Traducciónes: inglés
Hijitos, amados míos y también reyes y sacerdotes, ciudadanos de un reino celestial, benditos de mi Padre, dice Jesús.
He aquí, Yo soy Yeshua, el Salvador. He aquí, Yo soy el Príncipe de paz. He aquí, Yo soy el Alfa y la Omega, el que empieza y el que termina, el principio del círculo y el final del círculo.
Yo soy el que restaura, dice Jesús. Yo soy el que sana. Yo soy el que ministra a su pueblo. Yo soy el que responde las oraciones. Yo soy el que intercede por ustedes. Yo soy el que les da de comer a tiempo.
Yo soy, y todo es por mí, y todo es a través de mí, y todo es para mí. Yo soy la Raíz de David, dice Jesús. Yo soy ese vástago de Isaí. Yo soy esa raíz. Yo soy.
Yo soy la causa, Yo soy la razón, Yo soy el motivo, dice Jesús. Yo soy el que se pasea por la tierra buscando hijos que me adoren con todo su corazón.
[Isaías 11:1] Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces.
[Apocalipsis 22:16] Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.
Yo soy el foco, dice el Señor. A mí tiene que ir la atención. A mí es a quien tienen que mirar. A mí es a quien tienen que buscar. Yo soy la solución a todos los problemas.
Hijos, dice Jesús, pónganme primero. Yo soy el que soy. Es por mí, es a través mío. Yo soy el camino, Yo soy la verdad y Yo soy la vida. Yo soy la resurrección, dice Jesús. Yo soy la clave.
Es por mi misericordia que aún no se ha terminado el mundo, que el fin no ha venido. Es por mi intercesión, pidiéndole al Padre un poco de tiempo hasta que los que tengan que venir a mí vengan. Es por mi intercesión que esto aún no se ha terminado.
No es por la justicia del hombre, dice Jesús. Es porque le he pedido al Padre misericordia, no solamente para los de afuera, sino también para los de adentro, que sabiendo hacer lo bueno no lo hacen.
He intercedido por ustedes, dice Jesús, rogándole al Padre más tiempo para que se arrepientan. He intervenido para que el juicio no caiga sobre sus cabezas, porque muchos han pecado.
Pero para eso en parte estoy puesto, dice el Señor, para clamar al Padre por misericordia, porque Yo pagué por ustedes. Yo fui el que derramé esa sangre para comprar lo que es mío. Por lo tanto, lo defiendo, para que no se pierdan.
[Romanos 8:34] ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.
Noelia: Veo a Jesús arrodillado en frente del trono del Padre, rogándole en particular por los que son hijos pero pecan, diciéndole:
«Padre, Padre, dales otra oportunidad. No los cortes todavía. Dales un poco más de tiempo. Déjame tratarlos. Déjame probar otra estrategia, otra forma de llegar a ellos. Padre, no quiero que estas almas se pierdan. Dame un poco más de tiempo».
El Señor envía ángeles, avisos, alertas, advertencias, sueños, visiones, profecías, personas y señales. El Señor les habla de muchas maneras, tratando de hacer entender a estos hijos que tienen que arrepentirse, porque no quiere que se pierdan.
Entiendan que Yo intercedo por ustedes, dice el Señor. No menosprecien el derramamiento de mi sangre. No sean rebeldes a mi voz.
Enderecen sus pasos y corríjanse, porque hay un tiempo de gracia dado para cada alma. Pero a veces ese tiempo de gracia se termina, una vez que se han agotado todas las posibilidades para llamarla al arrepentimiento y no ha respondido.
Entiendan esto, dice Jesús, y no vuelvan atrás, y no vuelvan a la mugre, y no vuelvan al barro, y no vuelvan al vómito. No lo hagan.
Hijitos, queda poco tiempo. El mundo está en llamas. ¿No ven que está ardiendo? Las llamas se elevan cada vez más. Va a ser cada vez más difícil para los que no busquen caminar en el poder de mi Espíritu, para los que quieran ir por su propia fuerza, por su propio entendimiento y ciencia.
Tienen que estar aún más cerca mío y no lejos, dice el Señor. El mundo se quiebra, la tierra se tambalea como un borracho, la naturaleza manifiesta su furia contra el pecado del hombre, y van a tener que resistir, como cuando uno se abraza fuerte de una columna firme si el edificio empieza a moverse por causa de un terremoto.
Yo soy esa columna, dice Jesús. Enderecen sus pasos y vuelvan a la santidad. Vuelvan al primer amor. Abrácenme a mí, dice el Señor. Caliéntense, los que están fríos. No retrocedan, porque el diablo no pierde tiempo para destruirlos; él sí redime el tiempo y corta la mayor cantidad de árboles que puede en la primera oportunidad que tiene.
No sean necios, dice el Señor. Valoren la vida eterna que les es ofrecida. No menosprecien lo que les ha sido dado: esta oportunidad tan grande, esta salvación tan grande, este pasaporte al reino celestial. Ustedes tienen un privilegio, dice el Señor, pero muchas veces no lo valoran como tal.
No sean como niños caprichosos, que porque lo tienen todo no le dan el verdadero valor, dice el Señor. Sean serios con lo que les ha sido concedido.
Ustedes no son de cualquier reino, no pertenecen a un rey injusto, sino al Rey de los reyes, al Señor de los señores. Ustedes son míos, me pertenecen, dice Jesús, y estoy celoso de tenerlos. No quiero compartirlos, porque me han costado muy caro.
[Hebreos 10:29] ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?
Recapaciten, hijos, recapaciten. Piensen, mediten y párense derechos. Pónganse enhiestos, dice el Señor. Levántense de esas sillas. Hagan lo que tengan que hacer para estar fuertes, edificados y firmes en la fe.
Actívense, dice el Señor, porque viene un golpe y van a ser probados. Van a ser refinados. Van a pasar por el fuego de la tribulación. Hijitos, crean y respondan a este llamado.
Tienen que volver a las sendas antiguas. Tienen que volver a las actividades de la iglesia de antaño, dice el Señor, cuando cada uno leía la Palabra en su casa, cuando cada uno estudiaba la Palabra a solas o en reuniones en las casas, como se describe en el libro de los Hechos, donde los discípulos se reunían a orar, a interceder, a clamar, a profetizar y a hablar en lenguas.
La iglesia tiene que volver a las raíces, dice el Señor.
Noelia: Por eso decía el Señor que Él es la raíz, porque la iglesia no solo tiene que volver a enfocarse en la raíz que es el Señor Jesús, sino también volver a las raíces cristianas, donde no había denominaciones ni separaciones, donde no existían distintas escuelas y ramificaciones.
Vuelvan a la raíz, dice el Señor. Vuelvan a la sana doctrina. Vuelvan a partir el pan en las casas. Vuelvan a compartir esa copa entre ustedes. Vuelvan al inicio.
La iglesia está contaminada. La iglesia está perdida. La iglesia se ha ido por las ramas. La iglesia ha inventado cosas que no están escritas y que nunca mandé que hagan. Mi iglesia está perdida y distraída en actividades nacidas de ideas de hombres y no de mi Santo Espíritu.
Vuelvan a congregarse conmigo en primer lugar, dice el Señor. Vuelvan a reunirse en pequeños grupos: dos, tres, o el número que sea. Vuelvan a restaurar las actividades en las casas como antes. Visítense entre ustedes. Sean hospitalarios. Compartan el alimento, dando gracias en mi nombre.
[Hechos 2:46] Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón.
Noelia: El Señor me hace entender que parte de la debilidad que sienten muchos de sus hijos, aunque se congregan en algún templo, es porque no se congregan con el Señor en primer lugar en su casa, en su cuarto secreto, y con los hermanos.
Quiero hablarles por profecía, dice el Señor, pero no encuentro el momento en que estén congregados dos o tres en mi nombre. El Espíritu Santo no encuentra un ambiente favorable, donde se crea que Él habla y donde se le dé el lugar para manifestar su poder.
Noelia: El Señor se pasea por las casas de los cristianos de este tiempo y observa dónde se parte el pan y dónde se comparte la misma copa de vino, y son escasos los lugares donde esta práctica bíblica se sigue haciendo en las casas y no solo en los templos.
Tienen que edificarse en lo secreto, en lo íntimo, en lo casero, dice el Señor, y también en lo público, en las masas, en lo grande, en los templos. Tienen que orar adentro y afuera. Tienen que profetizar en distintos lugares y darle libertad al Espíritu de profecía, que es el testimonio de Jesucristo, porque Él les enseñará todas las cosas.
Vuelvan a congregarse conmigo, hijitos, dice el Señor. Vuelvan a tener comunión real entre ustedes y dejen de distanciarse solo porque uno va a un templo y otro va a otro templo. Ustedes son hermanos, porque están comprados por la misma sangre, dice Jesús.
Noelia: Y me viene este pasaje:
[1 Corintios 3:4] Porque diciendo el uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos, ¿no sois carnales?
¿Acaso Pablo pagó con su sangre por ustedes? ¿Acaso X persona los ha comprado con el sacrificio de la cruz? ¿Quién fue el que pagó por ustedes?, dice el Señor.
Por lo tanto, todo aquel que haya nacido de nuevo en mi nombre está comprado por mi sangre y no por ninguna otra, dice el Señor. Yo soy el que pagó por ustedes, y ningún otro.
Ustedes dicen: «No, yo soy de esta congregación y yo de la otra», dice el Señor. Eso es porque son carnales y no espirituales, y no entienden que la comunión entre hermanos debe ser entre todos, que no hay distintas Santas Cenas, que no tienen etiquetas diferentes, sino que todos portan mi nombre. Todos me pertenecen por igual.
Vuelvan a congregarse conmigo y a congregarse con los hermanos, dice el Señor. Reúnanse a orar, porque son tiempos difíciles, tiempos complicados, donde van a necesitar la comunión entre los hermanos para poder resistir y ayudarse unos a otros.
Por causa de la persecución que viene, uno va a tener que refugiarse en la casa del otro a veces, uno va a tener que viajar a donde vive el otro para esconderse, y se van a olvidar de las denominaciones, se van a olvidar de las etiquetas, se van a olvidar de los títulos.
Ustedes no tienen que casarse con nadie, sino solamente conmigo, dice el Señor. Ustedes tienen que comprometerse conmigo en primer lugar y hacer lo que Yo les digo.
Noelia: Y me viene este versículo:
[Lucas 6:46] ¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?
Y también:
[Hebreos 10:24-25] Considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.
Ese día se acerca, dice el Señor, y en vez de congregarse cada vez más con mi Santo Espíritu y con sus hermanos, ustedes están cada vez más distanciados, no solo de sus hermanos, sino también de mí.
Hijitos, los llamo a mirarse cara a cara, dice el Señor. Los llamo a mirarse a los ojos los unos a los otros. Los llamo a compartir lo que tienen con los demás. Los llamo a formar una red de contención entre ustedes.
Los estoy llamando a dejar de construir barreras entre ustedes, a dejar de hacerse a un lado, a dejar de abandonarse unos a otros, dice el Señor.
Ustedes oran para echar fuera los espíritus de abandono y de rechazo de una persona, y después rechazan a sus hermanos porque van a otras congregaciones. Abandonan a sus hermanos porque no piensan igual que ustedes, en vez de debatir sanamente por la doctrina y orar para que le amanezca al otro que quizás está equivocado. Ustedes se abandonan como hermanos y después me piden que los libere de un espíritu de abandono.
No se rechacen, dice el Señor. Acéptense, porque ustedes no fueron rechazados, y todos van a ir al mismo lugar cuando terminen esta carrera y se van a dar cuenta de la familia que eran y que acá en la tierra no honraron.
Los amo, dice el Señor, pero muchos de ustedes están atados por espíritus de falsa religiosidad y están siguiendo costumbres de hombres que los limitan en el amor. Los amo tremendamente, con un corazón apasionado de amor por ustedes, con un corazón totalmente en llamas de amor por mis hijos, pero tienen que cambiar.
Vuelvan al primer amor, dice el Señor. Vuelvan a congregarse entre ustedes. Inviten a los que están solos. Lean la Palabra juntos. Oren, intercedan, clamen y ayunen juntos. ¿O acaso todo eso no está escrito? Pero hágase todo decentemente y con orden, dice Jesús.
Noelia: El Espíritu Santo me revela que esto es una respuesta para muchos de ustedes que preguntaban sobre este tema y que tenían en su corazón el deseo de formar grupos de oración, reunirse para orar con otros hermanos, visitar a hermanos que quizás no van a la misma iglesia y celebrar bíblicamente la Santa Cena con otros hermanos.
Oran por enfermos, echan fuera demonios y no esperan una autorización de hombres, dice el Señor, cuando ya les ha sido entregada la comisión celestial. Avancen, dice el Señor, y manténganse siempre en oración, en ayuno y en búsqueda, en primer lugar en lo secreto, para que Yo les confirme lo que tienen que hacer y no se equivoquen.
Noelia: Porque muchos van a tomar esta palabra y tergiversarla, el Señor quiere que aclare que esto no es un llamado a rebelarse contra la autoridad establecida por Dios. No es un llamado a salir de las congregaciones ni a desprestigiar los templos que Dios mismo levanta para que sus hijos tengan una casa donde buscar sanidad, alimento sólido, restauración, liberación, guía, cuidado y todo lo demás.
Pero una cosa no es sin la otra, dice el Señor, y en algún momento los templos van a ser quemados. Las congregaciones van a tener que cerrar. Viene encierro al mundo otra vez, y cada vez más no nos van a permitir congregarnos en lugares con mucha gente.
Noelia: Vienen guerras y persecución a nivel mundial, y no vamos a tener la facilidad que tenemos ahora para estar juntos en un templo. Y además de eso, esta no es la única manera en la que el Señor quiere que nos congreguemos. Por eso la Biblia dice:
[Mateo 18:20] Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.
El Señor no dice que no se congreguen en un templo, sino que enfatiza las otras formas bíblicas de congregarse, para que, cuando ya no podamos reunirnos en un templo, no nos haga falta, porque estaremos congregados con Él en primer lugar y contaremos con una red de contención de hermanos que, aun sin un lugar físico, no será tan fácil de derribar.
El Señor dice que tenemos que leer la Biblia y prestarle atención, y cuestionar a los que no se mueven de una manera bíblica. Tenemos que cuestionar lo que se hace y que no está mencionado en la Biblia o que es contrario a lo que la Biblia nos indica.
El Señor dice que tenemos que estar despiertos, armados y preparados para defender nuestra fe con lo que haga falta.
