Traducciónes: inglés
El Señor te bendiga en el nombre poderoso de Cristo Jesús. Hoy el Espíritu Santo de Dios me traía a la memoria este pasaje:
[Juan 9:4] Me es necesario hacer las obras del que me envió entre tanto que el día dura. La noche viene cuando nadie puede trabajar.
Amada hija de Dios, amado hijo de Dios, dice el Señor, en este día que es parte de los días postreros, en este día de los últimos tiempos, en que estamos al borde del abismo, en que estamos llegando a un punto de no retorno, el pueblo de Jesucristo tiene que entender el tiempo en el que está viviendo y prepararse para lo que se avecina a la tierra, porque la noche viene al mundo, y la oscuridad junto con ella.
Hijitos, ustedes tienen que mirar a través de la ventana de la visión y fijarse con atención en qué es lo que se avecina, qué es lo que se aproxima.
Noelia: Veo ahora a una persona en su casa. La persona se acerca a la ventana, corre la cortina para mirar hacia afuera y se asoma, porque ve acercándose tinieblas y nubes oscuras.
Tienen que entender que vienen tiempos difíciles, inclusive para los Míos, dice el Señor, tiempos donde serán probados para ver si realmente tienen fe en el Hijo de Dios, para ver si lo siguen amando aun cuando estas nubes oscuras pasan sobre sus cabezas y cubren lo que los iluminaba.
Viene la noche oscura a la tierra, dice Dios. Este es el tiempo de la oscuridad. Este es el tiempo donde las tinieblas van a manifestarse cada vez más fuerte, donde el diablo, apurado, va a presentar su última obra antes del fin de todas las cosas.
Lo que se acerca es un tiempo tenebroso, dice el Señor, y los Míos, los que ya deberían estar preparados para pasar por ese túnel oscuro llenos de fe, llenos de valor, llenos de confianza en el Hijo de Dios, no están así.
Noelia: Me estoy viendo a mí misma en una torre de atalaya en las murallas de una ciudad. Estoy mirando hacia afuera y veo que lo que se avecina es turbulento. Veo que se avecina un gran ejército, trayendo con él densas tinieblas que van opacando el día a medida que el ejército va avanzando y acercándose a esta ciudad.
Me veo dándome vuelta y haciendo sonar el shofar para que tal vez el pueblo de la ciudad me escuche, atienda a mi voz, reaccione, deje de estar distraído y se prepare.
Me veo sonando esta bocina una y otra vez y otra vez y otra vez, pero ellos están como sordos. Se ríen de lo que estoy anunciando y no me toman en serio. Me dicen que estoy loca, que estoy exagerando, que lo que estoy anunciando no es así.
Entonces me vuelvo al Señor y le digo: «Padre, no me escuchan. No me entienden. No me toman en serio. No atienden a mis alertas». Y el Señor me responde: «Hija, sigue anunciando igual lo que te muestro. Sigue alertándolos, para que su sangre no esté en tus manos si, llegado el momento, ellos sufren daño. Habla y no te calles, y no atiendas a los que te quieran cerrar la boca, a los que te quieran poner un bozal, porque, llegado el momento, voy a pedirte cuentas de lo que dijiste o dejaste de decir, cuando era Yo el que te enviaba».
Así que aquí estoy nuevamente, como dice la Biblia:
[Ezequiel 2:5] Acaso ellos escuchen, pero si no escucharen porque son una casa rebelde, siempre conocerán que hubo profeta entre ellos.
Anuncia lo que te muestro, dice el Señor. Advierte lo que estás viendo. Comparte lo que te doy para que todos sepan lo que se avecina al mundo mientras los Míos siguen pisando sobre la tierra, para que tal vez muchos de ellos se arrepientan y salgan de la superficialidad, para que tal vez muchos de ellos se calienten por amor a Mí y dejen de estar tibios, creyendo que pueden negociar con la salvación.
Amada mía, sigue, dice el Señor. Abre tu boca y grita a los cuatro vientos y no te calles, para que tal vez salves a algunos de ellos del abismo a donde van corriendo sin darse cuenta. Amada mía, grita sin vergüenza lo que estás escuchando, porque, llegado el momento, a Mí me rendirás cuentas y no a ellos. Paga el precio y sufre los vituperios, porque te he encontrado digna de hablar lo que Yo hablo.
Este es el tiempo donde el diablo manda a su ejército, donde el diablo despliega sus mejores tropas. Este es el tiempo establecido desde antes de la fundación del mundo para que se manifieste lo que haya de manifestarse, el tiempo donde las tinieblas ya no se esconden más, sino que se muestran al hombre cara a cara.
Este es el tiempo donde el diablo sale de su escondite y se muestra sin tapujos, dice el Señor, porque el hombre ya está preparado para recibirlo, porque el hombre tiene en su corazón un nivel de maldad que le permite estar de acuerdo con él y con su manifestación.
Amados míos, dice el Señor, esta noche viene sobre la tierra y cubre los cielos, y la dificultad se avecina, trayendo prueba sobre prueba, tribulación sobre tribulación, angustia de las gentes, y muchos no van a entender lo que pasa.
Pero a ustedes les hablo y no les dejo de hablar, dice el Señor, para que no estén ignorantes, para que no se alejen de esa ventana de la visión, al lado de la cual tienen que permanecer velando para no estar ignorantes de lo que se avecina al mundo.
Es tribulación, es angustia, es llanto. Son enfermedades, son catástrofes, son agitaciones sociales. Rebelión de los pueblos contra los gobernantes, sacudimiento de la tierra, levantamiento de los mares, caos, confusión.
El hombre está perdido y se va a perder más, y lo que se manifestaba en los tiempos de Noé se va a volver a manifestar, porque así está escrito, dice el Señor, que los días postreros serán como los días de Noé. Y los Míos hacen fiestas, y los Míos se entretienen, y los Míos siguen nadando sobre la superficie del mar, mientras abajo el Leviatán se asoma.
Amados míos, no estén ignorantes de los tiempos que están viviendo. Entiendan que las cosas van a empeorar y que la noche que viene va a ser cada vez más oscura y más densa, mientras ustedes aún están aquí.
Tienen que encenderse y alumbrar más con mi luz, dice el Señor. Tienen que llenarse del Espíritu Santo y ser como las vírgenes que tenían sus lámparas llenas de aceite. Ustedes no saben a qué hora vuelvo, pero aun así deben estar listos en todo momento.
Soy Yo el que les habla: Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios, el que se entregó por todos aquellos que creyeran en Mí y resucitó al tercer día por el poder de Dios, el que está sentado a la diestra del trono de la Majestad y el que va a volver para traerlos a Mí.
Amigos míos, dice el Señor, es tribulación lo que viene. Es angustia, es desesperación, y mi sierva (Noelia) repite lo que ya está escrito. Sin embargo, cuando ella pronuncia estas palabras, a ustedes les choca más que cuando las leen (en la Biblia), pero no está diciendo algo que Yo no haya anunciado, sino que les está recordando lo que ya anuncié desde hace miles de años y lo que anunciaron mis profetas de la antigüedad desde antes de mi nacimiento.
Amados míos, prepárense, dice el Señor. Lo que viene no es luz; es una noche larga y oscura a través de la cual ustedes van a pasar. Las cosas se van a agravar y lo que era normal va a dejar de ser normal, para que venga una nueva normalidad, donde lo malo sea normal y lo bueno se vuelva anormal, porque este es un tiempo para llamar malo a lo bueno y bueno a lo malo.
Por eso la oscuridad tiene que venir: para que se manifieste quién es el trigo y quién es la cizaña, dice el Señor, para que los hombres tomen una decisión, para que el hombre, tocando fondo, pueda decidir a quién amar: si a la luz o a la oscuridad, si al Señor de las luces o al señor de las tinieblas.
Todos tienen que tomar una decisión, dice Dios. Por eso el hombre va caminando hacia un callejón sin salida. Por eso llevo al hombre a sentirse acorralado, para que, llegando a ese punto, no le quede otra opción que tomar una decisión por la luz o la oscuridad.
Y como mi pueblo está tibio, como mi pueblo está frío, como mi pueblo peca y se aleja de Mí, como mi pueblo no toma en serio las cosas espirituales, tengo que llevarlo también a ese punto, para que se despierte, abra los ojos y comprenda que su salvación es cosa seria y que el enemigo viene por todo aquel que se desvíe, por todo aquel que se distraiga, por todo aquel que esté jugando con las cosas espirituales.
El alma del hombre es preciada, dice Dios, pero el hombre no lo sabe. El alma del hombre vale más que todo el oro y que todas las piedras preciosas, pero no para el mismo hombre. El hombre se pierde porque se quiere perder. El hombre se desvía porque le gusta lo malo, porque ama el pecado.
Y muchos, habiendo conocido la luz, igualmente elegirán la oscuridad, dice Jesús. Algunos, aun habiéndome visto, van a elegir otro amo. Así como Judas, que me veía cara a cara e igualmente eligió el camino del mal, de la misma manera, en estos últimos días, mientras las cosas se van agravando, los hombres, aun viéndome, elegirán el mal.
Los corazones se enfrían, la temperatura baja y viene un tiempo donde no se podrá tener la libertad que tienen ahora. Esa es la noche que viene al mundo, dice el Señor.
No van a poder moverse libremente como lo hacen ahora. No van a poder realizar ciertas actividades que ahora son normales para ustedes.
Viene un tiempo de restricción. Viene un tiempo de control. Viene un tiempo donde van a estar en aprietos. Elijan ahora y rediman el tiempo para llevar fruto para mi Reino.
Amados míos, los amo, dice el Señor. Estoy con ustedes en medio de esta oscuridad que se avecina. Ustedes son la luz del mundo. No se guarden mientras ella se avecina, sino que salgan afuera para alumbrar más, para contrarrestar esa pesadez extrema que viene al mundo.
Enciéndanse, dice el Señor. Apasiónense por las cosas buenas. Impartan lo que ellos no tienen. Enciendan lo que está apagado. Rediman el tiempo y muévanse a mi favor. Rescaten almas mientras se pueda, porque viene un tiempo donde van a silenciarlos, y los que hablen en mi nombre serán muertos.
Amados míos, mi pueblo no reacciona. Mi pueblo no escucha. Mi pueblo no entiende. Y así como cuando en la antigüedad se les advertía que el enemigo estaba a la puerta, que el peligro los acechaba, que tenían que despertarse y prepararse para la guerra, pero no atendían al aviso, lo mismo sucede hoy.
Mi pueblo está cómodo, dice Dios. Quiere escuchar palabras suaves y dulces y no entiende que lo que viene no es ni suave ni dulce, sino amargo como el ajenjo y triste de muchas maneras.
Yo sé que les duele lo que escuchan, dice el Señor, pero soy un Señor de la verdad y no les miento. Tiene que venir la oscuridad sobre la tierra, para que se manifieste quiénes son luz y a quién pertenecen.
Entiéndanme, dice el Señor. Deben encender sus candeleros y mantener esa llama viva. Deben subir la temperatura del Espíritu Santo en ustedes y arder como nunca antes, mientras lo que se vea sobre la tierra sea algo nunca antes visto.
Porque para eso también viene esta oscuridad: para generar más contraste entre la luz y la oscuridad, dice el Señor. Y mientras más oscuro esté el mundo, más será notoria su luz si permanecen en Mí, porque Yo soy el que enciende, Yo soy el que alumbra, Yo soy el que aviva, Yo soy el que vivifica, dice Jesús, y los Míos van a permanecer vivos espiritualmente si se siguen decidiendo por Mí y no claudican.
Manténganse en la vid, dice el Señor, porque mientras estén adheridos a Mí, Yo sé cómo sostenerlos de pie mientras todo se sacude a su alrededor. Yo soy un Señor que cumple su palabra. Yo soy fiel a los que me siguen, y no los abandono.
Yo estoy con los que lloran. Yo estoy con los que sufren. No están solos. Solamente que no me nieguen cuando llegue el momento determinado. Solamente que resistan la prueba que viene sobre el mundo entero. Solamente que me sean sinceros y que sean de ejemplo.
La oscuridad viene sobre las naciones. Así está escrito, así será, y ya está viniendo. Resistan, hijitos, porque están en mi mano. No los dejo solos. Es mi santo Espíritu el que los mantiene con la llama encendida.
No se apaguen. No se distraigan. No disminuyan. No menguen en el amor por Mí y por mis cosas. No se cansen de amar. No se vuelvan superficiales. Sigan orando. Sigan esperándome.
Los amo, dice Jesús, y estoy con ustedes hasta el último día de sus vidas.
Noelia: El Señor me hace saber que muchos de ustedes sueñan con la luna que no da su resplandor. Muchos de ustedes sueñan con la oscuridad que baja y cubre la tierra. Muchos de ustedes reciben sueños sobre las tinieblas que vienen sobre el mundo. Muchos de ustedes sueñan que viene la noche aun cuando no es la hora, cuando todavía es de día.
A través de estos sueños el Señor les está hablando sobre el mismo mensaje que estoy entregando ahora, avisándoles que la noche viene sobre el mundo, que el diablo despliega su poder sobre la tierra más que nunca en este tiempo, que la hora oscura viene y ya casi son las doce.
Algunos de ustedes están viendo este reloj que casi marca las doce o que ya está marcando las doce, porque el Señor les está diciendo que la hora viene y ya está viniendo. La peor hora del mundo viene sobre la tierra y ya casi se cumple lo que está escrito sobre ella.
A través de esos sueños el Señor está advirtiendo de esto mismo que estoy anunciando. Muchas veces, estos sueños de oscuridad no vienen de parte del diablo para amedrentarte e infundirte miedo, sino del Señor, que te está dando sueños proféticos y apocalípticos de los últimos tiempos.
Es el Señor el que muestra estas señales celestiales a través de tus sueños para que te prepares, para que te despiertes, para que prediques el Evangelio mientras tengas tiempo, para que pongas en orden tu casa, para que prepares a los tuyos y anuncies lo mismo que Dios te está anunciando a través de esos sueños.
El Señor te está diciendo: «Mira, hijita, lo que viene. Levanta tu cabeza al cielo y mira cómo todo se oscurece». El Señor te está advirtiendo diciéndote: «Mira, hijo, lo que viene sobre el mundo. Densas tinieblas lo cubrirán antes de que venga el fin».
Les estoy hablando de distintas maneras, para que entiendan que viene el tiempo del fin, el tiempo que es la antesala para el fin de todas las cosas, y no me están entendiendo, dice el Señor.
Estudien la Palabra acerca de los tiempos postreros. Estudien lo que está escrito acerca de estos tiempos, donde se habla de esta oscuridad, del día oscuro, de la noche que se avecina.
Deben velar mientras esta noche se desarrolla delante de sus ojos. Escuchen a las bocas que estoy levantando y que hablan sobre esto mismo, porque soy Yo el que les avisa y el que pone atalayas en las torres para que suenen la trompeta y alerten a mi pueblo dormido, que, mientras viene esta noche, duerme y se relaja, permitiéndole al ladrón que entre tranquilamente en sus casas a provocar caos, confusión y perdición.
Este soy Yo: un Señor de amor y un Señor de luz, dice Jesús. Y que les hable de esta manera no significa que haya dejado de amarlos.
Oren sobre esto y no tengan miedo. No le den lugar al terror. Manténganse calmos, pero alertas, esperando, despiertos, aun cuando sus cuerpos estén durmiendo, orando en todo tiempo y siendo luz para los que están en oscuridad.
Noelia: Veo a una persona en la noche, y no hay luces en el lugar donde está. Pero esta persona tiene una linterna en la mano y alumbra el camino por donde tiene que caminar. Y mientras va caminando, con esa misma linterna alumbra a sus costados para ver dónde está, hacia dónde va y quién está cerca.
Es esta linterna la que la mantiene en el camino por donde tiene que andar. Es esta linterna la que la guarda de los peligros y de los desconocidos que se quieren acercar. Es esta linterna con la cual los encandila cuando los tiene que ahuyentar.
Ahora veo que esta persona alumbra hacia arriba con su linterna y ve que la luna no da luz y que pasan nubes oscuras. Entonces se da cuenta de que esta noche va a durar por muchas horas más y se aferra aún más fuerte a esta linterna potente que tiene en su mano derecha y no permite que nadie se la robe, porque sabe que esa luz puede salvarla.
Esa es la luz de mi Palabra, dice el Señor. Esa es la luz de lo que les hablo y de lo que está escrito para estos tiempos postreros. Ustedes tienen que guiarse a través de ella, porque los que no la conozcan, los que no la entiendan, los que no escuchen mi voz, se van a perder en esa densa oscuridad que viene sobre la tierra.
Ustedes no están perdidos, a menos que lo quieran estar. Mientras todo esté oscuro, sobre ustedes nacerá mi luz, dice el Señor. Y así como cuando vinieron las densas tinieblas sobre los egipcios cuando mi pueblo estaba en esclavitud, pero sobre Gosén había luz, lo mismo sucederá en estos últimos tiempos.
Mientras los que no me conocen vivan a oscuras, mientras los que no me siguen no puedan ver por la ceguera espiritual, por la oscuridad que hay en sus ojos, mientras los que no me conozcan estén perdidos porque no haya luz que alumbre sus caminos, sobre mi pueblo habrá una luz que los guíe. Mi pueblo, aquellos que estén despiertos y velando, podrá ver claramente.
Esos son ustedes, dice el Señor. Haré una diferencia y ustedes sabrán a dónde tienen que ir. Sobre ustedes no viene la oscuridad. En sus casas tendrán con qué alumbrar, pero deberán velar para que esa luz se mantenga encendida, como una vela que no se apaga mientras transcurre esa noche oscura.
Tengan esperanza, dice el Señor. No dejo solos a los Míos. Este es un mensaje de amor y de oportunidad para que vuelvas al Señor. Esta es una puerta que se abre delante tuyo para que entres al único lugar donde vas a encontrar seguridad y salvación.
Este es un mensaje para que todo aquel que abra este sobre celestial encuentre la solución a la oscuridad que siente en su corazón. Es un mensaje fuerte que ha tocado sus fibras más profundas, dice el Señor, que los ha conmovido, y a algunos inclusive los ha entristecido.
Pero es por amor que les hablo la verdad. Es porque los amo que les abro los ojos y no les vendo un falso evangelio ni les prometo algo que no les voy a dar. Es porque los amo que les hablo lo que ya está escrito y no les miento, dice Jesús.
Ajústense sus cinturones y cíñanse con el cinturón de la verdad, porque vengo pronto por los Míos, por los que han resistido, por los que no se han apagado mientras todo a su alrededor se sumergió en tinieblas.
Tengan esperanza, amados míos, dice el Señor. Estoy aquí. Y mientras el diablo hace lo suyo, Yo salvo a los Míos de esa oscuridad.
[Juan 16:33] Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo.
[Romanos 15:13] Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo.
Noelia: El Señor me revela que muchos de ustedes han recibido hoy la interpretación de sus sueños, porque le preguntaron al Señor qué significaban: por qué estaban viendo estas tinieblas regularmente en sus sueños, por qué tantas lunas negras o manchadas con sangre, o por qué el sol se oscurecía.
El Señor ha respondido a lo que ustedes le preguntaron acerca de esos sueños que no entendían. En algunos casos sentían como una tortura y le preguntaban al Señor: «Señor, ¿por qué estoy soñando con esto? No me gusta ver estas cosas. Me resulta difícil y no las entiendo. ¿Acaso estoy mal? ¿Estoy haciendo algo que está mal? ¿Me estoy desviando? ¿Me estoy perdiendo?».
Pero en muchos casos era Dios el que les estaba dando estos sueños apocalípticos, para que revisen la Palabra, entiendan este tiempo y se preparen, y, en algunos casos, también anuncien y compartan esos sueños, para que otros también reaccionen.
Amén y amén.
