciones y hacer un llamado a un arrepentimiento genuino.
[Jeremías 18:7-8] En un instante hablaré contra pueblos y contra reinos, para arrancar, y derribar, y destruir. Pero si esos pueblos se convirtieren de su maldad contra la cual hablé, yo me arrepentiré del mal que había pensado hacerles.
Atento, pueblo mío, dice el Señor. Alza tus ojos hacia mi trono y dispone tus oídos para escuchar lo que te voy a decir.
Hoy estoy haciendo sonar esta trompeta con fuerza a todas las naciones de la tierra para que escuchen mi voz a través de ella y entiendan que si no se arrepienten de manera genuina y real, el juicio viene contra todas ellas, dice Dios. Escuchen o dejen de escuchar, les estoy hablando para que quizás ese juicio que he enviado contra todo aquel que hace lo malo vuelva para atrás o mengüe en su intensidad.
Amados míos, dice el Señor, estoy llamando al arrepentimiento a las naciones, de todo pueblo, de toda lengua, de todo color y de toda cultura, pero no quieren oír mi voz.
En estos tiempos turbulentos donde el mar de las naciones se agita, provocando tsunamis simbólicos y también reales que impactarán contra distintas tierras, una vez más le doy una oportunidad al hombre para que se arrepienta. En estos tiempos donde está escrito que se levantará nación contra nación y reino contra reino, en este tiempo oscuro y determinante donde las cabezas de las naciones se lanzan armas las unas contra las otras, aún doy oportunidad para que vengan al arrepentimiento genuino.
Una vez más llamo a que se arrepientan de sus malos caminos, dice Dios, porque no quiero que el hombre se pierda, porque no quiero que el hombre sufra, porque no quiero que la daga se clave, y con ella el dolor, el sufrimiento y la agonía. Una vez más utilizo esta boca profética para llamarte a que te arrepientas y te vuelvas de la maldad que estás haciendo, dice el Señor.
Noelia: En este llamado al arrepentimiento el Señor no les habla solamente a los inconversos, a los que no lo conocen, sino también a los que lo conocen y saben hacer lo bueno, pero están haciendo lo malo.
[Ezequiel 33:11] Diles: Vivo yo, dice Jehová el Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos; ¿por qué moriréis, oh casa de Israel?
Estoy llamando a los malos, pero también a los que dicen que son buenos pero erran y meten un pie en el pecado, dice el Señor.
Hoy te llamo a que te arrepientas y a que cambies tus caminos torcidos, para que seas lavado y perdonado, para que mi misericordia te alcance y, de esta manera, seas guardado de muchas cosas que vienen para los que no se arrepienten.
Este es un tiempo de prueba para las naciones de la tierra, dice el Señor. Cada una de ellas está siendo pesada en mi balanza de justicia, y de acuerdo al peso de esa balanza hay juicios que están siendo enviados a cada una de ellas, según lo que ha hecho o dejado de hacer.
Este es un tiempo donde doy el pago a los países de la tierra, dice Dios, y los moradores del mundo van a conocer que Yo soy Dios y que no dejo sin juzgar al que hace lo malo.
Pero también es mi pueblo el que peca, dice Jesús: los que deberían dar un ejemplo de rectitud, de justicia y de piedad; los que deberían mostrarme a Mí en ellos. Ellos también tienen que limpiar sus vestiduras, porque se están contaminando, dejándose llevar por las modas del mundo, aceptando doctrinas de demonios en sus congregaciones, manchando mi nombre santo y mostrando una cara que no me pertenece.
[Ezequiel 18:30] Por tanto, yo os juzgaré a cada uno según sus caminos, oh casa de Israel, dice Jehová el Señor. Convertíos, y apartaos de todas vuestras transgresiones, y no os será la iniquidad causa de ruina.
He aquí que sueno la alarma, he aquí que doy las alertas, dice el Señor, porque antes de que venga un juicio doy multitud de oportunidades para que la gente se arrepienta. No soy ligero para derramar mi ira sobre aquellos que pecan, dice Dios, sino que, para cuando llega el juicio sobre sus cabezas, la copa de maldad ya se ha llenado. El error ya ha colmado el vaso. Las transgresiones han llegado a un punto donde ya no hay retorno.
Antes de que mis juicios sean enviados sobre la tierra, dice el Señor, primero advierto, primero aviso, primero ayudo, para que el pecador se dé cuenta de su error. Primero le muestro un espejo delante de su cara, para que, viendo lo mal que está, reaccione y se vuelva de sus malos caminos a mis caminos rectos.
Amados míos, dice Dios, este es un llamado profundo de arrepentimiento que ustedes, los que me escuchan, también tienen que hacer. Estoy avisando otra vez más, para que muchos se vuelvan de sus transgresiones y me busquen y me encuentren, porque quiero ser buscado y quiero ser hallado. Mi perdón está disponible. Mi mano aún está extendida para perdonar a todo aquel que esté dispuesto a dejar de pecar.
Oren e intercedan por los líderes de las naciones, dice el Señor, por las cabezas de los países de la tierra. Pidan por un arrepentimiento genuino, porque nada es imposible para Mí, aun mientras la maldad crece sobre el mundo, aun mientras la apostasía aumenta más y más. En medio de esas malas noticias hay milagros que van a acontecer si los míos realmente oran y ayunan por eso.
Amados míos, oren por los líderes mundiales, dice Dios. Oren para que el velo sea quitado de sus ojos, para que entiendan que hay un Dios que lo ve todo y reconozcan que hay un solo Salvador que está dispuesto a salvarlos y a rescatarlos, no solo a ellos, sino también a las naciones enteras que están dirigiendo. No quiero que esos barcos se hundan, sino que se salven.
He aquí, dice Dios, estoy dispuesto a perdonar, dispuesto a salvar, dispuesto a recibir una ofrenda de arrepentimiento genuino. Pero primero arrepiéntanse ustedes de su maldad. Primero clamen con un corazón limpio y quebrantado delante de mi presencia, sin querer engañarme, sin mostrar una cara que no tienen, sin ser hipócritas. Vengan desnudos delante de mi presencia, porque de todas maneras nada pueden esconderme.
Amados míos, dice el Señor, mi corazón se duele por el juicio que viene al mundo, pero el hombre ha buscado estas consecuencias que van a venir sobre naciones enteras, a las cuales he dado decenas de oportunidades para que ese juicio sea revocado.
Para llegar al punto al que van a llegar muchas de ellas, dice el Señor, su pecado ya se ha agravado, se ha multiplicado, se ha intensificado. He enviado misioneros, he enviado evangelistas, he enviado pastores, profetas y maestros, y no han querido escucharme, y me han dado la espalda una y otra y otra vez.
Tienen que entender que no soy alguien que pierde la paciencia rápidamente, dice el Señor. Soy lento para la ira y rápido para perdonar, pero han jugado con mi paciencia, me han provocado al enojo, me han contristado, llevándome a un punto donde tengo que ejecutar mi justicia, donde tengo que golpear el martillo sobre la mesa, donde no hay vuelta atrás.
Sin embargo, si mi pueblo se humillare, si mi pueblo me buscare, si mi pueblo se arrepintiera en nombre de sus naciones, dice el Señor, los caballos del juicio que he enviado se darían vuelta y volverían a su origen.
[2 Crónicas 7:14] Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.
Pero aun mi pueblo es tardo para oír y lento para reaccionar, y recién cuando el agua le está llegando al cuello gritan: «¡Padre, Padre, perdónanos!»
Es mi pueblo, en primer lugar, el que no quiere escuchar, el que no quiere rectificar sus caminos, el que no quiere clamar y doblar las rodillas para que, cuando llegue a mis narices esa ofrenda grata de intercesión y de arrepentimiento, tal vez me arrepienta de lo que he dicho que iba a hacer en contra de esas naciones.
Hijitos, cuando interceden por los inconversos, ustedes son la solución que ellos no tienen, dice Dios. En muchas ocasiones, cuando ellos ni siquiera conocen la diferencia entre lo bueno y lo malo de tan contaminados que están, ustedes son la última carta. Cuando levantan vallado en nombre de los pecadores, ustedes son la última opción, la última defensa, la última oportunidad para que los perdone.
Hijitos, ayunen por sus países, porque viene el hacha para muchos de ellos. El pecado de las naciones se agrava. Ellos van por todo y harán lo que nunca hicieron, agravándolo todo y derramando sangre, contaminando los territorios, aun aquellos que nunca habían sido contaminados con sangre.
Amados míos, ustedes son la última defensa. Hoy los llamo a arrepentirse también a ustedes por no clamar, por no gemir, por no pedir por sus propias tierras, dice Dios. Tomen en serio estas alertas, porque viene el mal al mundo y el diablo morderá cada territorio como un perro desenfrenado que quiere destrozar con fuerza, con furia, con determinación.
Hijitos, hoy llamo al arrepentimiento a toda nación, de todo origen, de toda historia, de toda cultura, de todo color y de toda lengua, para que doblen las rodillas delante de Mí y me reconozcan como su Dios.
Aun en medio de los juicios que ya están cayendo sobre el mundo sigo dando oportunidades de arrepentimiento. Clamen ustedes por esto, para que los que no me conocen se arrepientan de verdad, para que se den cuenta del mal que están haciendo y me pongan en el trono de esas naciones para que Yo pueda gobernar desde allí.
Este es un llamado más que hago para que todo hombre en todo lugar se arrepienta, dice Dios.
[Hechos 17:30] Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan.
Humíllense delante de Mí. Quebrántense. Vuelvan a orar de rodillas en el piso. Vuelvan a postrarse con sus rostros a tierra. Vuelvan a clamar desde sus entrañas. Vuelvan a encender el fuego de la intercesión por los que no me conocen y andan en caminos torcidos. Vuelvan a encender la vela de la oración de madrugada por los perdidos.
Retomen la intercesión por las naciones. Retomen el clamor, el gemido, el llanto, la súplica y el cilicio, para que, tocando mi corazón, tal vez me arrepienta de algunas cosas que he pensado hacer en contra de ellas.
Aún está vigente el ministerio de la intercesión por las naciones, dice Dios. Aún miro desde mi trono, buscando en la tierra quién esté dispuesto a levantar vallado por ellas. Aún dispongo mi oído con atención para escuchar a aquellos que verdaderamente se duelen por el pecado del hombre, porque ven que esos hombres van directo a la perdición, corriendo al abismo, corriendo al dolor y a la aflicción.
Amados, dice el Señor, vuelvan a la intercesión por las naciones que se pierden. Agrúpense para orar por sus propios países y tierras. No se detengan. No dejen de clamar. Supliquen de distintas formas, estilos y maneras.
No se apaguen y no dejen de clamar solamente porque saben que ustedes están bien. Duélanse por los hombres que están haciendo el mal, dice Dios, sabiendo que si no se arrepienten, sus almas se van a perder. Sean misericordiosos con aquellos que se pierden, dice el Señor. Pídanme por arrepentimiento genuino, para que tal vez les conceda ese regalo que no todos se merecen, porque endurecen su corazón contra Mí.
Amados míos, dice Dios, mi corazón se duele de ver que los hombres van caminando directo al precipicio. Aunque les estoy haciendo distintos llamados para que vuelvan para atrás y se salven de esa caída, no responden. Mi alma se duele porque no quiero que el hombre se pierda, y busco corazones sensibles, hijos de mi pueblo que también se duelan junto conmigo y derramen sus lágrimas delante de Mí, pidiéndome que los perdone.
Busco entre los hijos de mi pueblo corazones que aún estén blanditos, dice Dios, corazones que no solo piensen en lo suyo, sino también en lo que a Mí me interesa. Y cada vez son menos los que miran para afuera. Cada vez son menos aquellos a los que les importa lo que pasa con el prójimo.
Muchos dicen: «Yo estoy bien. A mí no me va a tocar nada. No necesito orar por nadie, porque mi casa está segura en el Señor», y no interceden, no ayunan, no me suplican para que tal vez se salven muchos de los que están fuera de las puertas de su casa.
No es solamente que mi pueblo no sale a la calle a predicar, no habla ni comparte las Buenas Noticias para que las almas se salven de la perdición y obtengan el precioso tesoro de la vida eterna. No es solamente que mi pueblo cierra su boca y no evangeliza a nadie porque ellos están cómodos, porque ya han sido salvos. No es solamente que no predican el evangelio de la salvación para que otros también vengan al arrepentimiento y se conviertan, sino que ni siquiera interceden desde sus casas por ellos. No lo hacen desde afuera y no lo hacen desde adentro. Son como siervos inútiles, que solo piensan en los suyos.
Arrepiéntanse ustedes también de este egoísmo, dice el Señor, de buscar solo lo suyo, de orar solo por su familia, por lo que a ustedes les importa, por lo que ustedes aman. ¿Qué mérito tiene eso?
Noelia: Me viene a la mente la historia del buen samaritano. Los que saben lo que tienen que hacer no lo hacen. Cierran sus ojos y se hacen los ciegos ante la necesidad de afuera. Quieren mantenerse ignorantes de las necesidades de su prójimo.
Son como fariseos, dice el Señor. En vez de amar a los pecadores e interceder por ellos, en vez de predicarles el evangelio para que tal vez se conviertan algunos, los condenan, hablan mal de ellos, sienten asco por ellos. Son fariseos actuales, a los que no puedo llamar porque no me escuchan, porque no quieren embarrarse las manos para trabajar para Mí.
Así son los hijos de mi pueblo en estos últimos días: arrogantes, inservibles, inútiles, egocéntricos, egoístas. Lo único que les importa son ellos mismos, sus propias casas, sus propios amigos, sus propios intereses, sus propios negocios, y no derraman una lágrima por lo que a Mí me importa, dice Dios. No gastan una hora de su tiempo para clamar por los perdidos.
Hijitos, ciertamente los amo con llamas de fuego de amor, pero detesto la dejadez en la que está mi pueblo, la negligencia en la que se sienta, la comodidad en la que se duerme.
Hoy los llamo nuevamente a arrepentirse de su maldad y a comenzar a hacer algo por esas cabras que van directo al suicidio, dice el Señor. Los llamo a sentir algo en su corazón y a dejar de ser como una roca inerte que ha perdido toda sensibilidad por aquellos que están dormidos y apagados.
Entiendan que aún tienen que venir muchos a la salvación, dice Dios. Entiendan que los estoy llamando a participar de la cosecha de almas.
Este es el tiempo. Mañana no van a poder hablar. Es hoy cuando los llamo nuevamente a abrir sus bocas sin miedo, dice Dios, a dejar la tibieza y a hacer lo que tienen que hacer.
No les falta conocimiento de la Palabra para poder ir y predicar y dar testimonio de lo que he hecho en sus vidas. No tienen que ser científicos, teólogos o diplomados para llamar a alguien al arrepentimiento, para darle una oportunidad de conseguir la vida eterna a través de creer en el Hijo de Dios.
Pero ustedes son malos, dice Dios. Cierran sus bocas y las cosen, aun viendo la necesidad delante de sus propios ojos. Cierran su corazón como un cierre que se levanta, y se endurecen delante de los perdidos, aun teniéndolos enfrente de sus caras, aun viendo que hay oportunidad de hablarles, aun cuando ven que tienen la puerta mínimamente abierta para que la palabra ingrese en ellos.
Así son, dice el Señor. Los corazones se van a enfriar en este tiempo, no solo los corazones de los inconversos, sino también los de los hijos de mi pueblo. Mi alma está dolida, dice Dios, no solo porque el hombre va caminando a ese barranco para caer en él, para morirse espiritualmente, sino porque los míos son muertos que no quieren resucitar, porque los míos tienen una boca que no quiere hablar, porque los míos eligen quedar bien delante de los demás en vez de complacerme a Mí.
Mis oídos están asqueados de escuchar cómo se llenan la boca predicando en los púlpitos acerca de la salvación de los hombres, acerca de que hay que predicar, acerca de que hay que hablar a tiempo y fuera de tiempo, y después salen de esos púlpitos y de esas paredes y todo queda en nada, dice Dios.
Son más hipócritas que los no convertidos, porque ellos hacen el mal, pero no quieren aparentar que hacen el bien. Sin embargo, ustedes van a las iglesias bien vestidos y bien peinados, se saludan amablemente, repiten lo que ya está escrito, pero después vuelven a su casa y cierran las ventanas, cierran las puertas, cierran sus corazones, sus ojos, sus oídos y su boca, y ahí se quedan como en un búnker, protegidos, guardaditos, cómodos, quietos, anestesiados, y no hacen nada de lo que se les dijo que hagan.
¿De qué me sirve un cuerpo muerto que yace en una camilla? Lo llamo a levantarse, pero no reacciona y no se levanta. Quiero resucitar a mi pueblo, pero aun escuchando mi llamado a que se levante de esa camilla de muerte espiritual, no quiere reaccionar, dice Dios.
Es como si Lázaro, habiendo escuchado la voz de Jesús cuando lo llamó, no hubiera obedecido. Ustedes no son como Lázaro. Lázaro quería vivir, pero ustedes no quieren estar vivos para Mí. Ustedes prefieren seguir en esa tumba, durmiendo como estaba Lázaro. Lázaro reconoció la voz de su Señor y se levantó y revivió.
Lázaro reaccionó al llamado, pero ustedes no son como él, dice Dios. Ustedes son mediocres. No puedo llamarlos como llamé a Lázaro para que viva. Ustedes aman esa tumba.
Así está mi pueblo en este tiempo. Aun viendo tanta gente que muere en estas guerras de estos últimos días, aun viendo el sufrimiento de los jóvenes soldados, aun viendo la cantidad de viudas creciendo cada día, aun entendiendo que los hospitales se van llenando de enfermos por los virus que andan flotando en el aire, aun conociendo el hambre que están pasando muchos, a ustedes no se les mueve un pelo, dice el Señor. No sienten misericordia. No tienen piedad.
Mi pueblo está perdido en la dureza y en la frialdad. Es como una herramienta que no puedo usar. Son como una mascota rebelde que cuando su amo la llama para salir de su cucha no quiere, porque está calentita, porque quiere quedarse ahí guardada.
Ustedes se quejan de la rebelión de sus hijos o de que sus mascotas huyen de ustedes, pero ustedes hacen lo mismo conmigo, dice el Señor. Los llamo a reaccionar y a levantarse, pero se dan vuelta y salen corriendo. Son igual que ellos.
Así que los llamo a arrepentirse, dice el Señor. Los llamo a cambiar y a dejar la superficialidad. Los llamo a que cuando pequen, se arrepientan de verdad y no por arriba. Ya no quiero escuchar oraciones vanas cuando me dicen: «Señor, perdóname, porque cometí tal pecado», y en su corazón no sienten nada.
Quiero arrepentimiento genuino, dice el Señor. Mi justicia lo demanda, porque el juicio no viene solamente contra las naciones rebeldes, sino también contra todo aquel que haga iniquidad, contra todo aquel que transgreda mis leyes espirituales.
Quiero que mi pueblo de verdad deje de escupir la cruz del Calvario, dice Dios. Quiero que mi pueblo rebelde me pida perdón en serio y se lave de sus caminos sucios, ocultos para otros hombres pero no para Mí.
Vengan luego y estemos a cuentas, dice el Señor. Voy a restaurarlos y van a venir tiempos de refrigerio, y voy a guardarlos de la prueba que viene al mundo entero.
Noelia: En este momento el Espíritu de Dios comienza a ministrar a muchos que están escuchando esta palabra y a redargüirlos para que sepan específicamente de qué tienen que arrepentirse si aún no se han dado cuenta. El Espíritu de Dios se mueve en este momento sobre los suyos, golpeando la puerta de los corazones que se habían endurecido, que estaban enfriados, que se habían olvidado de la misericordia y de la piedad que Dios quiere que practiquen.
En este momento el Señor derrama miel en los corazones amargados. En este momento el Espíritu de Dios ministra a aquellos que verdaderamente han sido tocados por estas palabras proféticas, para que, habiéndose vaciado de la mugre que no tenía que estar en ellos y habiéndose puesto a cuentas con el Señor, sean llenos de paz y de gozo.
El Espíritu de Dios está ministrando a muchos corazones para que se vuelvan al Señor y busquen el primer amor. El Señor te da otra oportunidad de venir a Sus pies, de ponerte a cuentas con Él y de volver a reconocerlo como el gobernador de tu vida. El Señor te da una nueva oportunidad de hacerte a un lado y dejarlo a Él dirigir el timón del barco de tu vida, de dejar de golpearte contra esas rocas y naufragar.
Dios dice que te arrepientas de tu maldad y rectifiques tus hechos para que Él te limpie, te restaure, te sane, te liberte y te dé una vida de esperanza y de propósito. El Señor te ama y, como a una oveja que se había perdido en el bosque, viene a buscarte hoy otra vez para que retornes a su redil y seas guardada del lobo que no pierde tiempo allá afuera.
Te perdono y estoy dispuesto a recibirte, dice el Señor. No rechazo a nadie que verdaderamente se arrepienta. No desecho a un corazón que se quebranta cuando reconoce lo mal que ha hecho en su pasado. Lo que para ti es difícil de perdonar, para Mí es posible.
Noelia: Recibe ahora la paz del Señor y el gozo del Espíritu Santo. Recibe restauración. Recibe el Espíritu Santo de Dios, en el nombre de Jesús. ¡Gloria a Dios!
El Señor dice que pongan por obra esta palabra profética una vez que terminen de escucharla o leerla. Dios está cansado de escuchar a su pueblo recitar la Biblia, pero no practicarla. Sus ojos recorren la tierra, buscando manos que se activen en la obra del Reino y pies que se muevan para trabajar para Él. Dios busca acción, no solo conocimiento.
Veo una rueda que estaba quieta, pero se empieza a mover. Esta rueda representa una activación en aquellos que estaban pausados y quietos, que no iban ni para atrás ni para adelante ni para ningún lado.
En este momento quiebro toda brujería y hechizo de inmovilidad en el nombre de Jesús. En este momento derrito todo hechizo de congelamiento y desato toda soga que te ataba y te impedía moverte, en el nombre de Jesús. En este momento te envío para hacer la obra del Reino, para hablar a los que están perdidos, para ministrar a los necesitados.
En el nombre poderoso de Cristo Jesús imparto movimiento, quito el stop de tu espíritu, saco todo grillete de tus tobillos y hablo libertad a tu vida, para que te muevas por el Espíritu de Dios a favor de las naciones de la tierra, a favor de las almas que van corriendo hacia la muerte sin saberlo.
En el nombre de Jesús te unjo en este momento con palabras de evangelización, con unción evangelística, con aceite de intercesión para que derribes, destruyas y arranques todo lo que Dios quiere que sea derribado, destruido y arrancado, y también para que plantes, riegues, hagas crecer y edifiques todo lo que Dios quiere plantar, regar, hacer crecer y edificar.
En este momento coloco pan en tus manos para que repartas a los que están raquíticos espiritualmente, a los que se mueren de hambre de la Palabra de Dios. Imparto denuedo y valentía sobre ti ahora para que te animes a tirarte a la pileta y compartir las Buenas Nuevas.
Abre tu boca y no te calles más, dice Dios. Clama por los perdidos y adviérteles que tienen que arrepentirse antes de que venga el final.
[Marcos 16:15] Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.
Noelia: Alabado seas, Señor. Bendito sea tu nombre, Jesús, Señor perfecto, bueno, misericordioso, que adviertes muchas veces antes de que venga el desastre, para salvar al hombre de su camino impío. Gracias, Señor.
Quiero cerrar este mensaje profético con este versículo:
[Santiago 1:22] Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.
