Este señor los bendiga, amados hermanos y hermanas, en este 5 de febrero del año 2024. En esta oportunidad, nuestro amado Padre Celestial convocó a intercesión en vivo, a intercesión en público, por esta grave situación que está pasando nuestro país hermano de aquí de Argentina, con estos terribles incendios que se están dando. ¿Cómo están? Cuéntenme.
Y hoy nos vamos a tomar un poquito de tiempo para realizar esta intercesión acorde a lo que el Espíritu de Dios, como Él nos quiera guiar.
Cuéntenme cuántos de ustedes que están aquí conectándose son de Chile y de qué otros países se están congregando en este momento con nosotros para aclamar delante del trono del Padre. ¿De qué países están viniendo en el Espíritu para congregarse como una sola voz, para ir a pedirle misericordia a nuestro Dios?
Aquí Amparo dice Colombia, Verónica dice aquí soy chilena, Guatemala, Canadá, Brasil, Ecuador, Cecilia Romero, creo que dijo, ah, Romo, desde Chile, tenemos a Bélgica, tenemos Argentina, tenemos a Costa Rica, dice Valeria, también de Chile, María Miranda, Iris, Gloria al Señor, Gloria al Señor porque, si no me equivoco, esta es la primera vez que el Padre me convoca a interceder por un tema específico, pero transmitiendo en vivo.
La gloria sea para el Señor.
Está Noemí de aquí de Mendoza, bendiciones a mi amada Noemí, también vi por ahí a mi amada Natalia y a mi amada Andreina. Abrazos, saludos para ellas, la gloria al Señor.
El Señor bendiga y recompense a todos los que se van conectando desde Europa o desde Asia, donde son altas horas de la noche.
Acá tenemos a Rosa también de Chile, tenemos a España, bueno, Bolivia, Gloria al Señor porque todos los países se solidarizan con, también tenemos a nuestra amada Rocío acá desde Colombia, bendiciones a ti, perdón si no he visto alguna de las, de mis intercesoras amadas que conforman, que forman parte de mi grupo de intercesión, pero si no las he nombrado, abrazo cálido desde aquí, desde mi lugar, Gloria al Señor.
Muy bien, ¿cómo va a ser esta reunión? ¿Cómo vamos a trabajar hoy?
El Señor me ha dicho que convoque a intercesión por Chile y que cuando yo esté intercediendo, ustedes estén participando en el lugar adonde ustedes estén.
¿Por qué? Porque para el Señor no hay nada imposible. Y aunque tu cuerpo esté en ese lugar adonde está ahora, ya sea que estés en tu casa o en tu lugar de trabajo o desde adonde nos puedas escuchar, tu espíritu, cuando comiences a interceder conmigo, se va a ir congregados juntos y en una sola intención delante del trono del Padre para que quizás juntos a través de esta oración profética que vamos a hacer podamos tocar el corazón del Señor y estos incendios tremendos que ya se cobraron la vida de más de 100 personas y de cientos de hectáreas en este país puedan quizás menguar o hasta detenerse. Porque las oraciones de los intercesores son poderosas.
La gloria sea para el Señor.
Así que mientras yo voy a clamar y esto va a ser una mezcla de intercesión profética acorde a lo que el Espíritu me dé que ore con palabras que seguramente el Padre nos va a entregar en esta noche acerca de la situación de Chile.
Los que están siguiendo mi canal saben que esto estaba profetizado, que este incendio se daría sobre la tierra de Chile. Esto fue profetizado a través de este ministerio el 22 de diciembre del año pasado, hace un poquito más de un mes. Y lamentablemente no pasó mucho tiempo hasta que esto comenzó a cumplirse.
Pero también he dicho que esto que hoy sucede en lo físico a través de estos incendios literales es una señal de lo que se viene a Chile y que en realidad el Padre me dijo que Chile está en llamas, primeramente en lo espiritual y que por eso en este tiempo en parte se está manifestando en lo físico.
Así que vamos a interceder por todas estas cosas acorde a lo que el Espíritu nos coloque.
Quiero mencionar un versículo que me apasiona porque muestra el poder de la intercesión antes de comenzar.
Y es donde Amós el profeta tiene tres visiones de destrucción, pero logra detener a algunas de ellas por causa de su clamor. Dice:
[Amós 7:1-2] Así me ha mostrado Jehová el Señor: He aquí, él criaba langostas cuando comenzaba a crecer el heno tardío; y he aquí era el heno tardío después de las siegas del rey. Y aconteció que cuando acabó de comer la hierba de la tierra, yo dije: Señor Jehová, perdona ahora; ¿quién levantará a Jacob? porque es pequeño.
Y escuchen lo que dice, que me parece tremendamente revelatorio este versículo para cualquier persona que se dispone a interceder por las causas que el Señor llama.
[Amós 7:3] Se arrepintió Jehová de esto: No será, dijo Jehová.
Pero miren lo que dice:
[Amós 7:4-6] Jehová el Señor me mostró así: He aquí, Jehová el Señor llamaba para juzgar con fuego; y consumió un gran abismo, y consumió una parte de la tierra. Y dije: Señor Jehová, cesa ahora; ¿quién levantará a Jacob? porque es pequeño. Se arrepintió Jehová de esto: No será esto tampoco, dijo Jehová el Señor.
Wow, alabado sea el Señor por esta porción de las Escrituras a donde podemos ver que el Señor había enviado o había determinado ciertos tipos de juicios pero por causa del clamor de un profeta esos juicios fueron detenidos y el Señor se arrepintió de derramarlos sobre la tierra.
Quizás nuestro clamor toque hoy el vientre y el corazón de nuestro Padre Celestial para que tenga misericordia por estas cosas que están sucediendo en este país vecino.
Vamos a rápidamente, muy por arriba vamos a ver cuál es la situación actual a ver si ustedes ven bien, estoy compartiendo aquí un diario de Argentina donde dice que ya son 122 los muertos y buscan a cientos de personas.
Hay 165 incendios contabilizados en el país, dice estas noticias, este diario, 11 más que el sábado de los cuales 40 siguen en combate, 102 están controlados y 4 extinguidos. Hay muchísima muchísima tarea para realizar en intercesión. 122 las víctimas que afectan la región de Valparaíso en la zona central de la costa chilena. Cerca de 40.000 personas afectadas por la destrucción de las viviendas.
Algunos cuerpos que están siendo identificados a través de las muestras de ADN. Imagínense lo que están pasando nuestros hermanos chilenos. Muy bien, eso lo pueden seguir investigando ustedes.
Y por último, les quería mostrar una herramienta muy poderosa cuando alguien va a interceder. Es muy práctico esta opción de los mapas de Google, donde se muestran a dónde están los incendios, los focos. Aquí nos muestran la costa, los focos activos de incendios graves que se están desarrollando ahora en este momento en Chile. Valparaíso. Y si acercamos un poco esta herramienta, Viña del Mar y toda esta zona.
Sí, es bueno porque estoy aprendiendo un poco más de estas herramientas tecnológicas para ajustar los tornillos en este trabajo ministerial que estamos haciendo desde nuestro lugar. La gloria sea para Dios.
Así que, habiendo tenido un panorama, vamos a comenzar. Recuerden, mientras yo oro, ustedes también oren desde su lugar. Y así juntos, juntos en el espíritu, porque dice la palabra del Señor que donde dos o más estén congregados en su nombre, ahí está Él. Y que todo lo que pidamos en su nombre nos será hecho.
Así que, Padre Celestial, Padre Santo de la Gloria, Rey de Majestad, Tú, Señor, que eres grande, Señor, lento, lento para la ira. Y grande, Señor, en misericordia, venimos delante tuyo, Padre, para aclamar, para aclamar, Señor, con esta carga que me has colocado, Señor, en mis entrañas. Con este dolor, Señor, que no me pertenece porque no es mío, Padre, porque es tuyo, Señor.
Te pido, Padre, que coloques esta misma carga, Señor, en todo aquel que se está conectando en este momento, Señor, para poder clamar, para poder gemir desde los intestinos, Padre, desde nuestro vientre, Señor, por esta catástrofe, Señor, sin igual que se está dando, Señor, en Chile, Valparaíso.
Venimos delante tuyo, Señor, a presentarte a Chile. Padre, cesa ahora, cesa, Padre, tu mano extendida, cesa este juicio, Señor, porque Chile es pequeño, arrepiéntete, Señor, de hacer esto. Oh, Señor, mira cuánto está sufriendo el chileno en este momento.
[Amós 7:5] Señor Jehová, cesa ahora; ¿quién levantará a Jacob? porque es pequeño.
Veo una nube negra extendiéndose sobre Chile y también una tormenta y relámpagos. Es un nubarrón totalmente oscuro que se posa sobre el mapa de Chile.
Clamen, hijitos, dice el Señor. Clamen, porque viene más desastre, pero clamen de verdad, desde el dolor de sus corazones, con todo su ser. Clamen por misericordia, porque la balanza no se inclina a favor de Chile, dice el Señor.
Chile ha pecado contra mí, dice el Padre, y la balanza está en su contra, porque Chile me ha abandonado, corriendo detrás de sus ídolos. Chile se ha olvidado de mí.
Clamen, hijitos, derramen sus corazones, dice el Señor, delante de mí sin vergüenza, como si fueran ustedes, dice el Padre, los que están pasando por eso, como si fueran sus mismas casas, dice el Señor, la que se está prendiendo fuego, clamen de verdad, no sean frívolos, dice el Señor.
Yo veo algunos que están orando, pero sus oraciones caen en el piso. No tienen fuerza porque son superficiales, porque sus corazones están duros.
Pero pidan, dice el Señor, pídanme que rompa esas paredes de frialdad en sus corazones, porque muchos de ustedes, dice el Señor, los han endurecido, los han endurecido haciéndoles creer que está mal, dice el Señor, emocionarse, que está mal, dice el Señor, clamar con gemidos y llorar y sufrir por las causas que yo coloco en sus espaldas, dice el Señor.
Pídanme que rompa con martillo espiritual esas paredes duras que están en sus corazones, hijitos, porque busco intercesores con corazones blandos, dice el Señor, y entregados sin vergüenza.
Y yo lo veo a Jesús cuando clamaba en el desierto, en el jardín de Getsemaní, en el jardín de Getsemaní, cuando Él clamaba, dice el Señor, que gritaba, que gritaba, Padre, Padre, si es posible que pase de mí esta copa, Padre, pero si no, que se haga tu voluntad y no la mía.
Jesús clamaba, Jesús lloraba, Jesús gritaba, porque Él sentía el dolor, el dolor en su cuerpo ya estaba, su cuerpo estaba siendo preparado para pasar por lo que iba a pasar.
Su carne ya estaba como sintiendo espiritualmente el dolor que iba a venir en lo corporal, en lo físico.
Y me dice el Espíritu que Jesús no decía, Padre, Padre, pasa de mí esta copa, el Señor gritaba, el Señor clamaba, el Señor gemía porque sabía que iban a ser algo nuevo de sus entrañas, como una mujer que está de parto, dice el Señor.
Giman, dice, hijitos, giman, giman, porque ahora estoy colocando el dolor del nacimiento, dice el Señor, de una oración, de una intercesión profética en sus vientres.
Algunos de ustedes van a sentir, van a sentir en su vientre bajo, van a sentir algo, algunos no van a sentir nada y no hace falta sentir para creer que Él hace lo que le estamos pidiendo y lo que Él está diciendo.
Pero el Espíritu me muestra que algunos sienten ahora que el Señor pone este dolor que yo siento por esta causa en mi vientre, como cuando alguien tiene contracciones, como cuando alguien sufre, sufre para dar a luz, dice el Señor, porque la intercesión es como dar a luz. Interceder, dice el Señor, es como dar a luz.
Y dar a luz, dice el Señor, es para hombres y mujeres en el Espíritu. Los hombres también conciben espiritualmente hablando y dan a luz. Oraciones proféticas, intercesiones proféticas.
Y lo veo a Jesús cuando clamaba, dice el Señor, que Él gritaba, que Él gritaba, Padre, Padre si es posible que pase de mí esta copa, Padre, pero si no, que se haga tu voluntad y no la mía.
Jesús clamaba, Jesús lloraba, Jesús gritaba, porque Él sentía el dolor, el dolor en su cuerpo ya estaba, su cuerpo estaba siendo preparado para pasar por lo que iba a pasar.
Su carne ya estaba como sintiendo espiritualmente el dolor que iba a venir en lo corporal, en lo físico.
Y me dice el Espíritu que Jesús no decía, Padre, Padre, pasa de mí esta copa, el Señor gritaba, el Señor clamaba, el Señor gemía, porque sabía que iban a ser algo nuevo de sus entrañas, como una mujer que está de parto, dice el Señor.
Giman, dice, hijitos, giman, giman, porque ahora estoy colocando el dolor del nacimiento, dice el Señor, de una oración, de una intercesión profética en sus vientres.
Algunos de ustedes van a sentir, van a sentir en su vientre bajo, van a sentir algo, algunos no van a sentir nada y no hace falta sentir para creer que Él hace lo que le estamos pidiendo y lo que Él está diciendo.
Pero el Espíritu me muestra que algunos sienten ahora que el Señor pone este dolor que yo siento por esta causa en mi vientre, como cuando alguien tiene contracciones, como cuando alguien sufre, sufre para dar a luz, dice el Señor, porque la intercesión es como dar a luz, interceder, dice el Señor, es como dar a luz.
Y dar a luz, dice el Señor, es para hombres y mujeres en el Espíritu. Los hombres también conciben espiritualmente hablando y dan a luz. Oraciones proféticas, intercesiones proféticas.
Y dar a luz, dice el Señor, es para hombres y mujeres en el Espíritu. Los hombres también conciben espiritualmente hablando y dan a luz. Oraciones proféticas, intercesiones proféticas.
Y dar a luz, dice el Señor, es para hombres y mujeres en el Espíritu. Los hombres también conciben espiritualmente hablando y dan a luz. Oraciones proféticas, intercesiones proféticas.
Giman, dice el Señor, giman, porque ahora estoy colocando el dolor del nacimiento, dice el Señor, de una oración, de una intercesión profética en sus vientres.
Algunos de ustedes van a sentir, van a sentir en su vientre, abajo van a sentir algo. Algunos no van a sentir nada y no hace falta sentir para creer que Él hace lo que le estamos pidiendo y lo que Él está diciendo.
Pero el Espíritu me muestra que algunos sienten ahora que el Señor pone este dolor que yo siento por esta causa en mi vientre, como cuando alguien tiene contracciones, como yo, dice el Señor, como a mí me duele mi vientre, dice el Padre.
Porque lo que ahora a ustedes les está doliendo, dice el Señor, es porque a mí me duele. Es porque a mí me duele esta causa, dice el Señor, es porque a mí me duele. Es porque a mí me duele, dice el Padre, que mueran. Es porque a mí me duele, hijitos, que quiero que clamen.
Aprendan a clamar, dice el Señor. Aprendan a sentir mi dolor, dice el Padre, sientan mi dolor.
Porque son mis almas, dice el Señor, las que se mueren, son mis almas. Las que se queman, creación de mis manos.
Son creación de mis manos, yo estoy viendo en visión ahora el fuego. Veo como lenguas de fuego, como el fuego, pero cuando se mueve como lengua, como lengua que traga.
El fuego está siendo como lenguas que se tragan a los niños, como lengua que se tragan a los adultos.
Dice, hay madres, hay madres ahora chilenas que están perdiendo a sus hijos. Que no llegan a sacarlos, que no llegan a rescatarlos. Porque estas lenguas de fuego son tan rápidas, son tan rápidas que no hay tiempo, no hay tiempo a nada. Se comen, dice el Señor, a las víctimas.
Y son mis almas, dice el Señor, las que se están quemando. Creación de mis manos, dice el Padre. Yo me duelo, dice el Señor, me duelo.
Pero mi gente no me escucha y Chile no reacciona, dice el Señor. Son duros de servicio, gente terca. Gente terca de frente de diamante, dice el Señor, que cuando los llamo no me escuchan. No me oyen, dice el Señor. Los llamo a que se arrepientan y que se arrepientan, pero Chile no quiere escuchar, dice el Padre.
Muchas veces he dado, dice el Señor, oportunidades a estas regiones costeras para que dejen, dice el Señor, la distracción y me miren a mí. Para que me amen más a mí, dice el Señor, que a los placeres carnales de la vida y no quieren escucharme.
Yo no conozco ese lugar, yo, Noelia, no conozco Valparaíso ni el otro, ¿cómo se llama? Viña del Mar. No conozco, nunca estuve ahí, pero el Espíritu me está diciendo ahora que ahí vive gente que es pudiente económicamente hablando. Gente que es pudiente económicamente hablando y que le gusta vivir ahí cerca del mar, cerca de la playa. Que todos hablan de Viña del Mar, de sus eventos y de todas estas zonas turísticas.
Yo estoy viendo que hay gente, hay mucha gente que es muy superficial en esos lugares, que dicen no necesito de Jesús. ¿Quién es ese Jesús? Dicen esas personas. Si yo estoy bien económicamente, si yo vivo en uno de los lugares más bonitos, según ellos piensan, de Sudamérica. No me vengan con ese Jesús, dicen ellos. Y le han dado vuelta a la espalda muchas veces al Señor, muchas veces.
Pero mi corazón se duele, dice el Señor. Hijitos entiendan que mi corazón se duele. Que no quiero, que no quiero que se pierdan. Que no soy un Dios que se goza, dice el Señor. Que se goza de la muerte, de la enfermedad, de las catástrofes, de los juicios.
No es lo que quiero para el hombre, dice el Señor, pero el hombre me da la espalda. El hombre no entiende. El hombre prefiere otros dioses. El hombre se levanta ídolos para ellos mismos.
Y no es que no le doy oportunidades, dice el Señor. Los llamo, los llamo, dice el Señor, y les advierto para que recapaciten y se vuelvan de sus malos caminos, dice el Señor.
Hijitos clamen, dice el Señor, clamen y duélanse ahora conmigo. Dice el Señor, levanten su intercesión, levanten su petición. Pídanme que los perdone, dice el Señor. Pídanme misericordia, hijitos.
Yo veo a un país conmocionado, veo a Chile conmocionado. Está conmocionado, no se esperaban esto, además del calor infernal de estos días. Además, además de eso, vienen estos incendios y están impactados, no pueden creer que encima, que encima se acerca de estos lugares turísticos, en estos lugares turísticos, de los cuales Chile tanto alardea, me dice el Señor.
Les quemó su ídolo, dice el Señor. Les quemó su ídolo, pero hijitos pidan misericordia, para que tal vez, dice el Señor, a través de su clamor, a través de su súplica, a través de su ruego, dice el Señor, detenga mi mano extendida y mi ira se calme, dice el Señor. Y le ponga un freno, dice el Padre, un freno a ese auto que va derecho a estrellarse.
Yo veo que algunos de ustedes tienen vergüenza, tienen vergüenza de clamar, tienen vergüenza de ser apasionados a la hora de orar, tienen vergüenza de quitarse la careta y mostrarse con dolor si es que el Padre les ha colocado ese dolor, porque tiene que ser algo genuino, no fingido.
Pero si está ahí, no lo retengan, dice el Señor.
Ábranle las puertas, porque el Señor me muestra que Él ha puesto este dolor en muchos de ustedes ahora, en sus corazones, pero algunos de ustedes lo están reteniendo porque no saben qué hacer con eso, no saben cómo interceder, no saben cómo gemir, no saben cómo clamar, no saben qué tienen que hacer con ese dolor, pero el Señor les dice, abran la puerta de sus corazones, hijitos, y dejen salir, y dejen salir ese clamor desde el fondo de sus corazones.
Pídanme, dice el Señor, que los perdone, como si fueran su propia familia, dice el Señor, como si estuvieran clamando por ustedes mismos, dice el Padre.
Sean clementes, dice el Señor.
Avancen en esto de la intercesión, avancen, dice el Señor, den un paso más lejos. Quiero sacarlos, dice el Señor, de esa agua estancada donde estaban y mostrarles cómo es una intercesión verdadera desde las entrañas, dice el Señor, desde el dolor que yo coloco a los míos, a los que llamo para esta tarea.
Clamen, dice el Señor, para que tal vez algunos de ellos sean salvos.
Extiendo mi mano de misericordia, dice el Señor, sobre Chile. Si ustedes claman, dice el Señor, mientras todo se prende fuego, yo extiendo mi mano, dice el Señor.
Aún estoy aquí, dice el Señor, esperando que uno se coloque en el vallado. Uno que se coloque en el vallado, dice el Señor, para extender mi mano.
Porque la Biblia dice, si tan solo uno se colocara en el vallado, si tan solo uno levantara vallado.
Coloquense en la brecha, hijitos, dice el Señor, ahora yo veo que se arma como un ejército, como un ejército de personas que se colocan en un muro, pidiendo por la ciudad.
Yo veo ahora que se forma como una fila horizontal de personas que se colocan en una pared, enfrente de la pared de la ciudad, pidiendo, Señor, no la destruyas. Señor, misericordia, no la destruyas, por favor.
Y eso es lo que estamos haciendo ahora en el Espíritu, dice el Padre. En el Espíritu.
En el Espíritu se están levantando ahora, dice el Señor, colocándose en ese vallado, colocándose en ese vallado y diciéndome, como dijo Moisés, Señor, si los matas a ellos, mátame también a mí. Señor, si los matas a ellos, mátame también a mí, le dijo Moisés.
Y el Señor detuvo la muerte sobre los hebreos por causa de la intercesión de Moisés.
Señor, te pedimos ahora por Chile, Padre. Oh, Señor, como dijo Moisés, detiene tu mano, Señor, si los matas a ellos, también a nosotros, Padre. Oh, Señor, detente, detén tu mano, Señor, césa, Padre. Césa, Señor, con este fuego, césa, Señor, con esta muerte.
Señor, te pedimos por tu pueblo también, Señor, en Chile.
Te pedimos, Señor, por los hijos de Dios que están en medio de esta catástrofe. Te pedimos, Padre, por ellos. Césa, Señor, protégelos, Padre. Hace una diferencia, Señor, entre injusto y el injusto, Señor. Guarda tus hijos, Señor.
Así como cuando el ángel de la muerte pasaba para matar a los primogénitos en Egipto, hiciste una diferencia, Señor, y los que pintaron sus puertas con la sangre de los corderos no fueron asesinados.
Oh, Señor, salva ahora a los tuyos, Padre. Ten misericordia, Señor, ten compasión.
Señor, somos un mismo cuerpo, dice la palabra, con tus hijos que están en Chile y que están en esa área, Señor. Venimos a pedirte por ellos ahora.
Oh, Señor, si los matas a ellos, también a nosotros, como dijo Moisés. No lo hagas, Padre, perdonas, perdona toda tibieza de tu iglesia en Chile, Señor. Dales tiempo, Señor, a que se arrepientan. Dales tiempo, Señor, para corregirse.
El Señor dice, hijitos, sigan, sigan. Que la rueda siga girando, dice el Señor, que la rueda siga girando, no se detengan. Tengan fe, dice el Señor, tengan fe, estoy escuchando.
El Espíritu se pasea, el Espíritu se pasea buscando almas dispuestas a interceder por otras. Dice el Señor, hijitos, levanten la voz y clamen en cuello, dice el Señor. Clamen a voz en cuello, dice el Señor. Clamen, dice el Señor, misericordia, misericordia, Padre, compasión, detén tu mano. Detén tu mano, Señor. Cálmate, Señor. Ten compasión y piedad, Señor de Chile.
Yo veo, veo cómo trabajan los bomberos. Veo bomberos rescatando a niños de los lugares incendiados. Veo bomberos que se queman ellos mismos para ver si tal vez pueden rescatar a algunos. Porque como dije, los incendios van tan rápido y son tan agresivos que son como lenguas, como lenguas de fuego que devoran. Es como que el fuego pega un lengüetazo, por decirlo de alguna manera, y se gana un alma.
De un lengüetazo de fuego nomás ya se cobra un alma.
Y los bomberos están dispuestos a morir si fuera por rescatar a las personas que están damnificadas en esa situación. Dice el Señor, sean bomberos ustedes también. Sean bomberos espirituales, hijitos. Pónganse el casco, dice el Señor, y clamen.
Métanse, dice el Señor, en mis asuntos espirituales, hijos míos.
Imagínense, dice el Señor, imagínense lo que esas personas están pasando. Imagínense lo que los animales están sufriendo. Sean conscientes, dice el Señor, de cuántas hectáreas de naturaleza están siendo quemadas.
Hijitos, clamen, dice el Señor, sean bomberos también ustedes, pongan su vida por ellos. A través de esta intercesión. Oh, padre.
El Espíritu me enseña que cuando clamamos por estas cosas, somos como bomberos espirituales y de nuestras mangueras de bomberos sale agua del espíritu. Es nuestra oración que guiada por el Espíritu Santo apaga el fuego, apaga la ira de Dios.
Déjense llevar por el Espíritu de Dios, dice el Señor, para orar. Clamen, dice el Señor, las palabras que pongo en sus bocas, ábranse, dice el Señor. Como una flor que se abre para recibir el sol.
Ábranse ustedes, dice el Señor, para recibir la inspiración de Dios.
Estoy escuchando, dice el Señor. Israel, estoy escuchando. Sigan, dice el Señor, sigan pidiendo misericordia. Estoy aquí, dice el Señor. Tengan fe, dice el Señor. Pidan con fe, pidan con fe, dice el Señor.
Hijitos, sean misericordiosos, dice el Señor.
Sean misericordiosos porque muchos de ustedes han levantado el dedo acusador contra Chile. Han dicho Chile se lo merece. Inclusive yo veo muchos argentinos que han dicho Chile se lo merece por lo que Chile nos hizo. Piensan algunos de ustedes que son argentinos, me revela el Señor.
Pero yo estoy juzgando sus pensamientos, dice el Señor, arrepiéntanse.
Arrepiéntanse porque cuando viene el caos, cuando viene juicio a una nación, algunos de ustedes se gozan de ese juicio.
Algunos de ustedes se gozan de que Estados Unidos va a caer. Algunos de ustedes se gozan. Cuando el Espíritu dice que viene inundación a Centroamérica, algunos de ustedes se gozan, dice el Señor, ¿cómo puede ser?
¿Cómo puede ser que mis hijos que deberían caminar en el amor, dice el Señor, más profundo que existe, en el amor que nace de mí, dice el Señor, y que lo llena todo?
¿Cómo puede ser que mis propios hijos se gocen, dice el Señor, con lo que está sucediendo en Chile?
¿Cómo puede ser que se gocen, dice el Señor, cuando sucedió la masacre del 7 de octubre en Israel, diciendo los judíos se lo merecen?
¿Cómo puede ser que se gocen, dice el Señor, del dolor del prójimo?
No han aprendido nada, dice el Señor, no han aprendido nada. Dicen que me conocen, dice el Señor, pero caminan en tinieblas porque algunos de ustedes están contentos porque Chile arde en llamas.
Arrepiéntanse, dice el Señor, porque la misma plaga que hoy les cae a ellos les va a caer a ustedes si no se arrepienten, dice el Señor. Porque maldad grande es esa.
Porque mi propio corazón no se goza, dice el Señor, de los juicios que tienen que venir por causa de mi justicia.
Y dice el Señor que Él está buscando verdaderos adoradores, que lo adoren en espíritu y en verdad.
Verdaderos intercesores que no tengan vergüenza, dice el Señor, de clamar, clamar, de gritar, de sufrir, de llorar, de gemir, dice el Señor, para pedirme que quizás me detenga.
Hijitos, entiendan que cuando ustedes claman su clamor sincero, dice el Señor, se suma a la balanza de la justicia de Chile.
Este clamor que ustedes ahora están levantando, dice el Señor, la estoy colocando, dice el Señor, lo estoy colocando en la balanza de la justicia de Chile.
La justicia que ellos no hicieron, dice el Señor, puede ser perdonada por causa de la justicia que ustedes están haciendo ahora clamando por ellos.
Hijitos, no me desprecien la intercesión, dice el Señor.
Pero sean honestos, dice el Padre, y sean totales, sean totales, dice el Señor.
Ustedes piensan, dice el Señor, que cuando Daniel intercedió por su pueblo, que cuando Daniel ayunó por su pueblo, lo hizo livianamente.
Ustedes piensan, dice el Señor, que la intercesión de Daniel fue de una frase sin fuerza.
Desátense, dice el Señor, desátense ahora.
Quiebren ahora esas cadenas, dice el Señor, que los han atado durante tanto tiempo para no orar como corresponde.
No están locos, dice el Padre, no están locos, porque el Espíritu gime.
[Romanos 8:26] El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.
Dice el Padre, ¿cómo piensan ustedes que suenan los gemidos indecibles?
Entréguense por completo, dice el Señor. Estoy cansado de un pueblo tibio. Estoy cansado, dice el Señor, del estancamiento de las aguas. Quiero que las cosas se muevan entre mi pueblo, dice el Señor. Que dejen de tener un pie en mi reino y un pie en el mundo, dice el Señor.
Hijitos, intercesiones, entregarse por completo, dice el Padre. Entregarse por completo, dice el Señor, y sentir esa oración inclusive hasta en sus cuerpos. Porque hasta sus células, dice el Señor, saben que están intercediendo por lo que están intercediendo.
Yo, Noelia, desato ahora nudos en la mente, desato ahora nudos mentales para no interceder como corresponde. Destruyo ideas demoníacas de lo que la intercesión es en el nombre de Jesús. Desato la mente.
El Señor está colocando ahora ideas creativas para interceder en este momento en sus cabezas. Reciban ahora por fe. En el nombre de Jesús.
Yo veo ángeles que ponen semillas de oración ahora en las mentes abiertas, en las mentes dispuestas.
Venimos ahora a interceder por el gobierno de Chile. Por el presidente de Chile.
El Espíritu me muestra que no sabe qué hacer. No sabe cómo apagar estos focos. Está desesperado. Es como que dice, ¿cuáles son las fichas que tengo que mover para ayudar a esta gente?
Pero siente que todo lo que hace es débil. Siente que todo lo que hace es poco, que no llega, que el fuego va más rápido que las acciones que él toma.
Está levantando el teléfono y pidiendo ayuda, pidiendo ayuda inclusive a otros países. Me muestra ahora el Espíritu de Dios.
El Señor dice, hijitos, clamen por esa ayuda. Clamen para que yo envíe esa ayuda.
Envía, Señor, envía, Señor, esa ayuda. Señor, envía obreros a esos incendios.
Duplica, Señor, la cantidad de bomberos, la cantidad de defensa civil, de todo lo que se necesite, Padre, recursos humanos y recursos físicos. Oh, Señor.
Veo aviones hidratantes, se llaman. Señor, te pedimos por más aviones hidratantes. Dales las estrategias, Señor, para poder apagarlo.
Señor, inspira al presidente de Chile, Señor, a Gabriel. Inspíralo, Señor, para que sepa qué tiene que hacer. Gabriel Boric, Señor, inspíralo, Padre.
Señor, tú lo hablaste, Señor, asiro. Padre, pusiste tus ideas, Señor, en él.
Señor, tú puedes hablar a crédulos y a incrédulos.
Señor, inspira a este hombre, Señor, para que sepa a dónde llamar, a quién llamar, a quién pedir ayuda, Señor, y no perder tiempo. Para que sepa cuáles son las decisiones, Señor, que tiene que tomar, que tengan respuesta inmediata.
Señor, yo veo como un ejército que rodea, que rodea todo alrededor estos incendios. Somos nosotros, dice el Señor, somos nosotros.
Yo veo una visión donde nosotros somos todos nosotros que rodeamos estos incendios, esa región que les mostré al principio, y a través de nuestra oración es como si saliera agua en el espíritu de nuestras bocas y rodeamos esos incendios.
Señor, la oración es poderosa, dice el Señor. Sigan clamando, hijitos, hasta que se llene el vaso. Sigan clamando, dice el Señor, hasta que se llene la copa de intercesión y sea derramada sobre esos incendios.
Crean, dice el Señor, en el poder de la intercesión. Intervengan, dice el Padre.
Avancen con fuerzas, dice el Señor, como un ejército que rodea a esos incendios apagándolos, apagándolos a través de la oración, a través de ese espíritu, de ese agua que sale de nuestras bocas. Tengan fe, dice el Señor.
Les estoy dando ahora para beber palabras del cielo para que tengan la inspiración de cómo orar exactamente para que esa oración sea eficiente, dice el Señor.
Sigan, hijitos, clamen, clamen y pidan por ayuda a los otros países dormidos y fríos que están alrededor de Chile.
Yo veo a los presidentes ahora de los países limítrofes de Chile que están pensando qué van a hacer, si van a ayudar, si van a ayudarlos o no.
En este momento lo veo al presidente de Argentina pensando qué tiene que hacer con respecto a esto, si tiene que ayudar o no, si tiene que meter su mano en este fuego o no.
Señor, toca el corazón de Javier Milei, Padre, del presidente de Argentina, para que le dé una mano, Señor, a nuestro vecino.
Nuestro presidente sabe que nosotros mismos, Argentina, está en una situación caótica, débil, que ni siquiera tenemos para nosotros mismos.
Pero el Señor me muestra que por más de todas las cosas malas que puede tener este presidente, que él quiere ayudar con lo poco que se pueda, porque tiene un corazón por los necesitados, y por los animales, y porque sabe que hay muchos animales y muchas mascotas que se están perdiendo y que también están sufriendo y están siendo quemadas a través de estos incendios, porque no son solo personas.
Hay muchos animales que están muriendo y que están sufriendo y que no tienen ayuda. Y todo es importante para Dios.
Hijitos, intercedan, dice el Señor.
Piensen en su mascotita, dice el Señor, podría ser tu perro, podría ser tu gata, dice el Señor.
Ponete en el lugar del otro, dice el Señor, en los zapatos del que sufre, hijo.
Estoy buscando corazones misericordiosos, dice el Señor, porque si vos pedís misericordia, dice el Señor, inclusive para aquel que no conoces, yo voy a tener misericordia de ti, que sí te conozco, dice el Señor.
Si vos querés misericordia para tus hijos, dice el Señor, pedilo para los hijos de los chilenos. Si querés misericordia para tu mascota, dice el Señor, pedila para las de ellos.
Dice el Señor, todo es importante ante mis ojos, hijitos. Clamen por cada detalle, clamen por cada árbol.
Señor, yo veo, veo de nuevo como nubes negras, nubes negras sobre el país de Chile. Y vienen truenos, dice el Señor, que pidamos por lluvia.
Oh, Señor, manda la lluvia, Padre. Abre los cielos, Señor, para que bajes a lluvia, Señor. Tú eres el que abre las compuertas de los cielos, Padre, dice la palabra. Señor, que tú abres las ventanas de los cielos, Padre.
Señor, dice la palabra que Elías, Elías era un hombre con concupiscencias semejantes a las nuestras, Señor. Era un hombre carnal, igual que nosotros.
Pero él oró, Señor, fervientemente, dice la Biblia. Él no solamente oró, él oró fervientemente. Y no hubo lluvia por tres años.
Y él oró de nuevo y volvió la lluvia, Señor, oramos nosotros ahora. Abre los cielos, Padre. Manda las nubes, oh Señor.
Señor, toma en cuenta nuestra oración como tomaste en cuenta la de tu siervo Elías, Padre.
Escucha el clamor, Señor, de personas imperfectas, oh Señor. Pero con un corazón entregado, Señor, a interceder por lo que a ti te duele.
Señor, clamamos ahora, fervientemente, Señor, manda la lluvia, Padre. Abre, Señor, las compuertas de los cielos.
Envía, Señor, el agua sobre Chile, sobre Valparaíso, sobre Viña del Mar, también sobre Bariloche, acá en Argentina, que se está quemando. Manda la lluvia, a llover, Señor. Te rogamos, Señor, misericordia.
Esta tierra estaba seca, me muestra el Señor, seca. Seca antes de que vengan estos incendios. Esta zona de Chile la veo seca. Dice el Señor, porque Chile está seco. Porque Chile está pasando por sequedad, dice el Señor.
Por lo tanto, oren, hijitos, no solamente por esa lluvia física, sino primeramente la espiritual.
Oren, dice el Señor, para que ese desierto chileno se convierta en un oasis. Para que esa sequedad, dice el Señor, se convierta en un campo fértil de mi palabra.
Hidrata, Padre, perdona, Señor. Perdona e hidrata, Señor. Perdona, Señor, al chileno. Perdona, Señor, e hidrata, Señor.
Fertiliza, Señor, todo campo seco en Chile, Padre.
Perdona, oh Padre. Perdona, Señor, la iniquidad de ese pueblo según la grandeza de tu misericordia. Porque qué van a decir de ti, Señor, qué van a decir del Dios de los ejércitos.
[Números 14:19] Perdona ahora la iniquidad de este pueblo según la grandeza de tu misericordia, y como has perdonado a este pueblo desde Egipto hasta aquí.
Oh, Señor, rica pasita, Padre, detente, Señor. Detén el mal, Señor, sobre Chile, detente, Señor.
Me dice la palabra, Señor, que tú eres tardo para la ira, Señor, y grande, grande, grande en misericordia.
Señor, te pedimos por soluciones ahora. Por soluciones, Padre, para esta situación tremenda, Señor. Dinero, Señor, para costear.
Yo veo que se gasta muchísimo dinero, muchísimo dinero tratando de apagar este fuego.
Pidamos por recursos, dice el Señor, materiales. Porque no alcanzan, no alcanzan los recursos que tiene Chile. Los aviones hidratantes, los bomberos y todas esas cosas que se usan para apagar fuego no alcanzan.
No está preparado el país para una cosa así, de esta magnitud semejante. Pero tú, Señor, tú puedes proveer, Señor, sobrenaturalmente. Tú puedes proveer, Señor, rápidamente. Provee, Señor, los recursos que se necesitan. Provee, Señor, el dinero.
Yo veo que el presidente de Chile saca recursos, es decir, fondos reservados para otras cosas y las coloca en el fondo para pagar estos incendios, para socorrer a esta gente, para los hospitales que ahora están llenos de quemados.
Señor, incrementa esos fondos en el nombre de Jesús. Oh, Señor, levanta, Padre, levanta esos recursos.
Yo veo la copa que está a punto de llenarse. Significa que casi hemos completado el pedido de intercesión para esta sesión que nos corresponde a nosotros, para este día y esta hora.
Yo lo veo al presidente de Chile, a Gabriel Boric, manejando un auto. Él aprieta el acelerador y se choca. Y se agarra la cabeza como que dice, no, me choqué. Pero vuelve, hace marcha atrás. Vuelve a poner primera en el cambio, vuelve a acelerar. Anda un poquito en el camino y se vuelve a chocar. Y tropieza nuevamente, me dice el Señor. Yo lo veo perdido.
Perdido en las decisiones, abrumado. Él está abrumado.
Y ve como que las olas de las gentes en Chile se levantan. Como un mar agitado.
Yo veo el mapa de Chile y como si hubieran olas en el mapa de Chile, pero no es agua, literal. Representa a la gente, el pueblo de Chile.
Yo veo que el presidente siente que Chile se le levanta. Que el pueblo se le levanta. Y no sabe qué hacer. Está perdido. Y se choca. Y cada vez que toma una decisión, se choca de nuevo. Choca con ese auto que representa a la presidencia.
Y ahora él dice otra vez. Además de todo esto, ahora esto, dice él. Piensa en su corazón. Ahora también esto. Y se siente abrumado. Y se siente cansado. Y se siente sobrepasado por todo lo que pasa.
Clamen, dice el Señor, clamen por lo social. Clamen los chilenos por lo social, dice el Señor.
Porque cuando se calme el fuego físico, se va a levantar la gente.
Clamen, dice el Señor, por la gente. Clamen por el pueblo chileno, dice el Señor.
Porque yo veo que el pueblo sale a la calle. Yo veo que el pueblo está cansado. Y el pueblo dice, vamos a hacer algo. Hay que hacer algo.
Yo veo gente en Chile con palos en la mano, en las calles. Gente que se pelea con los policías, que se golpean. Diviki ahora en hijitos por paz, dice el Señor.
Oren por paz para Chile. Oren, dice el Señor, por paz. Porque yo veo la bandera de Chile y veo que es rajada en el medio.
Aleluya, alabado seas, Padre.
Hijitos, escucho las oraciones de un pueblo santo, dice el Señor. De un pueblo que está en santidad. De un pueblo, dice el Señor, que tiene la boca limpia. De un pueblo que tiene las manos limpias.
Yo no hago oídos sordos. Cuando vienen mis hijos que tienen sus vestiduras blancas, dice el Señor, a hacer sus peticiones.
Hoy se ha llenado, dice el Padre, un vaso de oraciones. Hoy se ha llenado un vaso de agua, dice el Señor, de la intercesión profética que viene del Espíritu de Dios.
Yo veo que este vaso se derrama, se derrama desde el cielo sobre los focos de los incendios.
Y nosotros no somos los únicos que estamos derramando un vaso de oración en lo espiritual sobre los focos de incendio de Chile, sino que hay muchos otros grupos que se están congregando también presencial y virtualmente, me revela el Espíritu de Dios, para aclamar, llorar y pedir por esto.
Y que cada uno de ellos llena un vaso más de estas aguas de intercesión que se unen para ir menguando este fuego.
Pero me dice el Señor que en Chile hay mucho orgullo, mucho orgullo. Y que los chilenos no quieren quedar mal delante del mundo a través de esto que está pasando. Porque en general les importa quedar bien, me dice el Señor. Pero esto se les está yendo de las manos.
[Mateo 23:12] El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.
Y el Señor dice que a través de este juicio el Señor está humillando a Chile. La soberbia de Chile el Señor la está humillando. El orgullo de Chile el Señor lo está humillando para que una vez habiendo sido humillados recapaciten, dice el Señor, de que sólo son hombres y que no son Dios. Aleluya.
Gracias, Padre. Gracias, Señor. Gracias, amado Padre Celestial. Gracias, Santo.
Yo veo que de muchos de nosotros se ha quitado una carga en nuestras espaldas porque cuando uno termina de interceder por las cargas que el Espíritu nos coloca, uno se siente libre, uno se siente liviano, uno se siente que ha cumplido con lo que tenía que hacer, uno se siente pleno y puede como respirar y estar como vacíos nuevamente de ese dolor que había dentro nuestro.
La gloria sea para el Señor porque el Padre me hace saber en este momento que está agradado de esta intercesión, de este trabajo que hemos realizado y yo veo a muchos de ustedes que sienten esto que yo les estoy compartiendo y veo a muchos hombres orando, gloria a Dios por ustedes, que se transpiraron todos por causa de una oración verdadera, gloria a Dios.
Dice la Biblia que Jesús transpiraba sangre, gotas de sangre cuando clamaban el Getsemaní y a veces una intercesión real que sale desde lo profundo de nuestro sentir provoca una transpiración como si uno estuviera corriendo una maratón.
Le damos la gloria al Señor por esta enseñanza también sobre la intercesión, aleluya, aleluya.
Te pido Padre que todos aquellos que vaciaron sus vasos para derramarse delante de tu presencia, que los llenes ahora de gozo y de paz, Señor, en el nombre de Jesús. Que toda tristeza que no es tuya se vaya, Señor, porque ya hicimos y cumplimos con la tarea otorgada hoy, Padre. Gracias, Señor, gracias, Señor. Devuelve ahora el gozo, la libertad y la paz.
Restablece, Señor, la paz que teníamos antes de interceder, el gozo, la adoración y la alabanza, Padre, aleluya.
Y me dice el Espíritu que si alguno de ustedes se quedó como enganchado de esas emociones que se sintieron fuertes al interceder, como dolor, tristeza, impotencia, desesperación y demás, que una vez que terminen la sesión de intercesión, que pongan algunos temas de alabanza y alaben a Dios, algunos temas que sean alegres, para que sus espíritus vuelvan en sí, digamos, y no se queden en un estado de tristeza, ¿sí?
Para que el gozo les vuelva a ustedes y puedan seguir realizando las tareas que el Señor les dé.
Gloria al Señor, gracias por conectarse juntos. Los bendigo grandemente en el nombre de Jesús. Y toda la gloria y toda la honra sea para el Señor.
El Señor me dice para los chilenos que están aquí hoy que tengan esperanza, que tengan fe y que sigan clamando de tanto en tanto por su país porque Chile va a pasar por un sacudón, por un proceso doloroso, pero es para bien, porque hay cosas que tienen que ser arrancadas de Chile.
Y cuando esas cosas sean arrancadas de Chile, el Señor las va a reemplazar con cosas nuevas.
Pero tiene que darse primero como una revolución, porque esa es la palabra que se me viene, una limpieza, como una revolución bastante violenta y eso va acorde a lo que el Señor viene hablando en otras palabras pasadas, ¿verdad? De la violencia para este año, para lo bueno y para lo malo.
Pero esto, esta violencia que va a venir, cuando estén pasando por esa tormenta, recuerden que el Señor dijo que tiene un propósito.
Y sigan intercediendo y haciendo su parte y ayunando por su país. Amén.
Bendiciones, los bendecimos.
Mi esposo, el pastor Mándala, que siempre está en cada una de mis transmisiones, al lado mío, acompañándome y supervisando, esa es la palabra que no encontraba, supervisando que todo se haga acorde a las Escrituras. Gloria a Dios. Bendiciones, hermanos. Adiós.
