Bendiciones en el poderoso nombre de Cristo Jesús. Vamos a comenzar compartiendo los capítulos 5 y 6 del Apocalipsis, porque esos son los pasajes que el Espíritu Santo me dio en mi oración de esta tarde cuando le preguntaba qué tenía que transmitir.
[Apocalipsis 5:1-14] Y vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos. Y vi a un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos? Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni aun mirarlo. Y lloraba yo mucho, porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo. Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos. Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra. Y vino, y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono. Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos; y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra. Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y su número era millones de millones, que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza. Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos. Los cuatro seres vivientes decían: Amén; y los veinticuatro ancianos se postraron sobre sus rostros y adoraron al que vive por los siglos de los siglos.
[Apocalipsis 6:1-17] Vi cuando el Cordero abrió uno de los sellos, y oí a uno de los cuatro seres vivientes decir como con voz de trueno: Ven y mira. Y miré, y he aquí un caballo blanco; y el que lo montaba tenía un arco; y le fue dada una corona, y salió venciendo, y para vencer. Cuando abrió el segundo sello, oí al segundo ser viviente, que decía: Ven y mira. Y salió otro caballo, bermejo; y al que lo montaba le fue dado poder de quitar de la tierra la paz, y que se matasen unos a otros; y se le dio una gran espada. Cuando abrió el tercer sello, oí al tercer ser viviente, que decía: Ven y mira. Y miré, y he aquí un caballo negro; y el que lo montaba tenía una balanza en la mano. Y oí una voz de en medio de los cuatro seres vivientes, que decía: Dos libras de trigo por un denario, y seis libras de cebada por un denario; pero no dañes el aceite ni el vino. Cuando abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto ser viviente, que decía: Ven y mira. Miré, y he aquí un caballo amarillo, y el que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades le seguía; y le fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad, y con las fieras de la tierra. Cuando abrió el quinto sello, vi bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían. Y clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra? Y se les dieron vestiduras blancas, y se les dijo que descansasen todavía un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos y sus hermanos, que también habían de ser muertos como ellos. Miré cuando abrió el sexto sello, y he aquí hubo un gran terremoto; y el sol se puso negro como tela de cilicio, y la luna se volvió toda como sangre; y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera deja caer sus higos cuando es sacudida por un fuerte viento. Y el cielo se desvaneció como un pergamino que se enrolla; y todo monte y toda isla se removió de su lugar. Y los reyes de la tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes; y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero; porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?
Oración y adoración profética
Amado y precioso Jesús, Tú eres ese Cordero, Señor. Tú eres el que venció, el único digno de mirar ese rollo, el único con la potestad para abrir sus sellos. Oh, Señor Jesús, la raíz de David, el león de la tribu de Judá, Tú eres ese Cordero que fue inmolado por nosotros para darnos salvación eterna. Tú eres ese Cordero que fue entregado como sacrificio vivo y perfecto, sin mancha y sin defecto.
Tú eres ese Cordero que el Padre entregó por nosotros para salvarnos de nuestras inmundicias y pecados, para sacarnos del lodo en el que nos metimos. Oh Yeshúa, Tú eres ese Cordero al cual adoran estos ancianos y todas las criaturas que habitan alrededor y cerca de ese trono del Padre celestial. Tú eres Aquel ante el cual se dobla toda rodilla cuando está en tu presencia.
Oh, Jesús, la raíz de David, que venció para ser digno de acceder a ese libro, quitar esos sellos y enviar esos jinetes para traer juicio a la tierra. Oh, Cordero santo, que por haberte entregado en ese madero accediste a la autoridad que te concedió el Padre, a través de esa obediencia, para desatar lo que la apertura de esos sellos trae a la tierra; a ti te adoramos, Cordero santo. Ante ti venimos para escuchar tu voz.
Tus hijos te aman, Cordero santo. Siendo inocente, sin mancha ni pecado, aun así fuiste al matadero para rescatarnos.
Oh Yeshúa, hazle entender a tu iglesia que la apertura de esos sellos no es para juicio de ella, sino para juicio a las naciones que se te rebelan, que no te reconocen como su Salvador, que no creen que eres el Hijo de Dios que fue entregado para todo aquel que crea, que resucitó al tercer día y que está sentado a la diestra del trono de la majestad.
Salvación es tu nombre, Cordero santo. Háblanos en este día para que entendamos que no debemos temer lo que esos jinetes ya están haciendo sobre la tierra, sino adorarte más y más, ponernos a cuentas más y más contigo, lavar nuestras vestiduras de toda mancha para quedar blancas e inmaculadas y presentarnos delante de ti, siendo encontrados dignos de rendirte adoración celestial cuando llegue el momento de estar ante tu presencia.
Oh, Tú eres ese Cordero. Tú eres, oh Señor. Es una honra abrir ese rollo. Es una honra desatar esos sellos, y tu iglesia no entiende que no es para castigo de los buenos y de los justos, sino para redimir a tu pueblo mientras aún está en el mundo.
Señor, haz entender a los tuyos, a través de la palabra que vas a hablar hoy, que tenemos que darte la gloria y la honra por haber abierto ya parte de esos sellos, oh Señor, porque esos cuatro jinetes ya están cabalgando alrededor de la tierra, trayendo los juicios que está escrito que traería cada uno de ellos.
El quinto sello también ya ha sido abierto, Señor, y significa persecución para los tuyos, muerte para aquellos mártires que mueren por amor a tu nombre y por dar su testimonio. Oh, Señor, cinco de esos sellos ya han sido abiertos y tenemos que darte las gracias por eso. Tenemos que honrarte, Cordero santo, alabarte y adorarte como lo hacen esos ancianos y las criaturas celestiales.
Todo ángel y todo espíritu de hombre que se acerca a ti en las inmediaciones celestiales te alaba por eso, Señor, y tu iglesia no. Perdónanos por la ignorancia, amado Jesús, por la indiferencia, por no entender que si en el cielo te rinden adoración, cuánto más en la tierra. Cuánto más amor tenemos que demostrar nosotros, los que aún estamos siendo probados y refinados mientras las consecuencias de lo que estos jinetes están haciendo sobre el mundo también nos afectan.
Oh Señor, Tú eres el único digno de tomar ese libro y de abrir sus sellos, porque Tú fuiste inmolado, Señor, y con tu sangre nos redimes para Dios de todo linaje, de toda lengua, de todo pueblo y nación, Señor, y nos has hecho reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra. Por eso tenemos que decir: «Alabado sea Jesús por abrir esos sellos. Alabado sea Jesús por haberse entregado para ser el único digno de mirar tan siquiera ese libro y de abrir estos sellos».
Solo Tú puedes tocar ese rollo, Señor. Solo Tú puedes desatar ese libro y abrirlo, Señor. Solo Tú, Señor: aquel de los siete cuernos, aquel de los siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra. Solo Tú, Señor, puedes acceder al trono del Padre y tomar de su mano derecha ese rollo y abrirlo. Solo Tú, Yeshúa.
Gracias por eso, Señor, porque aun sabiendo la destrucción que viene a la tierra por esta causa, aun sabiendo que la apertura de estos sellos trae caos, confusión, guerras, hambre, muerte, enfermedades y tantas cosas más como juicio para los rebeldes e incrédulos, para los que desprecian tu sacrificio, nosotros estamos confiados en ti, Señor, porque Tú venciste. Tu iglesia tiene que entender que estos sellos se abren para nuestro bien y no para nuestro mal, y que tu pueblo está en tus manos mientras estos sellos se siguen abriendo para destrucción de los malos.
Poderoso, precioso Cordero santo, sin mancha, sin defecto, lleno del Espíritu de Dios, lleno de rectitud, lleno de bondad, pero también de juicio; aquel que viene con furia a darles el pago a sus enemigos, porque no dejarás sin juzgar a los que mataron a tus profetas, a los que persiguieron a tus santos por toda la tierra.
Porque ese quinto sello representa persecución para los justos, muerte para los santos. Aún falta que mueran más mártires en Cristo Jesús, pero nosotros glorificamos tu nombre porque nos encontraste dignos de morir por tu causa y de ser contados entre esas almas que claman por justicia por la sangre derramada de los justos.
Señor, a ese Cordero sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder por los siglos de los siglos.
Amén. Alabado sea el Señor.
La palabra profética
Yo soy el primero y el último, dice el Señor. Yo soy el Alfa y la Omega. Yo soy la raíz de David, que venció primero para que ustedes venzan después. Yo soy el que comienza los procesos y el que los termina. Yo soy el que abre, y Yo soy el que cierra, dice Jesús. Yo soy el rey de los judíos. Yo soy el león, y Yo soy el cordero.
Yo soy el que soy, dice el Señor, y vengo a juzgar a las naciones con mano extendida y con mano dura. Yo soy el que envía a esos cuatro jinetes para que recorran la tierra, trayendo caos, destrucción, hambre, ruina, desorden.
Todo esto tiene que pasar, amados míos, porque el edificio primero tiene que caer y derrumbarse para después levantar una casa nueva. Muchas cosas tienen que ser destruidas para establecer cosas nuevas, dice el Señor, y el orden del mundo que ustedes conocen hoy se está desmoronando como un edificio que se cae a pedazos.
Hijitos, lo que ustedes están viendo enfrente de sus ojos en este tiempo es la destrucción del orden mundial actual, como lo conocieron hasta ahora, dice Dios. Ellos están destruyendo el orden actual para luego establecer un nuevo orden mundial.
Cabezas que son quitadas, reinos que son destruidos, reyes que son reemplazados… El orden tiene que cambiar, dice el Señor. Y en reemplazo de estas cabezas que se quitan vienen nuevos reyes y nuevos reinos, porque se prepara el escenario final para la manifestación de la apostasía total, que es progresiva y aún no se ha manifestado en la magnitud a la que va a llegar.
[2 Tesalonicenses 2:3] Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición.
El Anticristo se prepara, dice el Señor, pero no puede hacer su aparición mediática sin que antes sean establecidas las bases que necesita para sostenerse en pie.
Noelia: Veo a un hombre con traje y corbata negra, parado sobre el océano y emergiendo ante las naciones, con los brazos abiertos y las piernas separadas, mostrándose con total confianza. Él va apareciendo lentamente y mostrando su cara, pero debajo de él hay quienes lo sostienen, y no se ven porque están debajo del agua.
Y el Señor dice: Para que aparezca el hombre de pecado, el hijo maldito —aquel que hace lo malo y cambia los tiempos y la ley, aquel que persigue a los justos y los mata, aquel que trae destrucción masiva al mundo, aquel que a lo bueno llama malo y a lo malo bueno, y lo intercambia para hacer su aparición y ser protagonista del nuevo orden mundial—, primero tienen que seguir reacomodándose las cosas.
Por eso, dice el Señor, todo lo que ustedes van a ver es cambio tras cambio, vuelta tras vuelta, corte de cabezas de reinos, reyes que salen y reyes que entran, alianzas que se desmoronan y nuevas agrupaciones mundiales que se forman.
Lo que ustedes están presenciando que acontece en este momento es un reordenamiento de todas las cosas, dice el Señor. Es un dominó que ha comenzado a caer, y este juego sigue su orden, ficha por ficha, hasta que la última ficha dé paso a la aparición del Antimesías.
Este dominó ya ha comenzado, dice el Señor, y lo que ustedes están viendo que está pasando es un reacomodamiento de todas las cosas, un desorden de esas cosas para que luego, con la excusa de ese desorden, se establezca un nuevo orden.
Amigos, dice el Señor, antes de cambiar los muebles de una casa, primero tienen que quitar los anteriores, porque las dos cosas no caben en un mismo lugar. De la misma manera, para establecer la coalición de los diez reyes, de donde va a surgir este cuerno pequeño pero poderoso que hará temblar a las naciones, primero tienen que destruirse alianzas viejas. Primero tienen que reordenarse los poderes de la tierra, quitarles cetros a ciertos reyes y entregárselos a otros.
Las cosas ya no son iguales que antes, dice el Señor. Ustedes son testigos de que lo que he dicho a través de esta boca profética se está cumpliendo, pero muchos de ustedes no se han dado cuenta de lo que está sucediendo enfrente de sus ojos. Es como si fueran al cine a ver una película: a medida que avanza la cinta, ustedes están sentados, escuchando y observando, pero sin entender el argumento.
¿Ustedes piensan que estas guerras en distintas partes del mundo son casualidad? ¿Ustedes creen que están cayendo dictadores alrededor de la tierra simplemente porque así tenía que ser?
Esto ya está programado, dice el Señor. Hay una agenda que se está llevando a cabo para que todo desemboque en la aparición del hombre de injusticia, aquel que imitará lo bueno, pero que será malo: el mago, el encantador, el engañador de los últimos tiempos.
Hijitos, dice el Señor, lo que ustedes están viendo y presenciando en estos últimos días es una hecatombe mundial que ellos ya decretaron que se concrete para que después, tomando como excusa esa hecatombe mundial, lo viejo pueda ser quitado para establecer lo nuevo.
Noelia: El Señor le llama mago al Anticristo por causa de los encantos y los engaños que él va a realizar, como dice la Biblia.
[2 Tesalonicenses 2:9-10] Inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos.
La tierra se sacude debajo de sus pies, dice el Señor, pero no teman, sino que resistan y velen, porque lo que viene no viene a castigarlos, no viene a consumirlos, no viene a detenerlos, sino a incentivarlos, a encenderlos y a despertarlos.
Ustedes verán cómo siguen cayendo reyes, dice el Señor, como lo había anunciado para este tiempo postrero.
Noelia: Veo a distintos presidentes que, entre ellos mismos, se autoproclaman reyes. En muchas naciones ya no es el pueblo el que elige a sus cabezas, sino que hay reyes que quitan a otros reyes y los reemplazan para establecer el nuevo orden mundial. Ellos ya saben cuáles son las naciones que se van a reunir para formar una nueva coalición mundial que va a respaldar la aparición del Anticristo.
Festejen, dice Jesús, porque su redención está cerca. Alégrense y brinden entre ustedes, porque el final se acerca, y Yo les daré la potencia que necesiten para poder resistir la gran persecución que esta serpiente maligna va a desatar contra los míos. Él traerá una cacería contra los blancos y resplandecientes de los últimos días, pero Yo lo voy a aniquilar con el aliento de mi boca.
Alégrense, amigos míos, porque la redención de ustedes se avecina. El gran final de esta obra se acerca, dice el Señor, y en vez de estar cabizbajos, tristes y amargados, y de comportarse como derrotados, deberían brindar y enviarse regalos entre ustedes para celebrar lo que se avecina en la vida eterna.
Si los moradores de la tierra se van a alegrar y van a celebrar la muerte de los dos profetas, dice el Señor, ¿cuánto más ustedes tienen que celebrar porque el gran final se avecina a la tierra? Si los reyes se van a enviar regalos entre sí, creyendo que obtuvieron la victoria cuando asesinen a estos dos testigos que profetizaron por 1260 días vestidos de silicio, ¿cuánto más tienen que celebrar ustedes, sabiendo que su redención está cerca?
[Apocalipsis 11:10] Los moradores de la tierra se regocijarán sobre ellos y se alegrarán, y se enviarán regalos unos a otros; porque estos dos profetas habían atormentado a los moradores de la tierra.
Noelia: El Señor me hace saber que el Anticristo va a traer muerte para los santos. El Señor va a permitirle que persiga a los suyos y que tenga éxito en matarlos.
[Apocalipsis 13:7] Y se le permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos. También se le dio autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación.
[Daniel 7:21] Y veía yo que este cuerno hacía guerra contra los santos, y los vencía.
[Daniel 7:25] Y hablará palabras contra el Altísimo, y a los santos del Altísimo quebrantará, y pensará en cambiar los tiempos y la ley; y serán entregados en su mano hasta tiempo, y tiempos, y medio tiempo.
Este hombre de pecado mostrará una fachada. Él vendrá con una sonrisa de oreja a oreja a traer soluciones en medio del caos mundial. Astuto como ninguno, con una lengua aduladora con la cual convencerá a los judíos, esta serpiente astuta y tramadora de males se va a hacer llamar Mesías entre ellos.
El Señor dice que ese hombre viene a darles a los judíos lo que esperan. Él viene a engañar a las naciones, a traer paz y seguridad, para luego darles destrucción repentina.
El Espíritu me muestra que Hitler apareció como una respuesta, como una solución ante un mundo desacomodado. Al principio era un líder ejemplar: carismático, sabio, inteligente y dotado de muchas cualidades que, a primera vista, parecían buenas.
Pero los que le dieron poder y autoridad no supieron discernir que en su interior había una semilla espantosa de mal, la cual fue creciendo, alimentada por la arrogancia, la soberbia y el orgullo que se despertaron en él por causa de la adoración y la alabanza que le rendían.
El Señor me dice que Hitler fue un pseudoanticristo y que cargaba con el espíritu del anticristo. Fue un ensayo que Satanás realizó en el mundo antes de la manifestación del anticristo final. Hitler fue un ensayo que vino a matar, a robar y a destruir a millones, a aniquilar a millones que tenían la misma sangre que el judío Jesús.
Satanás detesta todo lo que tenga que ver con la raíz de David, y todo aquel que odia al pueblo judío también tiene un espíritu anticristo que habita en su corazón y lo contamina con antisemitismo.
El Señor dice que todo aquel que se declare enemigo de Israel se declara enemigo de Dios, porque sus pecados no justifican los tuyos.
El Señor dice que Hitler fue como una carta de as, muy astuto para engatusar a las naciones, cautivarlas, manejarlas, controlarlas y hacer que hagan lo que él quería, porque el diablo le dio la influencia necesaria, por supuesto con la autorización de Dios.
Y así como Hitler, que al principio se mostraba blanco, pulcro, correcto y amable, aunque estaba desquiciado, y el pueblo no supo discernir la locura que estaba a punto de manifestarse, de la misma manera, cuando aparezca el hombre de pecado, el aniquilador, se presentará como la respuesta final para el mundo, trayendo en sus manos soluciones a muchos problemas: en la economía, en la política, en la religión, en las guerras, en la migración.
Él va a ser un supuesto solucionador, y muchos van a caer en sus trampas. Muchos van a caer rendidos a sus pies por la inteligencia, la astucia y la rapidez con la que va a solucionar los problemas del mundo, porque cuando él aparezca, el mundo va a estar en caos total.
Todas estas soluciones que él ofrezca se van a tomar y se van a llevar a cabo para que pueda contar con la influencia y el respaldo mundial necesarios para ejecutar su obra. Y, una vez más, el modelo del gobierno de Hitler se va a duplicar, pero en una escala mucho mayor.
El Señor dice que, para que ese momento llegue, primero tiene que desordenarse todo. Primero tiene que haber problemas. Primero tiene que haber caos y confusión. Primero tienen que matarse unos a otros. Tiene que haber hambre y escasez. Tiene que caer el sistema económico, las bolsas y los mercados, y tiene que haber un reajuste financiero.
Tienen que desacomodarse todas las cosas para que él venga a solucionarlas y así encuentre el lugar que necesita para ejecutar su obra final. Y cuando digan paz y seguridad, vendrá destrucción repentina, porque él va a ser el que hable de paz, pero va a traer destrucción. Él va a ser el que venga con la bandera blanca, pero esa bandera se va a volver roja como sangre.
Él va a ser el engañador final que proponga un cambio mundial, pero primero muchas cosas tienen que caer, muchas cosas tienen que cambiar, muchas cosas tienen que ser destruidas. El mapa del mundo y los límites de los países van a seguir cambiando.
La olla tiene que arder más y más. Esto tiene que acontecer, dice Jesús, pero ustedes tienen que tener esperanza y entender que esa persecución que el Anticristo va a traer será para su gloria, para su honra, para ser glorificados juntamente conmigo y sentarse junto conmigo donde Yo me senté: en el trono de la majestad.
Hijitos, dice el Señor, es caos mundial lo que se avecina. Aún no han visto hasta dónde esto va a llegar. Este dominó ya ha sido iniciado y las fichas están cayendo una a una, hasta dar con la aparición de este estafador. Pero ustedes no tienen que temer, hijitos. Sus pies no tienen que temblar. Su corazón no tiene que desfallecer, sino glorificar mi nombre, porque está escrito que a este inicuo lo voy a destruir con el aliento de mi boca.
Él tiene que manifestarse primero para que después Yo venga a hacer justicia, dice Jesús. Él tiene que aparecer primero para que después Yo venga y le muestre a mi pueblo judío quién soy, para que en ese momento toda rodilla se doble y todos confiesen mi nombre y reconozcan que Yo soy el Hijo de Dios.
Esto tiene que pasar para que, una vez manifestado el mal sobre el mundo a un nivel extremo, dice el Señor, pueda Yo venir a hacer justicia a las naciones que no se doblegaron ante mí.
Amados míos, dice Dios, ustedes deberían estar contentos por lo que viene, en vez de llorar. Ustedes deberían ser entendidos que la destrucción repentina que este hombre va a traer no viene para juzgarlos, sino para que, clamando por un rescate, ustedes sean quitados en el momento justo.
Estoy con mi pueblo, dice Jesús. No los he dejado. Estoy con los míos. No los he abandonado. Los tengo en mi mano. Y aunque mi iglesia corra por el desierto escapando de esta persecución final, habrá un rescate para ella, para todo aquel que resista hasta ese final.
Amados míos, les estoy explicando lo que está aconteciendo y lo que va a suceder para que sus espíritus se mantengan calmos y confiados en mí. Esto es parte de mi plan perfecto de redención de todas las cosas, plan del cual ustedes forman parte y no están ajenos, plan que justamente está diseñado para defenderlos, para rescatarlos y para redimirlos de lo que los injustos van a padecer.
Para ustedes es prueba lo que viene, hasta cierto punto, pero para los injustos es condenación. Ellos no van a resistir, porque no me conocen, porque no me quieren, porque me rechazan y me detestan. Aquellos que son incrédulos y rebeldes no van a resistir, porque no están parados sobre la roca. Pero ustedes, amados míos, son míos: almas preciadas, diseñadas, creadas y equipadas para transitar estos tiempos finales.
Noelia: Escucho: «Tres años y medio de persecución, tres años y medio de matanza cruel de los seguidores de Jesús.»
Tres años y medio en que el número de las almas que deben morir por causa de mi nombre, por su fidelidad a mí, se vaya completando, dice el Señor. Esto es parte del quinto sello, que ya ha sido abierto. Tres años y medio de matanza inicial hasta que mi iglesia sea rescatada, porque el número de mártires tiene que completarse, y no va a quedar sin completarse.
Ser mártir es un honor, dice el Señor. Ser mártir es equivalente a obtener un gran trofeo. Ser mártir es ser honrado, porque no hay gloria mayor que ser ejecutado por causa del nombre del Mesías Salvador.
Noelia: El Señor me dice que ser elegido para entregar la vida por Aquel que nos amó primero representa ser escogido de entre muchos para obtener una de las mayores glorias con las que se puede contar.
Muchos de ustedes no entienden y solo piensan en el sufrimiento y en el dolor, dice el Señor. Son tan ignorantes de mi persona que no entienden que voy a darles lo que necesiten para ser capaces de pasar por eso. Hay una fuerza sobrenatural que es impartida al que está llamado a morir por mí, dice el Señor. No es una muerte cualquiera.
¿Cómo puede ser que muchos de los hijos de mi pueblo prefieran morir de COVID en un hospital antes que morir por amor a mí, siendo perseguidos como cristianos? Dentro de las posibilidades de cómo una persona puede morir, todos los que elijan cualquier otra cosa antes que ser mártir son ignorantes de quién soy Yo y de lo que les espera una vez que hayan entregado su vida por amor a mí, dice el Señor.
Ustedes no entienden el privilegio y la corona que concede el martirio, pero les estoy hablando porque los amo y quiero que lo entiendan, dice el Señor. Ustedes no se imaginan el puesto con el que ahora cuentan en el reino de los cielos todos los discípulos y apóstoles que murieron por causa de persecución, por amor a mi nombre y confesándolo hasta el final.
Es la demostración de amor más grande que se puede hacer, el regalo más importante: un corazón dispuesto a entregar su vida por amor a mí, como Yo lo hice primero, dice el Señor, Jesús de Nazaret.
[Apocalipsis 2:10] No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.
Ustedes tienen que anhelar esa corona de la vida, dice el Señor. Ustedes tienen que desear este llamamiento santo. Ustedes tienen que querer escalar esta montaña para obtener esa victoria.
Ámenme con todo su corazón, con toda su mente, con toda su alma, con todas sus fuerzas, y los voy a ayudar a resistir la persecución que viene cuando se desate el final de los finales.
Resistan, hijitos, porque no están solos, y dedíquense a mí, porque el mapa del mundo cambia, da vueltas. Los reinos cambian. El orden se quita para establecer nuevas formas en las que el mundo se maneja.
Viene un nuevo orden mundial antes de mi venida con todos los santos. Prepárense con la armadura siempre puesta, orando en todo tiempo, velando sin cesar para no caer en tentación. Fortalezcan sus espíritus, animen a otros, compartan las buenas noticias del Evangelio para que muchas almas vengan a la vida eterna antes de que se cierre la puerta.
Los amo, hijitos. Abran bien sus ojos y miren esta película delante de ustedes, totalmente atentos, con los ojos bien abiertos, prestando total atención, porque el gran final viene. La obra ya está a punto de iniciar y la última semana de Daniel está por cumplirse, dice el Señor.
Estudien las profecías y mediten sobre ellas. Retengan lo bueno y desechen lo malo, pero no las menosprecien, porque están escritas para que ustedes sepan dónde están parados.
Los amo, dice el Señor. No lo duden. Comprendan de una vez por todas que soy su Salvador y que soy su Redentor, que no los deja, que no cambia, que no se mueve, que no los abandona, sino que los cuida y les da lo que necesitan en todo tiempo hasta que sean quitados de la tierra.
Yo, Yeshua. Yo, la salvación. Yo, el Príncipe de Paz. Yo, el Rey que viene en el nombre del Señor a juzgar a todo inicuo que no quiso creer en la verdad, sino que amó el error. Yo, el que tiene la balanza perfecta, que viene a hacer justicia y a aniquilar a todos mis enemigos junto con mi ejército de amigos, porque les voy a dar el honor de participar en esa justicia que vamos a hacer juntos si resisten hasta el final y declaran mi nombre cada vez que sean interrogados por ellos.
[1 Tesalonicenses 3:13] Para que sean afirmados vuestros corazones, irreprensibles en santidad delante de Dios nuestro Padre, en la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos.
Estoy con ustedes y no me voy, dice el Señor. Recuérdenlo cada vez que la serpiente los haga sentir decaídos, con ganas de renunciar. Estoy ahí, y aunque no necesitan verme, siempre tienen que saberlo y estar conscientes de mi amor por los míos, por los que el Padre me entregó, dice Jesús.
Yo, Yeshua, el Salvador del mundo, el Hijo de Dios, el Cordero inmolado que abre los sellos, que hace justicia, que defiende a los suyos y que hace una diferencia entre los que hacen el bien y los que hacen el mal.
No teman, sino fortalézcanse a través de los procesos por los que la tierra tiene que pasar mientras aún están vivos. Amén.
