Traducciónes: inglés
En esta oportunidad, el Señor quiere hablar sobre este pasaje:
[Miqueas 3:11] Sus jefes juzgan por cohecho, y sus sacerdotes enseñan por precio, y sus profetas adivinan por dinero; y se apoyan en Jehová, diciendo: ¿No está Jehová entre nosotros? No vendrá mal sobre nosotros.
Hijos míos, dice el Señor, ustedes tienen que corregir sus caminos: aquellos que dicen que me aman, pero en realidad solo me aman cuando sus bolsillos están llenos de dinero; me aman cuando tienen casas lujosas; me aman cuando reciben algo constantemente por el trabajo que hacen para mí, pidiéndolo, exigiéndolo, cobrando por una palabra que no les pertenece.
Ustedes se están prostituyendo y son igual que esas prostitutas que se ofrecen por precio en las calles. Ustedes ofrecen una mercancía que creen que les pertenece, cuando en realidad no es de ustedes, dice el Señor. Están vendiendo algo por lo que no trabajaron. Están vendiendo algo que no idearon. Están vendiendo algo que se les ha dado y que no nació de ustedes, sino de mí.
Mis profetas se están vendiendo por plata, dice el Señor, poniendo un precio a mi palabra santa, que es de oro tan preciado que no se le puede poner un precio en esta tierra.
Arrepiéntanse, dice el Señor, porque mi martillo está a punto de golpear contra aquellos a los que les he venido advirtiendo que no vendan lo que les he dado, porque por gracia recibiste eso que ahora estás vendiendo. Por lo tanto, por gracia es que tienes que darlo, porque no es algo que hayas obtenido por tu capacidad, no es algo que tú mismo hayas comprado, sino que te fue dado gratis por amor y a través del sacrificio de Aquel que se entregó gratuitamente y voluntariamente en esa cruz.
Hijitos, dice el Señor, tienen que arrepentirse de cobrar por profetizar. Tienen que arrepentirse de cobrar por enseñar mi Palabra. Tienen que arrepentirse de cobrar por ministrar sanidad y liberación.
Noelia: El Señor dice que el hacha está colocada en la raíz de estos árboles, y si no dejan de dar malos frutos, van a ser cortados.
Arrepiéntanse de obtener ganancias deshonestas con algo que no es negociable, dice el Señor, con algo que no se entrega a cambio de nada, sino que se da voluntariamente desde un corazón amoroso que ama a las almas.
[Mateo 10:8] Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia.
Noelia: El Señor me muestra que algunos profetas que venían bien están meditando en su corazón para ver si comienzan a cobrar por dar palabras proféticas o por ministrar. Les está empezando a cruzar por la cabeza: «Bueno, hay tanta gente que me sigue, hay tanta gente que necesita palabra. Voy a hacer que logren llegar hasta mí, que soy un profeta tan importante, solamente aquellos que estén dispuestos a pagar por esa palabra».
Están pensando en hacer reuniones virtuales para ministrar a las personas a cambio de cierto monto de dinero, y no saben, o no quieren saber, que los ángeles están al lado de los profetas que ya están realizando esta práctica, anotando todo lo que hacen.
El Señor dice que los que hacen esto ya tienen su recompensa. Por lo tanto, si logran entrar en la vida eterna, no van a tener una recompensa, porque ya la obtuvieron en la tierra, cuando cobraban cada vez que entregaban una palabra.
No, hijitos, no lo hagan, dice el Señor. No sean como Balaam, no entren en su error, no caigan en esa trampa. No se prostituyan como él, que codiciaba el dinero que le querían dar para que él pronuncie una palabra que no venía de mi boca. No se dobleguen, no se vendan por un dinero que solamente les va a provocar un placer pasajero.
Resistan la tentación, les dice el Señor a aquellos profetas que están siendo tentados por el diablo para ver si los puede convencer de comenzar a cobrar por ministrar a las personas que están desesperadas, quebradas, afligidas, solitarias, enfermas, atadas.
Noelia: El Señor me revela que hay profetas que cobran por impartir dones espirituales, diciéndole a la gente: «Si quieres profetizar como yo profetizo, te sale tanto dinero. Si quieres obtener el don de conocimiento, te cuesta este otro precio», como cuando uno va a una cafetería y le presentan un menú, y de acuerdo con lo que va a consumir, ese es el precio que le van a cobrar. «Cuanta más ministración quieras, más caro te va a costar», dicen ellos.
[2 Pedro 2:15] Han dejado el camino recto, y se han extraviado siguiendo el camino de Balaam hijo de Beor, el cual amó el premio de la maldad
No se vendan ustedes también, dice el Señor.
Noelia: El Señor me muestra que la mayoría empiezan bien, trabajando de gracia para el Señor con lo que han recibido, siendo humildes, contentos, con sed de ministrar a las personas, alegres de ver cómo la gente revive espiritualmente cuando uno les profetiza y les da palabras de aliento, de edificación, de exhortación, y a veces hasta de corrección.
Pero con el tiempo empiezan a ver que eso puede ser redituable. No les alcanza con el sostén diario que el Señor les da y quieren más. Le dan lugar a la codicia y comienzan a ponerle precio a la palabra de Dios, a la impartición por el Espíritu Santo, a la unción que imparten a otros. Le ponen precio a todo.
Ya no son trabajadores de la mies para obtener un salario celestial que viene del Señor, el cual el Señor les da por gracia y de su voluntad. Ya no les alcanza, y llega un momento donde ya no trabajan para el Reino de los cielos si no es por plata.
Se ofrecen por dinero y no brindan sus servicios si no les pagan, dice el Señor. Es prostitución espiritual lo que hacen.
Noelia: El Señor me trae a la mente la historia de Eliseo. Le quisieron ofrecer bienes a cambio de la bendición, pero él se negó y sanó a Naamán de todas maneras.
[2 Reyes 5:15-16] Y volvió al varón de Dios, él y toda su compañía, y se puso delante de él, y dijo: He aquí ahora conozco que no hay Dios en toda la tierra, sino en Israel. Te ruego que recibas algún presente de tu siervo. Mas él dijo: Vive Jehová, en cuya presencia estoy, que no lo aceptaré. Y le instaba que aceptara alguna cosa, pero él no quiso.
El Señor dice que hoy, muchos de los profetas, pastores, maestros, apóstoles y evangelistas, en vez de tener esta actitud que tuvo Eliseo, en su corazón desean que venga gente con presentes, con dinero, con ofrendas. Y si no lo hacen de voluntad, ellos comienzan a imponer un precio para ofrecer lo que por gracia han recibido.
Corríjanse y no se prostituyan, dice el Señor, porque se están vendiendo haciendo esto. Están vendiendo mi palabra, y muchas veces lo que terminan vendiendo no es mi palabra, sino la palabra que ellos quieren escuchar. Por haberse pervertido, comienzan a cambiar la palabra profética que antes recibían de una manera pura.
Empiezan a pintarla del color que al cliente le gusta y a arreglarla de una manera que encaje para la persona dispuesta a pagar, y terminan convirtiéndose en adivinos del diablo, porque a la larga, esa lujuria espiritual, esa prostitución, esa infidelidad hacia mí termina abriendo la puerta para que las personas que hacen estas cosas dejen de escuchar mi voz y empiecen a escuchar la voz del diablo, creyendo que soy Yo el que les sigue hablando.
Noelia: Si los profetas de Dios que empezaron bien continúan con esta obstinación y no se arrepienten y cambian sus caminos, comienzan a escuchar una voz similar a la voz del Señor, porque el diablo sabe cómo habla el Señor y los engaña, haciéndolos caer en el error de Balaam.
El Señor dice que todos aquellos que estén cobrando por palabra profética, por enseñar la Biblia o por cualquier tipo de ministración, que se arrepientan en este momento y suelten todas las ganancias adquiridas deshonestamente, pidiendo al pueblo de Dios lo que no tienen derecho a pedir y cobrando algo que no se les mandó a que cobren.
Arrepiéntanse y lávense las manos, que ahora están sucias, dice el Señor, porque ustedes son igual que los ladrones, nada más que en vez de robar cosas materiales están robando cosas espirituales. Le están robando al pueblo de Dios.
Noelia: El Señor me muestra que cuando algunos ministros van a ministrar a una persona, ya no piensan en el bienestar de esa alma, sino en sus bolsillos, preguntándose cuánto dinero tiene en su billetera, qué tan grande es su cuenta bancaria, cuánto le pueden pedir por eso que están discerniendo que necesita.
El Señor dice que Él escucha cada pensamiento del corazón de los hijos de su pueblo que están llamados a servir a los demás, que han sido puestos como columnas a las que los hermanos más débiles puedan aferrarse y resistir la aflicción que ya existe en sus vidas.
Haciendo esto, ustedes están agregando aún más aflicción, dice el Señor, porque no solo el que cobra por su ministración por el Espíritu Santo se maldice a sí mismo por lo que hace, sino también el que paga por esto se maldice a sí mismo por querer comprar un bien que no puede ser comprado.
Noelia: El Señor me trae a la mente este pasaje:
[Hechos 8:18-22] Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, diciendo: Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu Santo. Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizá te sea perdonado el pensamiento de tu corazón; porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás.
No solo son culpables y deben arrepentirse los que exigen dinero a cambio de las cosas espirituales que recibieron por gracia, sino también los que buscan obtener esas cosas espirituales a cambio de algo material.
Noelia: El Señor invita a arrepentirse a todo aquel que ha caído en este pecado, tanto al que negocia con la palabra de Dios para obtener dinero, como al que cree que puede comprarla con dinero, sembrando, como dicen ellos, donde Dios no los mandó a sembrar.
Si siembran donde Yo no los mandé a sembrar, dice el Señor, lo que van a cosechar de esa siembra es juicio para sus vidas si no se arrepienten.
Noelia: El Señor me muestra que los que cobran por profecía y otros tipos de ministración usan mucho estas palabras. Ellos dicen: «Tienes que sembrar para el reino de Dios», y manipulan al pueblo del Señor, tergiversando para sus propios intereses los pasajes que enseñan el principio bíblico de la siembra y la cosecha.
Hijitos, dice Dios, no caigan en ese error.
Noelia: Veo gente que va al shopping y entra en distintas tiendas para comprar lo que se vende ahí. Y el Señor me muestra que los ministros que cobran por ministrar a otros lo que han recibido se convierten en adivinos, a los que uno puede ir y comprar una palabra de adivinación.
Veo adivinos con bolas de cristal, y el Señor me dice que las personas que empiezan trabajando para Él y después se corrompen y empiezan a vender lo que han recibido, funcionan igual que esos adivinos que cobran por adivinar, y aún peor, porque la mayoría de los adivinos no saben lo que hacen ni lo hacen en el nombre de Dios, pero los profetas sí lo hacen en el nombre de Dios.
Cuando los ministros del Señor caen en este error y dicen: «Te voy a dar una palabra de parte de Dios, pero tienes que darme 100 dólares», están funcionando como un adivino y recibirán más juicio si no se arrepienten, porque además de estar haciendo algo ilícito espiritualmente, lo hacen en el nombre de Dios.
El Señor dice que ustedes no vayan a esas tiendas de adivinación y caigan en esa trampa cuando están desesperados por una palabra de Dios y dispuestos a hacer cualquier cosa para recibirla, lo cual es entendible humanamente, pero a veces cruzan ciertos límites que no deben cruzar. Es lícito pedir una palabra a un profeta, pero no es lícito obligar a Dios a dar una palabra a través de ese profeta, y mucho menos tratar de adquirir esa palabra por dinero.
El Señor me muestra que muchos de ustedes están siendo tentados a caer en este error, en el error de Simón. Esta es una advertencia de parte de Dios.
Mi pueblo se prostituye, dice el Señor. Mi pueblo se vende por dos centavos. A mi pueblo no le alcanza con mi sostén, no le alcanza con mi salario. Yo sostengo a mis ministros y les doy de comer a los que me sirven, y no les hace falta andar pidiendo limosnas ni rogando que les paguen por la ministración que hacen a los necesitados.
Si necesitan algo, dice el Señor, ustedes simplemente tienen que venir a mí y pedírmelo con confianza, porque Yo soy el proveedor y Yo soy el dueño del oro y la plata. Pero muchos están errando y son como esos travestis que se ofrecen a la medianoche para entregar su cuerpo a cambio de dinero. Van subiendo el precio y aumentando sus servicios para ver si obtienen más y más de parte de sus clientes.
Mis profetas son así, dice el Señor. Se están equivocando, prostituyéndose de la misma manera, dando una palabra cada vez más larga al que más dinero les ofrece. Arrepiéntanse, porque mi corazón está indignado.
Noelia: Veo gente que enseña, que da cursos. Al principio los ofrece gratuitamente, pero con el tiempo se pervierten y piensan: «¿Por qué tengo que regalar lo que tanto me costó?», cuando no tuvieron que hacer nada para recibir la sabiduría que obtuvieron.
Ellos empiezan a ponerle un precio a todas las cosas, dice el Señor, y nadie puede participar de esos seminarios y congresos si no abre sus bolsillos y saca mucho dinero.
Ustedes se han acostumbrado a participar de estos eventos cristianos que son una abominación ante mis ojos, dice el Señor. No es olor fragante lo que ellos enseñan. Es olor a azufre lo que sube a mis narices cuando hacen esto, porque esos ministros de gran renombre no van a esos congresos si no se desembolsa un cierto monto de dinero, para que cuando se vuelvan a su casa se compren ese Rolls Royce que están deseando tanto.
Detesto cuando hacen esto, dice el Señor, hablando en mi nombre cuando Yo no hablé nada, cuando Yo no les dije que vayan a sacarle el dinero a mi pueblo, exprimiéndolos como un limón que ya no tiene más jugo para dar. ¿Hasta cuándo?
Mi ira está contenida por causa de los que están clamando para que les dé tiempo, dice el Señor. Si no fuera por ellos, por los humildes que me piden ayuda en lo secreto, que ayunan, que lloran y que claman para que mi iglesia cambie, ya hubiera destruido este templo.
Estoy cansado de que se llenen la boca hablando de mí cuando Yo no les hablé, dice Dios. Estoy cansado de que se muestren como una prostituta, al igual que las prostitutas de Jerusalén que andan paseándose y ofreciendo sus servicios desde que el hombre tiene memoria. Estoy cansado de que me representen de esa manera.
Noelia: Veo a Jesús cuando caminaba sobre la tierra. Él nunca pidió nada para echar fuera demonios o para sanar a los enfermos. Él estaba exhausto por ministrar a tanta gente y a veces tenía que apartarse, porque estaba a punto de desmayarse del cansancio. Pero en vez de pedir algo a cambio, Jesús y sus discípulos daban lo que la gente necesitaba.
[Marcos 6:31] Él les dijo: Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, de manera que ni aun tenían tiempo para comer.
¿Por qué no siguen mi ejemplo?, dice Jesús. ¿Por qué no siguen mis pisadas? ¿Por qué no esperan a obtener la recompensa celestial que les espera por haber dado lo que ustedes no trabajaron para cosechar? Si no hicieron nada de más ni de menos para ser dignos de recibir lo que les he dado, ¿por qué ahora quieren ponerle precio?
No se prostituyan más. Seanme fieles, dice el Señor. Cámbiense las ropas, porque aunque ustedes se vistan con esos trajes tan importantes cuando se suben a esos escenarios grandes de esos congresos con títulos tan importantes, en el espíritu están vestidos como rameras baratas, fáciles de conseguir cuando se tiene una moneda en el bolsillo.
Cambien, dice el Señor. Arrepiéntanse de verdad. Cambien de todo corazón, aquellos que han estado vendiendo lo que les he dado. Arrodíllense en el piso pidiéndome perdón. Pidan perdón a las personas a las cuales pidieron dinero. Reparen lo que se pueda reparar. Reparen el daño que hicieron.
Noelia: El Señor me revela que los que hacen esto ya no tienen compasión por la gente, porque ven cómo los van dejando desnudos. Hay personas que ya tienen problemas económicos, y viene un profeta y les dice: «Dame tanta plata y yo te doy una palabra de Dios», y la persona queda más pobre que antes por causa de este abuso espiritual. Esto es lo que escucho: «abuso espiritual».
El Señor me trae a la mente el pasaje donde Elías le dijo a la viuda de Sarepta:
[1 Reyes 17:13-14] No tengas temor; ve, haz como has dicho; pero hazme a mí primero de ello una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela; y después harás para ti y para tu hijo. Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra.
El Señor la bendijo después de que probó su generosidad, porque ella entendió que Elías representaba a Dios y obedeció, ofrendando de lo último que tenía a este embajador del reino de los cielos.
[1 Reyes 17:15-16] Entonces ella fue e hizo como le dijo Elías; y comió él, y ella, y su casa, muchos días. Y la harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la vasija menguó, conforme a la palabra que Jehová había dicho por Elías.
El Señor me dice que, aunque a veces Él prueba a algunos para ver si están desprendidos de las cosas materiales y son capaces de dar lo último que tienen, como lo hizo con la viuda de Sarepta, este no es el caso del que Él está hablando en esta ocasión.
Elías no le estaba pidiendo una ofrenda para profetizarle, como hacen ahora. Elías no le estaba cobrando por una palabra del Señor o por una bendición, sino que el Señor la estaba probando a través de la petición que le hizo el profeta.
Son situaciones distintas, dice el Señor, pero como el pueblo no discierne y no tiene conocimiento, no sabe distinguir cuándo tiene que dar y cuándo no. No sabe discernir las intenciones del corazón de alguien que quizás sí está ungido, pero cuyo corazón está corrompido y no está pidiendo dinero de parte de Dios, sino de parte de sí mismo.
Disciernan para no caer en la tentación, dice el Señor. Disciernan para no estar sembrando en el reino de las tinieblas en vez de en el reino de la luz, porque la viuda sembró en el reino de la luz al ofrecerle al profeta Elías esa última torta que le quedaba. Ella sembró de lo último que le quedaba en el reino de la luz y cosechó el resultado de esa siembra.
Noelia: El Señor me revela que esto tuvo más valor que la ofrenda de una persona que da de lo que le sobra. Ella dio de lo último que tenía, de lo poco que le quedaba, y por eso recibió mucho más. No dio de su abundancia, sino que compartió sin egoísmo y en obediencia; y el Señor le devolvió con creces, porque ese es el valor de una ofrenda dada en amor y obediencia.
Disciernan, hijos, dice el Señor. Disciernan, porque hay ladrones en mi pueblo.
Noelia: Veo a una persona que se pone un guante antes de ir a predicar, un guante como el que se ponen los ladrones para no dejar huellas digitales en el lugar del crimen.
Hay ladrones que profetizan, hay ladrones que enseñan, hay ladrones que pastorean, hay ladrones que ministran, hay ladrones que echan fuera demonios y sanan enfermos, dice el Señor, como Judas, que estaba robando de la bolsa del dinero mientras hacía estas cosas.
Ustedes tienen que diferenciar entre la unción y el corazón, dice el Señor, y no dejarse llevar por alguien que no está recto en sus intenciones y que quiere ponerse esos guantes de ladrón para meter sus manos en los bolsillos de ustedes y robarles lo poco que tienen, complicándolos espiritualmente en vez de libertarlos.
Amados míos, dice el Señor, maduren y aprendan sobre finanzas en la Biblia. Enderécense también y no se vendan, porque ustedes también se prostituyen cuando mienten queriendo agradar a los demás. Ustedes también se prostituyen cuando hacen lo que sus líderes les piden que hagan y que no es lícito hacer. Ustedes también se prostituyen y no me son fieles cuando se van detrás de los hombres corruptos en mi casa.
Recuerden que el juicio empieza por la casa de Dios, dice el Señor, y nadie se va a salvar. Viene el agua de limpieza sobre las congregaciones y va a entrar con fuerza, y todo aquel que se vestía de la mejor manera robándole a mi pueblo, cobrando por lo que daba, va a quedar desnudo. Va a ser un lloro y un crujir de dientes si no cambian, si no se vuelven de esos caminos pervertidos, codiciosos y afanados por el lujo y la ostentación.
Seánme fieles, dice el Señor. Sean íntegros y busquen personas con integridad. Sigan a ministros que mantengan su integridad. No se dejen encandilar por el poder. Prueben todas las cosas. No pesen lo que ellos dicen, sino lo que hacen, y no caigan ustedes también en esas trampas diabólicas que van a aumentar en estos últimos tiempos.
Es lícito que el obrero reciba su salario, dice Dios, pero no es lícito que lo obtenga a través de la manipulación y el control. Den por el Espíritu Santo, sin intentar comprar lo que no se puede comprar y que no es lícito comprar.
Noelia: Ofrendar es bíblico y es lícito, como bien dice la Palabra; pero tiene que ser de corazón voluntario, no pedido ni exigido para recibir algo de un pastor o de cualquier otro ministro.
El Señor me revela que hay pastores de iglesias muy grandes que, por tener poco tiempo, empiezan a cobrarles a los miembros solo por recibirlos un momento en sus oficinas y escucharlos.
Algunos ni siquiera hablan directamente con los que buscan consejo, sino que mandan decir: «El pastor te va a esperar en la oficina el sábado a las tres de la tarde, pero tienes que traer una ofrenda. Tienes que sembrar para el ministerio, porque el pastor te está dando de su tiempo. Son muchas las personas que quieren ser escuchadas y aconsejadas por él».
Dios me dice que si alguno de ustedes ha participado en estas cosas, tiene que arrepentirse ahora, para que sus manos sean lavadas, porque es lo mismo que pagar por una palabra de adivinanza.
Hay gente que tiene que arrepentirse por haber consultado a adivinos para que les dijen el futuro, porque al hacer eso sembraron para el diablo. Pero cuando ustedes pagan a un ministro para tratar de comprar lo que supuestamente viene de Dios, están haciendo algo muy parecido.
Hay hermanos que se convierten y se arrepienten de haber consultado a los adivinos, y Dios los perdona. Pero después caen en este mismo error y empiezan a pagar por las cosas de Dios, porque están acostumbrados a negociar. Dios dice que tienen que arrepentirse otra vez, porque esto no funciona así. Esto no funciona como en el reino de las tinieblas.
Arrepiéntanse, pídanle perdón al Señor y Él es fiel y justo para perdonarlos. Arrepiéntanse y Dios los va a lavar de esas manchas en sus vestiduras. Veo que algunos de ustedes han tenido sueños relacionados con estas cosas, y el Señor les confirma esos sueños a través de esta palabra que entregué hoy, haciéndoles saber que este mensaje también es para ustedes y que tienen que arrepentirse.
