Traducciónes: inglés
Bendiciones en el nombre poderoso de Cristo Jesús. Mientras estaba en oración más temprano, el Espíritu Santo me traía a la mente este hermoso pasaje:
[1 Samuel 19:20] Entonces Saúl envió mensajeros para que trajeran a David, los cuales vieron una compañía de profetas que profetizaban, y a Samuel que estaba allí y los presidía. Y vino el Espíritu de Dios sobre los mensajeros de Saúl, y ellos también profetizaron.
El Señor te llama a estudiar tu materia y educarte conforme a aquello a lo que Él te haya llamado. El Señor quiere que seas consciente de lo que estás haciendo para servirlo, y que te instruyas y aprendas acerca de los caminos por donde Él quiere llevarte.
Este es un llamado para que mi pueblo estudie el área en la que tiene que trabajar, dice Dios, porque una vez que Yo llamo a mis hijos a servirme en alguna parte del campo donde están los trabajadores, comienza un tiempo de preparación, de educación y de instrucción, y cada uno debería volverse experto en esa área.
Los agricultores saben cómo preparar la tierra, cómo plantar la semilla, cómo segar y cómo cosechar, dice el Señor. Ellos se preparan para que, cuando realicen su trabajo, sepan lo que están haciendo y por qué lo hacen.
Lo mismo espero de mis hijos, dice el Señor. Quiero que sean entendidos en lo que hacen. Quiero que se formen para responder con responsabilidad al llamado que les he hecho. En todo lo que hagan en el área en la que están trabajando o en la que van a trabajar, quiero que sepan por qué lo hacen.
Hoy hablo esto porque muchos de ustedes no saben lo que están haciendo, dice el Señor. Quizás han sido llamados, pero no instruidos en el área de su llamado. Sienten un fuego en sus corazones, y ciertamente es un fuego de llamado, pero no han estudiado en la Palabra acerca de lo que tienen que hacer. No se han educado en el área en la que tienen que trabajar y no saben lo que están haciendo.
Noelia: Estoy viendo a alguien que tiene armas filosas en las manos, pero está haciendo malabares con ellas porque no sabe cómo usarlas. Esta imagen significa que a muchos de ustedes el Señor les ha dado armas y herramientas para trabajar en la mies, en el campo de Dios, pero no saben cómo utilizarlas. A veces, queriendo hacer el bien, hacen el mal. Queriendo construir, destruyen por causa de la ignorancia y de la falta de formación.
Tienen que ser responsables con su trabajo celestial, dice el Señor. Tienen que dar pasos con convicción acerca de la dirección que tienen que tomar.
Hijitos, dice Dios, mi pueblo está pecando sin querer. Los míos se equivocan haciendo cosas de maneras que no les enseñé. Muchos no están instruidos en la materia en la que tienen que trabajar. Son como un niño al que se le encargó una tarea, pero que nunca fue a la escuela para saber cómo hacerla.
Yo veo las intenciones de los corazones y sé que mayormente no lo hacen porque quieran hacerlo así, dice el Señor, sino por el afán de responder rápidamente al llamado, por el miedo a no hacer nada, o quizás porque hay alguien que los empuja y se apuraron más de la cuenta.
Hay distintas razones por las que alguien puede equivocarse en la manera en la que responde al llamado, dice el Señor, y no todas esas razones muestran que esa persona tenga malas intenciones en el corazón. Pero eso no los guarda del error, porque los pecados involuntarios, pecados son. Tienen que ser conscientes de que hay leyes espirituales que quizás estén transgrediendo si no saben lo que están haciendo.
Algunos de ustedes están manejando cosas muy sensibles en las almas de los hijos de mi pueblo. Están tocando áreas muy delicadas en las personas a las que ministran, y no todos saben exactamente por qué hacen lo que hacen ni cómo tienen que tratar a esas almas preciosas.
[Colosenses 1:9-10] También nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios.
Noelia: El Señor me muestra que algunos de ustedes se apuraron en responder al llamado, cuando todavía no era el tiempo de caminar en esos zapatos. Tenemos que entender que, entre el momento en que Dios llama a una persona a servirlo y el momento en el que esa persona ya está lista para practicar esa profesión, a veces puede pasar mucho tiempo de preparación.
El Señor me dice que hay distintos casos. Hay personas que son llamadas e inmediatamente enviadas, pero esos casos son muy pocos. En la mayoría de los casos, después de que Dios llama a una persona, viene un tiempo considerablemente largo de preparación, de instrucción y de formación en esa área, hasta que esa persona entra plenamente a realizar la tarea para la que fue llamada.
Algunos de ustedes se equivocaron en el tiempo. El Señor los había llamado para algo específico, pero no siguieron la guía del Espíritu Santo, que les había indicado de distintas maneras que todavía no era el tiempo de caminar con esos zapatos. Ya los tenían, pero aún no debían usarlos.
El Señor me hace saber que recibir un llamado es a veces como si alguien te regalara un par de zapatos nuevos, específicos para ciertos terrenos: para ciertas tareas, para ciertas situaciones o para ciertos momentos. El Señor te regala esos zapatos nuevos cuando te llama a trabajar para Él, pero eso no quiere decir que ya tengas que ponértelos y usarlos.
Es como cuando alguien te regala unos patines de hielo, pero tú todavía no sabes cómo patinar. Los patines ya los tienes, como señal profética de que algún día vas a patinar, pero no debes usarlos hasta que primero aprendas cómo hacerlo, especialmente para guardarte de los golpes e incluso de lastimarte tan gravemente que no vuelvas a patinar.
A veces, si te apuras y entras antes de tiempo en el llamado que Dios te hace, puede pasar que nunca llegues a caminar en él. Los errores pueden ser graves y permanentes si no eres sabio y no te dejas guiar por el Espíritu Santo de Dios, que es el que te va a ayudar a responder a ese llamado y te va a decir cuándo entrar en esa actividad.
[Proverbios 19:2] El alma sin ciencia no es buena, y aquel que se apresura con los pies, peca.
Muchos de ustedes ya pueden sentir un fuego que arde. Ya saben cuál es el llamado. Incluso sienten la necesidad de experimentar esa plenitud de ser útiles para Dios, y se dicen a ustedes mismos: «Siento que tengo que serlo, pero no sé cómo, no sé cuándo, no sé de qué manera». Ese fuego está ahí, no mengua ni se apaga, pero no saben cómo responder a ese llamado que sienten en sus espíritus.
El Señor me dice que es el Espíritu Santo el que mantiene ese fuego encendido mientras la persona se prepara para responder al llamado. Pero no hay apuro en los tiempos del Señor. No hay que correr si el Espíritu Santo está diciendo que hay que caminar. No hay que avanzar si es tiempo de esperar.
Los maestros no se forman de un día para el otro. Después de recibir el llamado de Dios, en la mayoría de los casos viene un tiempo de escuela y de preparación donde el Espíritu Santo te va guiando y formando. Él debe ser tu primer Maestro. Él te va a ir entrenando, pero es tu tarea, tu responsabilidad, aprender a escuchar su voz y entender cómo Él te habla a ti de manera particular y personal.
El Señor dice que es tu deber invertir mucho tiempo en el cuarto secreto con Él para entender cómo sigue la historia. Es tu tarea edificarte a ti mismo mientras estás en esa escuela de Dios, donde Él te va preparando para que entiendas de qué se trata ese llamado, cómo se cumple, cuáles son los peligros, cuáles son tus derechos y tus obligaciones, y con qué cosas tendrás que ser muy cuidadoso al estar en la obra.
Hay muchas cosas que hay que aprender, dice Dios, pero mi pueblo no se prepara. Mi pueblo improvisa y no se vuelve un máster en aquello en lo que tiene que servirme. Mi pueblo no se toma en serio el ministerio que les doy. Mi pueblo piensa que una profesión de la vida diaria es más importante que una profesión celestial.
Mi pueblo quiere hacer carrera en sus profesiones mundanas, trabajando para el mundo, dice el Señor, pero no quiere subir de nivel en las profesiones celestiales para servir al Rey de reyes y Señor de señores. Mi pueblo hace cursos, estudia, viaja, gana experiencia y títulos honorables en sus trabajos de la vida diaria para ganar dinero en el mundo, pero cuando se trata de mis cosas, no sabe dónde está parado.
Por eso muchos son descartados, dice Dios, porque no se toman en serio la profesión en el reino de los cielos a la que son llamados y no se preparan para trabajar en esa área. Son irresponsables. Son rápidos para inventar, pero no para buscar en la Palabra los fundamentos de lo que tienen que hacer.
[Hebreos 5:12] Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido.
Cuando ustedes eligen una carrera en el mundo y ya saben a qué se van a dedicar, dice Dios, tienen claro que en algún momento tienen que entrar a una universidad u otra institución para que los prepare y los forme. Y tienen aún más claro que, si bien pueden comenzar con ciertas actividades antes, no van a ejercer esa profesión hasta que tengan el título en sus manos. Ese título no solamente representa la capacitación que ustedes hicieron durante esos años, sino que también avala lo que están haciendo. Tiene un peso legal en el mundo físico y también en el mundo espiritual.
Sin embargo, cuando se trata del trabajo para Mí, dice el Señor, no tienen ánimo para capacitarse y no quieren aprender. Muchos solo piensan en los púlpitos, donde quieren hacerse ver, y no meditan ni prevén que, si suben antes de tiempo, van a ser como un estudiante que aún no terminó su capacitación para hacer lo que está haciendo.
Van a ser como alguien que ejerce la medicina sin estar titulado, dice el Señor. Si en el mundo no hacen eso, mucho menos deberían comportarse así en el trabajo para el reino de los cielos, teniendo presente que las huellas que pueden dejar al trabajar en las cosas espirituales suelen ser mucho más profundas que las que dejan al trabajar en las cosas materiales.
Deben entender que a muchos de ustedes les estoy dando sueños donde se ven estudiando en una escuela, dice el Señor, a veces incluso como si fueran niños, porque ese es el estado profesional espiritual en el que están. Aún no están listos para ejercer la profesión y mucho menos para enseñar, pero muchos de ustedes se comportan como maestros cuando no han terminado su proceso de estudiantes y alumnos espirituales en la materia en la que tienen que obrar.
Los estoy llamando a recapacitar y a volver al cuarto secreto para inquirir en mis tiempos acerca de ese llamado que les he hecho, dice el Señor, porque algunos no están listos. Son como una fruta inmadura que aún no debe ser quitada del árbol, y los que la coman pueden sufrir indigestión.
Muchos de ustedes son como un árbol que no está en tiempo de dar fruto maduro, dice el Señor, y si invitan a otros a comer de su árbol, ingerir esos frutos que no están listos ciertamente les puede caer mal.
Tienen que entender que, para que un árbol dé buenos frutos, primero tiene que madurar el árbol mismo, y luego hay un tiempo para que el fruto también madure y esté listo para comerlo.
Tienen que estudiar el libro de Eclesiastés, dice el Señor, donde les he dejado una enseñanza sobre los tiempos, y también tienen que trabajar en la ansiedad para no equivocarse acerca de esos tiempos.
Noelia: El Señor me revela que a muchos de ustedes los está llamando a depender de alguien en ese aprendizaje, a sujetarse a una cabeza que los prepare para ese llamado. El Espíritu Santo les ha indicado que deberían sujetarse a alguien que ya pasó por ese proceso de aprendizaje y preparación espiritual, pero no han querido sujetarse porque piensan que pueden hacerlo todo por ustedes mismos.
Si bien hay una guía irreemplazable, un Maestro superior que nos enseña todas las cosas, que es el Espíritu Santo, el Señor a veces envía a otra persona para prepararte y ayudarte a madurar en el área en la que tienes que instruirte. El Señor a veces señala a ciertas personas para que sean los maestros de tu escuela espiritual hasta que estés listo para ejercer tu profesión en el Señor.
Pero muchos quieren ser autodidactas e independientes, y se quedan sin esa guía humana que Dios ha marcado y enviado para formarlos. Esto tiene mucho potencial de error y abre la puerta a muchas posibilidades de generar daño, incluso a abandonar el ministerio prematuramente por causa de los errores que se cometen en estos casos.
El Señor dice que ores y le preguntes: «Señor, ¿dónde debo instruirme en esto que me estás llamando a hacer? Señor, ¿con quién puedo aprender? Envíame con alguien que tenga la sabiduría con la que yo no cuento».
Una cosa es el llamado y otra cosa es contar con la sabiduría para responder a ese llamado, dice el Señor. Sean humildes y déjense enseñar por aquellas cabezas que he colocado por encima de ustedes.
Noelia: El Señor me hace saber que algunos de ustedes están confundidos, pensando que los prepara el Espíritu Santo o los prepara una persona, y no entienden que a veces pueden ser las dos cosas. Una no quita a la otra, y normalmente es el mismo Espíritu Santo el que envía la ayuda necesaria para prepararte, le indica a tu guía humana cómo trabajar en ti y te confirma que lo que esa guía hace viene de Dios. Es el mismo Espíritu Santo el que llama al alumno a entrar en la escuela y a elegir al maestro con el que va a tomar la clase, y el que llama al maestro a instruirlo.
El Señor dice que una cosa no quita la otra, y que muchos de ustedes están confundidos y descartan la guía de los hombres, aunque vemos muchos ejemplos bíblicos: Jesús con sus discípulos, Elías con Eliseo o Pablo con Timoteo.
Es un principio espiritual de discipulado, pero muchos de ustedes no quieren ser discípulos, no quieren ser alumnos. Algunos incluso creen que ya lo saben todo y que no necesitan ninguna preparación, porque el Señor los ha dotado de distintos dones espirituales, de cierta sabiduría y de cierto conocimiento.
Pero una cosa es tener el maletín de trabajo que uno necesita para realizar esa profesión, y otra cosa es saber cómo y cuándo usarlo. No alcanza con estar equipados con los dones espirituales para poder hacer las cosas bien. No alcanza con caminar en el poder de Dios para no cometer errores. Hay una enseñanza que se necesita aún más después de recibir esos dones espirituales, después de comenzar a caminar en ese poder.
[2 Timoteo 3:10] Pero tú has seguido mi doctrina, conducta, propósito, fe, longanimidad, amor, paciencia.
El Señor dice que hay cosas que un cristiano tiene que hacer y para las cuales no necesita la guía de otra persona. Pero hay otras cosas donde ciertamente hacen falta preparación, educación e instrucción, y donde uno debe ir con mucho cuidado, muy consciente de lo que está haciendo, para no generar caos y confusión.
Es el Señor el que está llamando a muchos ministerios a levantar escuelas de profetas, de pastores, de maestros, de evangelistas, de apóstoles. Es Dios el que está levantando estos edificios espirituales en estos últimos días para que sus hijos sean instruidos y preparados para la obra del ministerio.
[Efesios 4:11-12] Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo,
Es el Señor el que está llamando a los que ya son maestros a instruir a otros que todavía están en la etapa de alumnos. Cada uno de ustedes tiene que preguntarle a Dios a dónde tiene que ir, con quién tiene que aprender, cómo tiene que instruirse, cuál es la manera correcta de prepararse, hasta dónde aplicar o practicar lo que ya ha recibido y si tiene que detenerse si aún no es el tiempo o si todavía no sabe cómo hacerlo.
El Señor me hace saber que muchos de ustedes han tenido sueños en los que se ven aprendiendo con cierta persona, o han soñado que un ministro específico viene a sus casas y se queda a vivir con ustedes, o que ustedes van a la casa de un ministro específico y se quedan a vivir ahí.
Muchos se ven estudiando en escuelas o en universidades, o tienen sueños que tienen que ver con ser alumnos, con ser discípulos, con etapas de preparación, con temporadas de aprendizaje. En algunos casos, esto sucede porque el Señor los está guiando a través de esos sueños.
Si ustedes saben que tienen un llamado profético, ya deberían estar estudiando profundamente la Biblia acerca de todo lo profético, invirtiendo mucho tiempo en ayuno y oración para tener claridad acerca de la voz de Dios y de las maneras en las que Él habla, y para entender e interpretar lo que reciben cuando es una revelación simbólica. Deberían anotar y guardar en su corazón lo que reciben, si aún no es tiempo de compartirlo, hasta que Dios les indique directamente, a través del Espíritu Santo o de un preparador espiritual, qué tienen que hacer con eso.
El Señor me muestra que muchos son como esta generación cómoda que no quiere trabajar, que no quiere ganarse el pan con el sudor de su frente. Quieren recibirlo todo en bandeja y que Dios mande del cielo el maná que los alimente diariamente, incluso en el área que ustedes mismos deberían empezar a estudiar.
Así como son deseosos para su preparación profesional en el mundo, dice el Señor, también séanlo con las cosas celestiales. No jueguen a ser algo que todavía no son, porque el precio que podrían pagar es muy alto. El daño que pueden generar suele ser muy profundo y muy difícil de reparar, y a veces incluso imposible, porque no se puede volver atrás.
Tengan cuidado y no se hagan maestros cuando todavía no lo son, dice el Señor. Hay muchos hijos de mi pueblo que están enseñando cosas que no han aprendido de Mí, que no me han consultado y que no han investigado en las Escrituras: doctrinas inventadas, suposiciones sin fundamento.
[Santiago 3:1] Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación.
Noelia: Estoy viendo a un niño parado en la orilla del mar. El niño tiene una piedra en la mano y la tira al mar, generando ondas en el agua. Esto significa que sus acciones tienen un impacto en lo que los rodea, y que muchos de ustedes se están comportando como un niño que tira piedras al agua para ver hasta dónde llegan esas ondas.
El Señor dice que tomen conciencia de que están tratando con almas, a las que pueden traumatizar, lastimar, quebrar e incluso hacer que se alejen del Señor. Si están trabajando en ignorancia, sin haber sido instruidos, o incluso sin haber sido enviados por el Señor todavía, el Señor les dice en este momento a algunos de ustedes que deben frenar lo que están haciendo.
Pongan una pausa en lo que están haciendo y busquen al Señor en la intimidad. Pregúntenle si realmente están donde tienen que estar, si están caminando en su tiempo o en el suyo propio, si fue Dios quien los envió o si se enviaron ustedes mismos, o si se adelantaron a aquello que Él sí les mandó hacer, pero para lo cual aún no era el momento. Examinen también si están avanzando apoyados en su propio entendimiento o construyendo algo que Dios no levantó.
El Señor me hace saber que algunos de ustedes son como alguien que levanta un edificio que en cualquier momento puede derrumbarse, porque no es Dios el que lo edificó; es un edificio de hombres. Esto puede suceder incluso cuando Dios haya llamado a una persona a hacer algo, pero todavía no sea el tiempo de concretar ese llamado.
En vano trabajan los edificadores si no es Dios el que los llama a levantar esos edificios espirituales.
[Salmos 127:1] Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican. Si Jehová no guardare la ciudad, en vano vela la guardia.
Hay apóstoles que dicen que son apóstoles, pero aún no lo son, aunque tienen un llamado apostólico en su vida. Hay profetas que ya se hacen llamar profetas, pero aún no han sido diplomados en la escuela del Señor y todavía son aprendices de profetas.
Lo mismo sucede con los pastores. Algunos son como una fruta que todavía no está madura, pero les dan de comer a otros algo que aún no está listo ni es bueno para comer. Una cosa es ser aprendiz, y otra cosa es contar ya con ese diplomado celestial, con ese título que el Señor te concede cuando tu preparación está completa.
Normalmente, uno no empieza a ejercer el ministerio de un día para el otro. Podemos ver en la Biblia el ejemplo de David. Él fue ungido cuando era muy joven, pero pasaron muchos años hasta que llegó a ser rey, y mientras tanto el Señor lo preparó para ese cargo. Había sido ungido, tenía un llamado, pero todavía no era el momento de ponerse los zapatos de rey. El manto real, la corona, el cetro y el trono estaban preparados para él, pero todavía no era el tiempo de reinar.
Ustedes tienen que comprender los tiempos, dice Dios. Ustedes tienen que entender dónde están parados y hacia dónde van. Ese es su trabajo. Yo llamo, Yo preparo, Yo envío, Yo establezco y Yo constituyo, dice el Señor, pero hay una parte que tienen que hacer los míos: responder al llamado, dejarse instruir en él y entender en qué temporada están dentro de ese proceso espiritual.
Ustedes deberían desear ser los mejores en su materia, dice el Señor. Ustedes deberían volverse expertos en lo que están llamados a hacer.
Noelia: El Señor me revela que muchas veces el tiempo de preparación antes de ejercer la profesión depende de ustedes: de cuánto se preparan, de cuánto obedecen, de cuánto tiempo invierten en el estudio de la materia, de si realizan las prácticas antes de entrar en la profesión y de si han establecido una conexión íntima y real con el Espíritu Santo de Dios, el que nos guía en todas las cosas.
En este tiempo, de 30 alumnos que entran a una clase de matemáticas, dice el Señor, muy pocos se vuelven expertos y terminan enseñando esa materia a los demás. Esos son los que estudian en su casa las fórmulas que les enseñaron en la escuela. Esos son los que hacen sus tareas, los que investigan, los que siguen el ejemplo de otros matemáticos que ya son expertos en su materia, los que ponen el corazón en el asunto.
Muchos son llamados, pero pocos escogidos, dice el Señor, y los escogidos de entre todos los llamados normalmente son los más dedicados: los que más tiempo invierten, los que más en serio se toman la tarea, los que más se preparan, los que más se consagran, los que están dispuestos a cargar su cruz para seguirme a Mí, dice Jesús.
[Mateo 22:14] Porque muchos son llamados, y pocos escogidos.
Muchos entran a la clase, pero muy pocos terminan la escuela, dice el Señor. Y aún hay otros que, habiendo terminado la facultad, no ejercen aquello que estudiaron. En una misma clase, algunos avanzan más rápido que otros en el aprendizaje. Hay otros que ni siquiera estudian lo que tienen que estudiar y por eso tienen que repetir el año o el grado.
Noelia: Por eso muchos de ustedes están soñando que vuelven a la escuela a repetir el año que ya hicieron. Es porque no aprendieron lo que Dios les quería enseñar. Tienen que volver a ver los mismos contenidos porque no aprobaron el examen que les permitía avanzar.
Dedíquense, estudien y amen eso en lo que tienen que prepararse, dice el Señor. Pídanme revelación si les falta, pero pidan aún más sabiduría celestial, porque muchos de ustedes son como alumnos que comenzaron a estudiar una profesión durante dos o tres años, y después abandonaron la carrera.
Hay un principio y un final para todas las cosas que no son eternas. Hay un primer día de clases y un último día, dice el Señor. Hay un alfa y un omega, un principio y un fin. Y hay un tiempo donde la puerta de la oportunidad está abierta, pero después se cierra.
No desperdicien las oportunidades que les doy para estudiar su materia espiritual. Aprovechen las puertas que Yo abro, dice el Señor. No malgasten el tiempo ni el esfuerzo en algo a lo que no tienen que dedicarse o que no tienen que estudiar.
Algunos de ustedes están equivocados de clase. Como no me buscaron a Mí para que Yo les muestre qué tienen que estudiar o en qué tienen que prepararse, se metieron en lo que a ustedes les parecía o les gustaba, pero están perdiendo tiempo y esfuerzo en algo a lo que no los llamé.
Deben meditar, escudriñar sus corazones y realmente buscarme, dice el Señor, para que Yo vuelva a dirigirlos y ustedes puedan redimir el tiempo, prepararse bien y volverse buenos en esa tarea que tienen que hacer.
Hijitos, dice el Señor, mi pueblo no sabe lo que hace. Mi pueblo peca y mete las manos donde no las tiene que meter. Y así como Saúl se metió en un ministerio que no le correspondía, y eso generó consecuencias graves e irrevocables para su vida, muchos de ustedes podrían terminar igual.
[1 Samuel 13:8-9] Y él esperó siete días, conforme al plazo que Samuel había dicho; pero Samuel no venía a Gilgal, y el pueblo se le desertaba. Entonces dijo Saúl: Traedme holocausto y ofrendas de paz. Y ofreció el holocausto.
[1 Samuel 13:13-14] Entonces Samuel dijo a Saúl: Locamente has hecho; no guardaste el mandamiento de Jehová tu Dios que él te había ordenado; pues ahora Jehová hubiera confirmado tu reino sobre Israel para siempre. Mas ahora tu reino no será duradero. Jehová se ha buscado un varón conforme a su corazón, al cual Jehová ha designado para que sea príncipe sobre su pueblo, por cuanto tú no has guardado lo que Jehová te mandó.
No se llamen algo que no son. No caminen en algo para lo que aún no están listos. No inventen nuevas doctrinas que no están basadas en las Escrituras y no creen métodos nuevos que Yo no les he revelado. En algunos casos, es el enemigo el que les está enseñando cosas falsas por estar fuera de su llamado, por hacer lo que ustedes quieren hacer y no lo que Yo les digo que hagan. Corríjanse, dice el Señor.
Mi pueblo tiene que ser sabio y saber lo que está haciendo, por qué lo está haciendo y quién lo mandó a hacerlo, dice Dios. Pero muchos están equivocados: están en un trabajo donde no deben estar o en un tiempo equivocado, y se convierten en falsos maestros, falsos profetas, falsos apóstoles, falsos pastores o falsos evangelistas.
Ustedes tienen que saber quiénes son, cuál es su identidad en Cristo Jesús, en qué tiempo están y hacia dónde van. Busquen dirección y pídanme a Mí que les revele lo que les falta, y Yo les enviaré ayuda, dice el Señor.
Noelia: Estoy viendo ahora a un doctor vestido con su ambo y con su maletín de trabajo en la mano. El doctor va confiado a trabajar al hospital, porque sabe que los años de estudio lo respaldan, porque sabe que su nombre está escrito en un registro de médicos matriculados. El doctor sabe que, cuando escribe una receta y pone su sello y su firma, no está haciendo cualquier cosa, porque se preparó años para eso.
El doctor tiene la conciencia limpia y está tranquilo, porque cuenta con un diploma para hacer lo que está haciendo, dice el Señor. Pero a muchos de ustedes la conciencia los persigue. No están tranquilos y no tienen paz, porque hasta sus conciencias les están avisando que están donde no tienen que estar, que están ejerciendo una función que Yo no les indiqué ejercer o que todavía no están listos para ejercer.
Entonces, son como médicos fraudulentos, como estafadores que les venden a sus pacientes que ya son doctores cuando todavía no lo son. Están incurriendo en falta porque no están listos, preparados ni avalados por mi Espíritu para trabajar en lo que están trabajando para Mí, dice el Señor.
Son como empleados que se invitan solos a una empresa, pero nunca se les dio ese trabajo y no pertenecen a ella. Son como gente que se pone un uniforme de policía, pero no conoce las leyes. Son como niños que juegan a ser bomberos o astronautas, pero ni siquiera tienen conciencia de lo que esas profesiones conllevan.
Bajen a tierra, dice el Señor. Pongan sus pies en el piso. Sean serios en lo que hacen, caminen con peso y ya no sean livianos en los trabajos de mi casa.
Noelia: Veo ahora una iglesia donde hay gente vestida de distintas maneras, representando distintas profesiones dentro de ese lugar. Pero muchos son falsos y se hacen pasar por algo que no son. Algunos se hacen llamar pastores, pero no están llamados al pastorado, y otros tienen un llamado genuino, pero aún no son pastores, sino alumnos en una escuela que prepara a personas para pastorear.
Muchos no tienen conciencia de estas cosas, porque pueden ser muy sutiles y no tan fáciles de reconocer, y no entienden las consecuencias que puede traer hacer algo que Dios no nos llamó a hacer o apurarse a ejercerlo. Por eso Dios está hablando ahora por misericordia de sus hijos, para que ellos no generen en sus vidas más aflicciones de las que ya conlleva seguir a Cristo. El Señor no quiere que sufras más de la cuenta ni que hagas sufrir a otros. Tampoco quiere que, por causa de tu rebelión, seas talado en esa área a la que Él algún día te llamó.
Dios me hace saber ahora que, cuando uno quiere entrar en un llamado antes de tiempo simplemente porque tiene ganas de hacerlo, y no espera los tiempos de Dios, eso es una forma de rebelión contra el Señor, porque el Señor indica que aún no es el tiempo, que hay que esperar y que falta preparación para responder a ese llamado.
[Hechos 24:16] Por esto procuro tener siempre una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres.
Me vuelve a venir a la mente el ejemplo de Samuel que compartí al principio, donde Samuel presidía a todos esos profetas en esa compañía de profetas que profetizaban. En una compañía así hay algunos que ya están llamados a liderar, que ya están listos, que pasaron por muchas cosas y que ya tienen una experiencia lista para compartir. Pero hay otros que no tienen ese proceso, que aún están crudos, y la comida no se puede sacar del horno antes de tiempo.
Hay un tiempo para todo, dice el Señor.
Noelia: Gracias por esta palabra, Señor. Gracias por las escuelas de preparación ministerial que estás levantando en este tiempo, Padre.
Te pido que guíes a tu pueblo, en el nombre de Jesús, que les sigas hablando por sueños, visiones, palabra profética o por su conciencia. Te pido que pongas fuertemente en sus espíritus lo que tienen que hacer o dejar de hacer, y que les quites toda duda a los que están apurados y están saltando en vez de dar los pasos que tienen que dar. Te pido que les muestres una clara señal de stop para que no se lastimen ni se golpeen, Señor, y para que el diablo no tome ventaja de esa rebeldía, de esa falta de sincronización con tu Espíritu.
Padre, gracias por estas escuelas que estoy viendo. Gracias por los sueños que les das a tus hijos. Dale paz a todo aquel que sí está donde tiene que estar, que sí se ha preparado, que ha estudiado, que conoce su identidad en Cristo y sabe cuál es el tiempo del llamado en el que está. Señor, confirma las preguntas que tus hijos te están haciendo ahora. Envía respuestas a esas preguntas.
Gracias, Señor, porque no dejas a tus hijos en la oscuridad, sino que alumbras su camino para que sepan a dónde tienen que ir. Te pido que solo quede la luz de tu guía en sus vidas y que todo el resto se vuelva oscuro, para que se den cuenta cuando salen de ese haz de la guía del Espíritu Santo y vuelvan a las sendas correctas para sus vidas.
Dios mío, a los que son ansiosos, te pido que los ayudes a divorciarse de esa ansiedad, a ser libres de ese apuro y a entender que hay un tiempo para todo. A los que estás llamando recién ahora, ayúdalos a responder con anhelo a ese llamado y a dejarse instruir por tu Espíritu, y quizás también por una guía humana.
Padre celestial, bendice a tus hijos que ahora muestran sus manos diciéndote: «Yo quiero servirte, pero no tengo llamado». Oh, Padre celestial, ayúdanos a terminar la preparación, a ser sabios y a no ejercer algo antes de tiempo, incurriendo en error.
El Señor me revela que algunos de ustedes tienen que ayudar a otros primero, así como Eliseo sirvió a Elías. En este tiempo, Dios está llamando a algunos de ustedes a servir a alguien, y esa es la escuela por la que tienen que pasar, porque mientras sirven a esas personas ven el ejemplo de lo que ustedes van a tener que hacer.
Ubíquense, oren y presten atención, y no desperdicien los recursos que les he dado, dice el Señor.
Noelia: El Señor Jesús me muestra su gran amor por nosotros. Él se preocupa por nosotros y por eso da hoy este mensaje de corrección para muchos. El Señor te abraza y te consuela en este momento. Si cometiste errores en la profesión celestial que pensabas que tenías, pero te arrepientes y le pides perdón al Señor, Él te va a perdonar, te va a restaurar y te va a ayudar con los problemas que creaste.
Si tu quebranto y tu arrepentimiento son genuinos, aún hay tiempo, dice Dios.
Noelia: El Señor me muestra un ejemplo de la vida diaria. Un joven entra en una universidad para estudiar cierta profesión, pero después de dos o tres años se da cuenta de que esa no es su vocación; entonces deja la universidad y se anota en otra cosa. Y lo mismo pasa espiritualmente.
No es tarde para corregir tus caminos acerca de tu profesión espiritual. No es tarde para salir de una vida seca donde no vas a ver el aval de Dios, donde Él no va a ir contigo a hacer eso que vas a hacer, donde vas a ser como un árbol que no lleva fruto por estar en un lugar donde no tienes que estar, como una pieza del rompecabezas puesta en un lugar donde no encaja.
Aún no es tarde para corregirte y para descartar eso que en el fondo de tu corazón sabes que no es para ti o que no es tiempo de hacerlo como lo estás haciendo, dice el Señor.
Noelia: El Señor te va a ayudar, el Espíritu Santo te va a guiar, y donde estés te vas a sentir pleno. Vas a tener paz y vas a tener convicción en tu espíritu de que eso es lo que tienes que hacer.
El Señor va a respaldar ese estudio que hagas a nivel espiritual, y vas a ver sus señales. Él te va a hablar por sueños, por visiones, a través de la Biblia o por otras personas, una y otra vez, en cada paso que des. Dios se va a encargar de mostrarte su mano extendida, y vas a tener paz y vas a dar buenos frutos.
Gracias, Señor, por esta palabra de edificación a la iglesia. Amén y amén.
