Bendiciones en el precioso nombre de Cristo Jesús. Estoy aquí nuevamente, comunicando a las naciones lo que el Señor quiera hablarles, pero más que nada para dar testimonio de Jesús, porque la Biblia dice:
[Apocalipsis 19:10] Yo me postré a sus pies para adorarle. Y él me dijo: Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía.
Este es el versículo que el Espíritu Santo me dio antes de ingresar en este directo. El testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía, y el Señor hoy dice así a todo aquel que tenga oídos para oír y sed de escuchar su voz:
Amados míos, dice Jesús, Yo soy el camino, la verdad y la vida. Todo es a través de mí, todo es por mí y todo es para mí. Ustedes tienen que entender que las profecías que están plasmadas en los rollos que pertenecen a la Biblia apuntan hacia mí. Ellas me revelan. Ellas muestran misterios sobre mí.
Yo soy la causa, dice Jesús. Yo soy la transición entre el antes y el después de llegar al Padre, porque nadie viene al Padre si no es por mí.
[Juan 14:6] Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.
Yo soy el camino al Padre, dice Jesús. De mí hablan las Escrituras. Sobre mí profetizaron los profetas de la antigüedad, y sobre mí profetizan los profetas modernos.
Amados míos, Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí, dice Jesús. Todo lo que el Padre hace apunta hacia mí. El propósito de las profecías es revelar mi persona, y actualmente el Padre sigue utilizando voces proféticas a las naciones para revelar mi persona.
Noelia: Y también me viene el pasaje de Apocalipsis:
[Apocalipsis 1:1-2] La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan, que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto.
Toda profecía debe apuntar a la revelación del Hijo de Dios, dice el Señor. Todo lo que se habla en el nombre de Dios debe pasar por la persona de su Hijo. Toda revelación sobre lo que viene tiene que apuntar a la revelación del Hijo de Dios.
Ustedes deben pesar las profecías acorde a este criterio, dice el Señor, y si un profeta habla de lo porvenir, pero no me revela a través de esas palabras proféticas, entonces puede ser que el espíritu que esté detrás de esa inspiración no venga del Padre, sino de otra fuente.
Todo lo que estoy revelando que viene al mundo, lo que estoy anunciando en estos tiempos postreros, ya lo anuncié anteriormente, y el fin de todas las cosas que estoy advirtiendo tiene que ver con la revelación final de mi persona, dice Jesús.
Noelia: El Espíritu de Dios me hace saber que esto está conectado con la revelación de Jesucristo como el Mesías a todo Israel, cuando sus vendas caigan, como está escrito, en el momento de la revelación final de Jesucristo para Israel, cuando todo ojo lo verá y toda lengua confesará que Él es el Señor.
[Apocalipsis 1:7] He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén.
Lo que habla el Señor ahora tiene que ver con ese momento, porque el camino que estamos transitando ahora lleva a la revelación total del Señor Jesucristo, del Hijo de Dios, del Salvador, del Redentor del universo, que hoy está caído, que hoy está contaminado, que hoy está pervertido, pero que va a ser redimido.
Adórenme, dice el Señor. Adórenme, hijitos, porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía. No se pierdan en caminos de teología y no se pierdan en escatología cuando estas cosas no apunten a la revelación de mi persona, porque todo debe apuntar a mí, dice el Señor. Yo soy lo primero. Yo soy la puerta. Yo soy la entrada, dice el Señor, y toda palabra profética tiene que iniciar en la revelación de mi persona y tiene que concluir en la revelación de mi persona.
Noelia: El Señor dice que va a llegar un momento donde no va a haber nadie que no tenga la revelación de Jesucristo. Va a llegar un momento donde nadie se va a quedar sin saber que Él es el Hijo de Dios. Ya sea que para el momento de esa revelación total de quién es Él algunos sean salvos y otros no, de igual manera no va a haber nadie que se quede sin saber que Jesús, el que vino a entregar su vida por muchos, era el Mesías y el Hijo de Dios.
Ahora existe una revelación parcial de quién es el Señor Jesús, pero para ese entonces va a haber una revelación total de quién es Él, y todos van a saber que Él era el enviado, que Él era el ungido de Dios, que Él era el elegido de Dios para redimir al mundo de sus pecados.
[Hebreos 8:11] Ninguno enseñará a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor; porque todos me conocerán, desde el menor hasta el mayor de ellos.
Así que la iglesia del Señor tiene que entender que lo que está sucediendo ahora en el mundo, y que se va agudizando y complejizando, va a llevar a los buenos y a los malos a la revelación total de Jesús como el Hijo de Dios.
Su gloria se verá manifestada, y nadie dejará de ser testigo de esa gloria que se verá manifestada a través de su resplandor. Todo ojo lo verá y toda lengua va a confesar que Jesús es el Señor y que es el Hijo de Dios.
[Romanos 14:11] Porque escrito está: Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará a Dios.
El Señor quiere hacerle entender a su pueblo que todo lo que su pueblo tiene que vivir, todo lo que su pueblo tiene que pasar —la tribulación que viene para su pueblo, la angustia, la prueba, el lloro, el quebranto, el fuego purificador— es un camino hacia la revelación total de Jesús.
Es un mensaje de esperanza lo que el Señor está hablando en este momento para aquellos que solo se centran en la aflicción actual, que solo piensan en el dolor que nos espera al pasar por esta prueba final que viene, y no están entendiendo ni enfocándose en el objetivo final de esta tribulación, que es la revelación total de Jesucristo como Mesías, como Señor, como Salvador y como Hijo de Dios.
[Isaías 53:1-12] ¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová? Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos. Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido. Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca. Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos. Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores.
Alabado sea el Señor por este pasaje revelador de la persona de Jesús, de Aquel que fue crucificado por nuestras rebeliones, de Aquel que se entregó por nuestra maldad, de Aquel que llevó ese madero por ese camino largo y extenso, difícil, cansador y doloroso, que hoy se sigue recordando cada año en Jerusalén en este tiempo.
Oh, Señor, todo se trata de ti, amado Jesús. Tú eres la revelación más importante de todas, Señor. Tú eres esa copa que hemos de beber cada vez que recordamos tu sangre. Tú eres ese pan que hemos de partir al celebrar la comunión, Señor, recordando la entrega de tu cuerpo en ese madero.
Todo se trata de ti, Señor, porque Tú fuiste ese cuerpo colgado allí, rasgado por nuestras iniquidades, para salvarnos de nuestras inmundicias. Tú eres ese camino que hay que caminar y resistir hasta el final para obtener ese trofeo que es la vida eterna. Tú, Señor, eres esa puerta por donde hemos de entrar para llegar al Padre.
Todo se trata de ti, Jesús, Cordero inmolado por nuestras maldades por su propia voluntad, sin abrir la boca, recibiendo golpes y azotes, burlas y vituperios; al cual escupieron, golpearon y maltrataron. Todo lo diste en esa cruz del Calvario, Señor.
Por eso el enemigo quiere eliminar la ciudad de Jerusalén, porque ese lugar santo vio esa muerte y esa resurrección, por lo cual hubo un antes y un después, no solo para muchos de nosotros, sino para la redención del mundo, porque el pueblo asentado en gran oscuridad vio gran luz.
Tú eres el motivo de la celebración de estos días, Señor. Tú eres ese cordero de Pesaj, Señor. Tú eres el motivo de estas Pascuas; Tú y solo Tú, Señor.
Y hoy estoy aquí para recordar que Tú eres esa luz que se enciende en medio de la oscuridad del mundo, Señor. Hoy estoy aquí para que a través del espíritu de la profecía se dé testimonio de que Tú fuiste colgado por nuestras rebeliones, de que Tú llevaste nuestras enfermedades y nuestra muerte, Señor, porque a través de ese sacrificio veremos nuevamente la luz de la vida y seremos resucitados en el día postrero.
Cuando vuelvas por tu pueblo, aquellos que estén en las tumbas se van a levantar primero por el poder de esa cruz, para que después los que estén vivos sean levantados y vivan para siempre contigo, oh Señor.
Tú eres la causa de todas las cosas, Señor. Oh, amado mío, hoy estoy aquí simplemente para dar testimonio de Tu gloria, para dar testimonio de que Tú eres el Hijo de Dios, porque de eso se trata toda palabra profética, Señor.
De nada sirve un ministerio profético que no habla de Tu persona y que no apunta a tu honra y a tu gloria, Señor. Tú eres la inspiración de todo profeta. Tú eres el fin de toda profecía, Señor. El motivo de todo don de revelación eres Tú, Jesús.
Te amo, Señor. Revela a Jesús en este momento a todo aquel que aún esté velado, Señor. Que en este momento sea quitada toda venda de todo ojo ciego, y que se abra todo ojo que está cerrado para no verte.
Oh, amado mío, revélate en este momento, a través de esta adoración profética, a todo aquel que no te ha conocido, a todo aquel que pensaba equivocadamente que tenía que venir a escuchar estas palabras proféticas solamente para saber lo que viene, porque el fin de este ministerio eres Tú, Señor. Este servicio es en primer lugar un servicio a ti, y en segundo lugar a los hermanos y a todo aquel que quiera conocerte, Señor. Tú eres el número uno. Tú eres el objetivo de toda palabra profética, Señor.
Recuérdale a través de esta ministración a todo aquel que está escuchando, de qué se trata la revelación, a qué apunta toda profecía del futuro, en qué consiste un ministerio profético, Señor. Recuérdale que en primer lugar se establece para glorificar tu nombre y para revelar al Hijo de Dios a las naciones.
Tú eres la luz del mundo, Señor, que aún alumbra a todo aquel que está en oscuridad, y hoy vengo aquí para dar testimonio de tu persona: Jesús de Nazaret, aquel que vino como hombre, aquel que caminó sobre esta tierra, bajando para ponerse en nuestros zapatos, para saber lo que se siente estar en este cuerpo.
Tú, Señor, te rebajaste por nosotros en ese sentido. No te importó caminar como hombre, como Hijo de Hombre, dejar tu gloria para experimentar lo que es estar en este cuerpo de carne y hueso, para experimentar el dolor en carne propia.
Señor, ¿cómo no vamos a glorificar tu nombre en este tiempo? ¿Cómo no vamos a recordar que Tú eres la motivación de toda profecía? A ti debemos adorar, porque Tú eres Dios, que viniste como hombre para mostrarnos el camino al Padre, Señor, pasando por sufrimientos inigualables, siendo completamente inocente, sin manchas, sin pecado; y nunca hiciste maldad, como dice Isaías 53.
Aquella luz verdadera que alumbró a todo hombre vino a este mundo para hacerse conocer como el Salvador, para mostrarle al hombre el camino de la salvación. Todo lo diste, Señor, y por eso hoy vengo a recordarle a todo aquel que sigue a este ministerio, a todo aquel que escucha las palabras proféticas que Tú me hablas, que no se trata de mí, que no se trata de ellos, que no se trata de lo porvenir, sino que se trata de ti.
Señor, reubica a todos los hermanos que venían a saber el futuro y nada más, olvidándote de ti, Señor, porque ese es un camino peligroso que lleva al error, que lleva a la desviación, que lleva a deslizarse, que lleva al ocultismo, a la adivinación, a la brujería, porque los brujos no te adoran, no se enfocan en ti ni pasan por tu revelación para anunciar lo que viene. Tú no eres el propósito cuando ellos adivinan el futuro, que también pueden hacerlo a través del poder que les concede el enemigo.
Señor, recuérdales en este momento a mis hermanos que estaban desconcentrados que este trabajo que estoy haciendo apunta a tu revelación, que cada palabra profética apunta a ti y te revela en algún aspecto distinto. Señor, ayuda a cada hermano que está escuchando y a cada persona que viene a buscarte, a conocerte o a entenderte. Muéstrales que en cada palabra que he hablado por tu Espíritu, Tú estás ahí, Señor, porque Tú eres el medio, y toda palabra profética anunciada para estos últimos tiempos abre una puerta a la redención.
Oh, Señor Jesús, de tu boca ciertamente saldrá una espada de doble filo en tu venida para juzgar a las naciones. De tu boca saldrá el Espíritu que aniquilará al inicuo. Y eso está anunciando este ministerio: que Tú eres el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último.
Tú, Señor, fuiste la motivación de la creación del mundo, Tú eres la motivación del fin del mundo como lo conocemos hoy, y Tú eres la razón de nuevos cielos y nueva tierra; Tú, Señor Jesús.
Todo aquel que profetiza debe hacerlo a través de tu revelación, porque Tú estás en aquel que profetiza, si verdaderamente eres Tú el que habita en él. Oh, Señor Jesús, dale discernimiento a todos mis hermanos para reconocer cuándo aquel que profetiza lo hace para dar testimonio de ti, a través del espíritu de la profecía, por el Espíritu de Dios.
Oh, amado mío, santo y glorioso, grande, perfecto, maravilloso Señor Jesús, Yo te pido nuevamente porque estoy viendo almas equivocadas que vienen a buscar revelación sobre sus vidas y respuestas para sus problemas, o para saber lo que va a pasar, como si vinieran a consultar a una adivina.
No estoy diciendo que Tú no puedas dar respuestas, Señor, que Tú no puedas revelar lo porvenir o dar soluciones a esos problemas. Ciertamente lo haces, pero la motivación del corazón de todo aquel que busca estas cosas tiene que apuntar a ti.
Oh, Señor, corrige en este momento a todo aquel que estaba desviado de la verdad, porque Tú eres la verdad, y hoy estoy en este vivo para dar testimonio del Hijo de Dios, porque ese es el propósito de lo profético.
El propósito de lo profético no es glorificar al profeta. El propósito de lo profético no es competir con otros profetas para ver quién profetiza más y mejor, quién tiene más puntería en las profecías. El propósito de lo profético no es en primer lugar revelar el futuro o lo escondido de los corazones.
El propósito principal de lo profético eres Tú, Señor Jesús: hablar de ti, adorarte a ti, buscarte a ti, conducir hacia ti a todo aquel que escucha las palabras proféticas. El propósito de lo profético es encaminar al que estaba torcido en ese camino que lleva hacia ti, Señor Jesús. El propósito de lo profético es corregir al que estaba torcido para enderezar su sendero, Señor.
Toda profecía debe apuntar hacia ti, y todo ministerio que se pierda de esa revelación del Hijo de Dios va por mal camino.
Oh, Señor, no permitas que nos pase eso. Revélate en este momento, Señor. Revela tu amor. Revela tu compasión. Revela tu piedad y tu perdón a todo aquel que no te conocía. Revélate como Salvador para muchos que escuchan esta palabra. Revélate como Salvador para los que tienen miedo de lo que viene en los tiempos postreros, Señor. Revélate como Padre para todo aquel que se siente huérfano.
Revélate, Señor. Revélate en cada palabra que leen mis hermanos en la Biblia. Revela la cruz a todo aquel que no entendió lo que pasó en ese día de la resurrección. Señor, revela el valor de tu sangre y el poder que hallamos en ella todos aquellos que nos hallamos inscritos en el libro de la vida.
Señor, hoy doy testimonio de tu persona: Consejero fiel, Príncipe de paz, el más hermoso de los hijos de los hombres.
Veo al Señor Jesucristo suspendido en el aire, con las manos abiertas, mostrando su gloria, resplandeciente más que el sol, con una luz inigualable, glorificado más que todas las cosas. Y alrededor del mundo veo muchos profetas que tienen un ministerio profético, y muchos hermanos y hermanas que tienen don de profecía. Y veo que todas las palabras que salen de sus bocas se dirigen hacia el Señor.
El corazón de todo aquel que profetiza debe anhelar la revelación de Jesucristo. El corazón de todo profeta debe arder con fuego de amor por el Hijo de Dios. Esa es una de las formas más seguras de mantenerse en el camino de la rectitud y de guardarse del error: amar con todo nuestro corazón al Hijo de Dios, mantenernos concentrados en que Él sea el foco, en que Él se mantenga sentado en el trono de nuestro corazón, recordarnos día a día que Él es Rey de reyes y Señor de señores.
Hijitos, dice el Señor, anhélenme y pónganme primero, antes que la profecía inclusive, porque la profecía va a cesar y las lenguas van a parar, pero nunca van a dejar de adorarme a mí aquellos que me hayan entregado sus vidas, aquellos que se hayan dado vuelta de sus pecados y se hayan convertido a mí.
[1 Corintios 13:8] El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará.
Noelia: El Espíritu me revela que, cuando la Biblia dice que el amor nunca deja de ser, no se refiere solo al amor en sí, sino también al amor que nosotros profesamos al Hijo de Dios y que vamos a seguir profesando aun después de ser redimidos.
Vamos a dejar de profetizar, porque profetizar ya no va a ser necesario cuando habitemos en su presencia en la nueva Jerusalén. Ya no va a hacer falta profetizar o hablar en lenguas, pero sí vamos a continuar adorando y amando a Jesús.
Así como la adoración celestial nunca cesa y nunca deja de ser, de la misma manera nuestro amor por Él nunca va a dejar de ser demostrado y nunca debe dejar de ser demostrado, ni en la tierra, ni en el cielo, ni en la nueva tierra y el nuevo cielo.
El Espíritu de Dios me sigue diciendo que el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía; es la razón de la profecía, el objetivo de la profecía y el propósito de la profecía.
El Señor me hace saber que esta palabra profética es para muchos de ustedes que se estaban confundiendo, que se estaban desviando, que se estaban concentrando más en la profecía que en Jesús. Algunos tienen que arrepentirse de esto, porque es como adorar la profecía y lo profético en vez de adorar a Jesús.
El Señor dice que hay que tener cuidado con obsesionarse con lo profético, especialmente con las palabras proféticas que hablan sobre lo porvenir. El Señor dice que escuchar palabras proféticas sobre lo porvenir tiene que hacerse sin dejar de ponerlo primero a Él, sin dejar de rendirle adoración primero a Él, sin descuidar el cuarto secreto para amarlo a Él, y que el corazón de todo aquel que ama lo profético debe estar fundamentado, direccionado y consagrado a Jesús, al Hijo de Dios.
El Señor me hace saber que aquellos de ustedes que están idolatrando a distintos profetas y que han reemplazado la figura de Jesús por ciertos profetas tienen que arrepentirse por esto, porque hasta han comenzado a escuchar más a ciertos profetas que a leer la Biblia, donde se habla sobre Jesús. Han dedicado más oído a las profecías de los profetas actuales que a la voz del Espíritu Santo, que revela al Señor Jesús.
El Señor me dice que tienen que arrepentirse de esto, porque han quitado sus ojos del Señor Jesucristo para ponerlos en los profetas actuales.
Tienen que arrepentirse de esta idolatría, porque me han reemplazado a mí, dice el Señor Jesús. Los he perdido. Han perdido su atención en mí.
Yo soy el camino, no esos profetas. Yo soy el camino a la resurrección, dice el Señor, no esos profetas. Aunque las palabras proféticas que ellos reciben los guíen por ese camino a la resurrección, ellos no son el camino, sino Yo.
Por lo tanto, arrepiéntanse de idolatrarlos a ellos y de dejar de adorarme a mí, de prestarles más atención a ellos en este último tiempo que a mí, dice el Señor.
Yo soy la verdad, dice el Señor. Ellos pueden equivocarse, pero Yo no. Ellos pueden errar, pero Yo no. Ellos no les van a conceder la vida eterna, pero Yo sí. Ellos no fueron al madero entregando sus vidas por ustedes, sino solamente Yo. Su sangre no es el precio que se ha pagado por sus almas para salvarlas, sino solo la mía.
Arrepiéntanse de idolatrar lo profético, arrepiéntanse de idolatrar a los profetas y vuelvan a ponerme primero, dice el Señor Jesús.
[Hechos 10:25-26] Cuando Pedro entró, salió Cornelio a recibirle, y postrándose a sus pies, adoró. Mas Pedro le levantó, diciendo: Levántate, pues yo mismo también soy hombre.
Noelia: Esta palabra profética es una palabra que llama a todo aquel que se había desviado en su corazón, en su mirada, en su intención; que había desviado su atención fuera del Señor Jesús hacia otra persona, hacia la revelación o hacia cualquier cosa que sea profética, a volver al camino recto y a volver a colocar en el trono de su corazón a la razón de todas las cosas, a la raíz de David, a Jesús de Nazaret, y a darle la gloria a Él.
Hay una línea muy fina entre amar la profecía y adorar la profecía, dice el Señor. Hay una línea que se cruza muy fácilmente cuando uno se entusiasma con las cosas proféticas. Es muy fácil perderse. Es muy fácil caer en ese error, del cual el diablo no pierde tiempo para tomar ventaja cuando uno deja de leer la Biblia para escuchar únicamente profecías; cuando uno deja de buscar en primer lugar la revelación del Espíritu de Dios para su vida y empieza a buscarla en otra persona; cuando uno se obsesiona con saber lo que va a venir y lo pone en primer lugar, en vez de poner el 100 % de su atención en el Salvador y en la obra de la redención de la cruz.
El Señor dice que es muy fácil cruzar esa línea fina, y este es un llamado a que su pueblo profético tenga cuidado y se mantenga balanceado.
El Señor dice que, en estas fechas de Pesaj, cuando el pueblo judío conmemora que fue sacado de la tierra de Egipto, de la esclavitud, para ir a la tierra prometida y encontrar la libertad en Él, Él está llamando a muchos que están esclavizados por las cosas de las que está hablando, para llevarlos a la libertad que concede su revelación.
En estas fechas, cuando su pueblo judío por espíritu recuerda la resurrección de Yeshua, el Salvador, para redimirnos de entre los muertos, nosotros deberíamos estar recordando el partimiento de su cuerpo y el derramamiento de su sangre al celebrar la Cena del Señor en estos días.
Este es un llamado de parte del Señor a volver nuestra mirada a Él y a poner otra vez en primer lugar la revelación del sacrificio de la cruz. Este es un llamado a reubicarnos, a volver a concentrarnos en lo que de verdad importa, en lo que permanece para siempre, en lo duradero, porque lo terrenal va a pasar. Lo visible va a cambiar y va a dejar de ser para darle lugar a algo nuevo, pero lo eterno va a permanecer para siempre.
El Señor se refiere con esto a que lo profético va a dejar de ser. Las profecías van a parar cuando ya no sean necesarias, porque para ese momento la revelación de Jesús ya no va a ser parcial como ahora, sino total, y entonces no va a ser necesario profetizar. Pero mientras tanto, todo tiene que dirigir la mirada a Él y a la revelación de lo que sucedió en esa cruz del Calvario.
El Espíritu me dice que nuestra vida sea un testimonio de Jesucristo, y que debemos dar testimonio de lo que Él ha hecho en nuestras vidas, de cómo Él nos ha rescatado, de cómo Él nos ha cambiado, de nuestro antes y nuestro después.
[Apocalipsis 12:11] Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte.
