Dios te bendiga y te guarde, amado pueblo de Yeshua. Aquí estoy de nuevo, como voz profética a las naciones, hablando lo que el Señor quiere hablar, avisando lo que veo desde lejos y alertando sobre lo que el pueblo necesita saber para estar preparado y resistir las pruebas por las que va a pasar en estos últimos tiempos.
El Señor me dijo: Hija, habla y no calles. Presta tu boca para el reino de los cielos. Sé valiente y no tengas miedo, porque eres mi instrumento escogido para las naciones, por medio del cual alerto a los míos sobre lo que está a punto de suceder y les recuerdo lo que está determinado para estos tiempos.
Hija, ve y sé mi atalaya, porque te he puesto en esa torre alta para que veas lo que viene y alertes a los míos, para que mi iglesia se prepare en estos tiempos de apostasía, en estos tiempos peligrosos, engañosos, mágicos.
Noelia: Eso es lo que está haciendo el diablo en este tiempo: artimañas, trucos, disfrazándose de algo que no es. Les vende a los hijos de Dios una mentira, para que tal vez coman de ese pan contaminado y no sean capaces de distinguir lo verdadero de lo erróneo.
Hijitos, tengan cuidado, dice el Señor, porque delante de ustedes hay puesta toda una escena que, si en realidad se acercan más a ese escenario que parece perfecto desde lejos, se van a dar cuenta de que es tan solo un cuadro pintado, de que no es real, de que es una mentira, una ilusión.
Noelia: Ahora veo una obra en un teatro, donde hay un mago que genera ilusiones por medio de sus trucos mentirosos, y escucho la palabra «magia». Magia es hacer creer algo que no es, y eso es lo que está haciendo el enemigo en estos últimos días: tirar un polvo mágico en los ojos de las personas para que vean lo que él quiere que vean y crean lo que él quiere que crean, y así no puedan distinguir lo real de lo ilusorio.
Oh, hijitos, dice el Señor, presten atención, porque estamos entrando en una etapa trágica en la historia de la humanidad, una etapa nunca antes vista y tremendamente engañosa, como cuando alguien vende a una persona algo que no es, como cuando un vendedor estafa a un cliente vendiéndole un producto que le dijo que era de tal o cual manera, pero que en realidad no lo era.
Hijitos, abran los ojos, dice el Señor, porque el diablo les está vendiendo en este tiempo ilusiones y ustedes están comprando esas mentiras. ¿Acaso no dice la Palabra: «Examínenlo todo, retengan lo bueno y desechen lo malo»? ¿Por qué mis hijos no están examinando todo si ya he avisado que en estos últimos días el engaño crecería en volúmenes exorbitantes?
Hijitos, pónganse anteojos espirituales y examinen de cerca lo que están viendo sus ojos, dice el Señor, porque muchos de ustedes son como ciegos espirituales, como alguien que tiene problemas de vista pero no se pone los anteojos para poder ver mejor.
Ustedes son como alguien que está medio ciego pero no quiere ir al oculista para que le recete los anteojos que necesita para poder ver. Eso es orgullo, eso es soberbia, eso es dejadez, eso es negligencia, dice el Señor.
Noelia: Ahora veo que después de haber hablado estas palabras fuertes con las cuales te está exhortando hoy el Espíritu Santo de Dios, recién ahora tu espíritu se empieza a mover un poquito y a decir: «Uy, ese soy yo. Tengo que escuchar esta palabra.»
Hijitos, dice el Señor, entiendan que se acerca el último tramo de los tiempos finales, la última etapa antes del fin. Ahora estamos como subiendo una montaña alta, y a medida que vayamos escalando esa montaña, las cosas se van a ir complicando, van a ir de mal en peor, y el terreno se va a volver cada vez más pedregoso; y se van a dar cuenta de que a los que no estaban entrenados para escalar esa montaña se les va a dificultar el camino.
Lamentablemente, muchos van a abandonar esa carrera, dice el Señor, pero otros van a seguir, porque habrán escuchado lo que hablo, porque habrán leído lo que escribí, porque me habrán buscado, porque me habrán conocido, porque se habrán edificado a sí mismos, porque se habrán fortalecido en el poder de mi Espíritu, porque habrán desarrollado las armas espirituales y los dones espirituales que les di, porque se habrán ejercitado en entrenar cada una de las cosas que necesitaban para ser aptos para pasar por esa gran montaña, por esa gran prueba por la que van a pasar los míos.
Hijitos, dice el Señor, en este tiempo más que nunca estoy levantando voces proféticas para ver si, cuando no escuchan a una, tal vez escuchan a otra; para ver si alguna de ellas puede alcanzarlos y al fin escuchen mi voz. Pero ustedes son tercos, duros, inmanejables, inmoldables, como una vara de acero que no se puede doblar.
Recapaciten, dice el Señor. Hijitos, entiendan que si no abren los oídos para escuchar lo que les quiero hablar en estos tiempos, se van a perder, como un niño que, cuando se aleja de sus padres y ya no escucha la voz de sus padres, no sabe cómo volver a encontrarlos.
Hijitos, si ustedes no aprenden a escuchar la voz del Espíritu Santo en ustedes, les va a ser muy complicado pasar por la prueba que viene sobre el mundo entero.
Noelia: Ahora veo la tierra en una visión, y entre la gente veo a algunas personas que son de oro.
Esos son ustedes, dice el Señor. Esos son los míos, pero el oro tiene que ser probado por el fuego. El oro tiene que ser lustrado para sacarle más brillo. El oro tiene que ser puro, sin mezcla. El mejor oro, el más caro, es aquel que no está mezclado con otros metales.
Noelia: En esta visión veo que algunos de los que son de oro tienen pedacitos de otros metales mezclados con el oro.
Tengo que sacar esa escoria para lograr la mejor gloria en ustedes, dice el Señor. Hijitos, entiendan que si Yo no los paso por este fuego por el que tengo que pasarlos, mi iglesia no va a estar lista para ser levantada en las nubes cuando Yo venga en poder, en gloria y en majestad. No se resistan, dice el Señor.
Noelia: Veo que algunos de ustedes que tienen mascotas las bañan, metiéndolas en agua con jabón para sacarles la mugre, y algunas de ellas se resisten. Algunos perritos les muerden las manos a sus dueños porque no quieren que los bañen.
Así son ustedes muchas veces, dice el Señor. Se me resisten, me hacen las cosas difíciles, no quieren ser lavados, no quieren ser limpiados, no quieren que les pase jabón de lavadores.
Ustedes quieren las cosas fáciles, quieren divertirse, quieren pasarla bien, pero no quieren el refinamiento, dice el Señor. Y después, cuando las cosas se complican en sus vidas porque no han sido sanados, porque no han sido liberados, porque no han madurado, porque no se han edificado, porque no me han dejado trabajar en sus vidas como me gustaría hacerlo y como sé que les conviene, entonces se frustran, se vuelven atrás, se quejan, se deprimen y hasta se enojan.
Hijitos, vengan a mí y entréguense como un bebé recién nacido cuando recibe su primer baño, dice el Padre. No se resistan, porque vienen tiempos muy difíciles, hijos. No van a poder creer lo que se viene sobre la tierra.
Si Yo les diera todas las visiones juntas de lo que está por venir, muchos de ustedes se desmayarían, porque no lo esperan, porque no creen lo que está escrito para estos tiempos. No escuchan lo que les digo. Yo les hablo por sueños y les muestro visiones de lo que va a venir, y ustedes las descartan como si tiraran a la basura un papel que no sirve.
Hijitos, lo que viene es grave, dice el Señor, y el estado de mi iglesia es catatónico.
Noelia: Veo a una persona tendida sobre una camilla en un hospital. Esta persona estaba enferma y ha muerto, y vienen los médicos y tratan de resucitarla con estos aparatos, para hacer que el corazón vuelva a latir.
Hijitos, dice el Señor, ¿esto les suena fuerte? No se sorprendan, porque este es el estado de la iglesia hoy. Es como un muerto al que alguien trata de reanimar por todos los medios y no reacciona. Es como alguien que se ha quedado sin aliento y viene una persona para darle los primeros auxilios, tratando de reanimarlo, pero no pasa nada. El aliento de vida no vuelve.
Ese es el estado actual de la iglesia, dice el Señor, y muchos de ustedes también están así. Los llamo, les hago respiración boca a boca, les doy masajes en el pecho para ver si sus corazones se mueven, les tiro un vaso de agua en la cara para ver si reaccionan… y nada.
No es que Yo no haga mi trabajo, dice el Señor, sino que los míos no quieren cambiar. Y cuando venga lo que va a venir, ahí se van a dar cuenta del estado en el que estaban, y de que no fui Yo el que no los sacudió fuertemente para que reaccionen.
Hijitos, ese es el estado de la iglesia, dice el Señor. Es grave, es de alarma, es de alerta roja. Ese cuerpo muerto no respira.
Noelia: Veo al Señor como a un médico desesperado por reanimar a esta persona. Suenan las alarmas, suenan los equipos en el hospital, pero la persona no reacciona.
Por eso va a venir lo que va a venir, dice el Señor, porque la única manera en que los míos van a reaccionar es a través de la tribulación; porque, lamentablemente, la mayoría de ustedes no responde sin un ultimátum, porque son tibios, porque son suaves, pero no en el amor, sino en mis cosas.
Tengo que sacudirlos porque los amo, dice el Señor. Voy a mover el piso debajo de sus pies, porque si las cosas están tranquilas, no reaccionan. Pero cuando todo se sacude debajo de sus pies, ahí recién comienzan a abrir los ojos para ver qué pasa.
Si les hablo despacito, dice el Señor, son como un niño que no hace caso. Así que les tengo que gritar a través de los sucesos mundiales que están por venir.
Hijitos, lamento que tenga que ser así, dice el Señor, pero voy a salvar a los míos, cueste lo que cueste. Voy a mover cielo, mar y tierra para que estén preparados al momento de mi venida, porque ustedes son míos.
¿Acaso ustedes no harían lo mismo con sus hijos si ven que están caminando directo a un barranco? Los llaman en voz baja, pero ellos no reaccionan. Los alertan y les dicen: «No toques, no mires, no vayas», pero lo hacen igual. ¿Qué otra cosa les quedaría sino levantarles la voz para que reaccionen y usar cualquier medio para que les crean?
Eso es lo que voy a hacer con los míos, dice el Señor. Los voy a sacudir y los voy a despertar.
Van a ver cosas impactantes con sus propios ojos y se van a asombrar. Pero para ese entonces ya no va a ser como ahora, cuando hablo y les entra por un lado y les sale por el otro.
Cuando realmente venga lo que va a venir, lo que estoy anunciando desde hace tanto tiempo para estos tiempos finales, ahí recién van a creer lo que les hablo y se van a dar cuenta de que tienen que vestirse de seriedad, de que no hay tiempo que perder, de que tienen que calentarse por las cosas celestiales y cuidar la salvación con temor y temblor.
No me los voy a llevar hasta que no hayan sido probados de todas maneras, dice el Padre. Voy a sacar lo mejor de ustedes, porque para eso los hice, no para menos.
Hijitos, si ustedes supieran cómo Yo los amo y cuánto los amo, me entenderían. ¿O acaso no aman así a sus propios hijos y harían cualquier cosa para salvarlos de la muerte?
Tengo que mover todas las cosas. Por lo tanto, en este tiempo todas las cosas van a ser sacudidas, y no va a quedar nada que pueda sacudirse sin ser sacudido, dice el Señor. Hasta las cosas que no pensaban que iban a ser sacudidas van a sacudirse.
Esto no solamente va a darse en la tierra y en el mar, sino también en los cielos. Los astros van a manifestar este sacudimiento, dice el Señor. Van a caer cosas de los cielos e impactar sobre la tierra, cambiando la superficie terrestre.
Hay cosas terribles y graves que van a suceder en la tierra, sobre la tierra, en el mar y en los cielos, porque voy a utilizar todo lo que he creado para atraer a los míos hacia mí.
Créanme, dice el Padre, y levántense ahora de la silla donde están para comenzar a buscarme de verdad, para dejar de jugar con mi nombre y con las cosas de mi reino.
Tengan cuidado, porque muchos de ustedes se están equivocando en la forma en que ministran, y en vez de limpiar a muchas de mis ovejas, las están embarrando.
Tengan cuidado, porque muchos de ustedes se están alejando de mi Palabra, y en vez de seguir ese manual, están siguiendo nuevos manuales que inventan los hombres. Pero si cualquier ángel o persona les predicara un evangelio distinto, sea anatema, dice el Señor.
Noelia: Veo que muchos de ustedes sirven al Señor, pero no lo hacen acorde a la Palabra, sino acorde a lo que les dicen que tienen que hacer con esas personas, y no se dan cuenta de que en vez de cerrar puertas, las están abriendo. En vez de limpiarlos, los están ensuciando. En vez de sanarlos, los están hiriendo. En vez de traerles claridad, los están confundiendo. En vez de edificarlos como un edificio, los están convirtiendo en ruinas.
Recapaciten y búsquenme a mí en primer lugar, dice el Señor, porque en los últimos días solo voy a trabajar con los que estén dispuestos a obedecer a Dios antes que a los hombres.
Hijitos, entiendan que para cada tiempo hay una forma en la que el Espíritu Santo ministra, y ustedes tienen que seguir ese viento. ¿Cómo quieren ver frutos y cambios en sus vidas y en las personas a las que están ministrando, si no van por el viento, sino contra la marea?
Son como alguien que camina contra la corriente en un arroyo de aguas fuertes, dice el Señor. ¿Hasta cuándo los tengo que llamar para que corrijan sus caminos?
Invítenme a mí para que Yo les enseñe cómo deben hablarles a los perdidos, dice el Señor, cómo deben ministrar sanidad del alma, cómo deben liberar a las personas cautivas y atadas por demonios ancestrales.
Ustedes no siguen mi guía como las ovejas que oyen mi voz y me siguen. Ustedes no escuchan la voz del que dicen ser su Dios. Ustedes escuchan y siguen a otros dioses, dioses de carne y hueso, y una vez más se repite la misma historia, dice el Señor.
Noelia: Veo a Jesús, al que murió en esa cruz por nosotros, al que sufrió desmedidamente, sintiendo cada gota de sangre que corría por su cuerpo mientras era destrozado por esas espinas, por esos látigos, por esos maltratos, por esos clavos.
Soy Yo, dice el Señor Jesús. Estoy acá. Mírenme a mí y sigan mi ejemplo. Síganme a mí, no a los hombres. Recapaciten, despierten, abran los ojos y reaccionen, porque esos hombres no murieron por ustedes. Quizás ni siquiera habría algunos de ellos que den su vida por ustedes como Yo la di, siendo santo, sin mancha, sin pecado, inocente como cordero entregado al matadero.
Hijitos, es a mí a quien tienen que mirar, dice el Señor. Es a mí a quien tienen que admirar. Es a mí a quien tienen que adorar. Es a mí a quien tienen que seguir. Es conmigo con quien tienen que cumplir, antes que con los hombres.
Voy a destruir ministerios de hombres. Voy a arrancar árboles que se han secado. Van a caer edificios humanos, porque de otra manera los míos no van a volver a la senda antigua, dice el Señor.
Esta destrucción y esta muerte van a traer despertar a los que se habían dormido en los laureles de hombres, dice el Señor. Voy a hacer esto para que los míos suelten las riendas humanas y se dejen llevar por mi guía.
Viene un despertar dentro de mi casa, pero primero va a ser sacudida, dice el Señor.
Noelia: Veo la destrucción del templo de Jerusalén. Veo el templo en fuego y cómo es destruido violentamente. Y el Señor me muestra que los judíos se agarraban la cabeza por perder el lugar de adoración a Dios.
Y me viene este pasaje, donde Jesús habla de su cuerpo.
[Juan 2:19] Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.
Esta palabra es también para estos tiempos finales, dice el Señor. Voy a destruir esos templos de piedra para que vuelvan a adorarme a mí, para que entiendan que Yo estoy en ustedes, para que no se sigan aferrando a instituciones de hombres, como en aquellos tiempos, cuando existía el templo de Jerusalén.
Es la misma historia, pero vista desde otra perspectiva. Es el mismo problema, pero de otro color. Es la misma atadura, pero de otra forma. ¿Por qué siguen atándose a estructuras humanas que no los edifican, sino que los encierran, los apagan y se olvidan de que estoy buscando verdaderos adoradores en espíritu y en verdad?
[Juan 4:19-24] Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres profeta. Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar. Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.
Ya no es necesario estar en tal lugar para poder adorarme, dice el Señor. Ya no es necesario tener un templo de piedra para poder encontrarme, porque ustedes van a ser el templo del Espíritu Santo. Quiero que los míos vuelvan a esa adoración desde el fondo de sus corazones y que entiendan que todo debe nacer desde allí, y que el templo es espiritual.
Y así como hoy los judíos no entienden que no hace falta estar en Jerusalén para poder adorar al Padre, ni subir a un monte, como Moisés, para poder encontrar a Dios, ustedes hacen lo mismo, pero de otra manera.
Ustedes critican a los judíos porque no entienden que ahora los templos son los cuerpos y no los edificios de piedra. Los critican porque creen que solo en cierto lugar Dios recibe la adoración, pero ustedes hacen lo mismo con sus congregaciones. Creen que tienen que estar allí para poder adorarme, pero cuando vuelven a sus casas, son como una vela que se apaga.
Recapaciten y entiendan que ustedes son esa luz que tiene que estar encendida todo el día, todos los días, en todo lugar, vayan a esas cuatro paredes o no, dice el Señor.
Noelia: Quiero aclarar que el Señor no está diciendo que no debamos congregarnos en un edificio de piedra, sino que muchos están confundidos y piensan que, si no lo hacen, no pueden adorar al Señor y que Dios solo puede manifestarse en las iglesias.
Quiero que sean verdaderos adoradores en espíritu y en verdad, dice el Señor, en todo lugar y en todo tiempo; porque cuando caigan tantos muros de piedra, ¿qué van a hacer si son dependientes de esos lugares? ¿Van a hacer lo mismo que los judíos actuales, que van al Muro de los Lamentos para adorarme? ¿Cuando caigan las paredes de sus congregaciones, van a ir a adorarme entre las ruinas?
Entiendan las cosas espirituales, dice el Señor. Recapaciten, hijitos, porque muchos de ustedes son carnales.
Amen, hijos. Amen, dice el Señor. Mediten en estas cosas y dependan primeramente de mí, porque cuando todo caiga y muchos pastores y siervos sean quitados, muchos de ustedes se van a dar cuenta de que no estaban dependiendo primeramente de mí, que soy la fuente. Se van a dar cuenta de que Yo no era el número uno en sus vidas. Se van a dar cuenta de que Yo era tan solo un nombre en sus vidas, una idea, una creencia, una doctrina, no una realidad vigente, palpable, viva, real.
Búsquenme de todo corazón, dice el Señor, en cualquier momento y en cualquier lugar, porque mi Espíritu está en todos lados, como decía David: «¿Dónde me voy a esconder de ti si estás en todos lados?»
No se encasillen en muchas cosas que les enseñan, dice el Señor. Escudriñen la Palabra para ver si esas cosas son así. No se dejen poner lazos ni yugos en sus espaldas y en sus hombros, cargas pesadas que ni ellos mismos cargan, si para encontrarme no es muy complicado. Solo tienen que clamarme, solo tienen que ser honestos conmigo, porque los escucho donde sea que están si quieren hablarme.
No me muestren una cara que no es. No finjan algo que quieren ser, pero no es real. Hijitos, quiero que mi pueblo se saque la careta y se muestre como es delante mío. Quiero que venga de rodillas ante mis pies, pidiéndome ayuda para que los salve de sus pecados.
Ustedes son míos, dice el Padre. No huyan de mí. No lo hagan difícil. El evangelio es simple: crean en el Hijo de Dios, sean bautizados, reciban el don del Espíritu Santo y conviértanse en un instrumento de mis manos.
Ábranse para que el Espíritu Santo fluya a través de ustedes, manifestando mi poder. No me cierren las puertas, ni en sus casas, ni en las congregaciones, ni en sus vidas. Ábranse a mí, dice el Señor. Estoy buscando templos abiertos para que el Espíritu de la verdad pueda entrar y transformarlos por completo.
Muchos de ustedes no me han vivido, dice el Señor. No me han conocido. Incluso enseñando mi Palabra, nunca me experimentaron. Dejen a un lado todas esas obras vacías y vengan a buscarme, a conocerme de verdad, a adorarme legítimamente.
Hijos, no hay tiempo. Recapaciten y reaccionen, repite el Señor. Estoy aquí.
Noelia: Veo a Jesús al lado de muchos de ustedes, esperando a que quiten la mirada de los hombres y lo miren a él. Pero no lo hacen, porque tienen miedo. Huyen, porque piensan que es difícil, porque están cómodos como están, porque no tienen conocimiento, porque no lo han buscado lo suficiente hasta que se les revele. Pero Él está ahí.
No he cerrado mi puerta, dice el Señor. Al que golpee se le abrirá, y el que busque encontrará. El que quiera beber, que venga a la fuente de aguas vivas que tengo para darle.
Hijitos, aquí estoy, dice Jesús. Mírenme a mí.
Noelia: Veo que cuando todo se sacuda, cuando vengan las cosas tremendas que van a venir, muchos de los hijos de Dios que estaban dormidos recién ahí van a levantar la cabeza para mirarlo a él. Recién ahí van a escuchar el llamado. Recién ahí van a responder.
Agradezcan por las tragedias que vienen a la tierra, dice el Señor. Agradezcan, porque van a ser mi instrumento para que muchos tibios se calienten por mí. Agradezcan la tribulación venidera, dice el Señor, porque voy a utilizar esa herramienta para despertar a este cuerpo muerto que representa la iglesia en este tiempo.
La voy a resucitar, la voy a revivir a través de la tribulación que viene. Tengan esperanza y tengan fe, porque mientras los juicios se derraman sobre la tierra, muchos finalmente van a mirarme a mí y por fin me van a poner primero en sus vidas.
Noelia: El Señor me muestra que algunos de ustedes están preguntando: «Entonces, ¿qué hago ahora? Porque ese soy yo. Eso es lo que me pasa a mí.» El Señor te dice en este momento que lo busques en intimidad, que le pidas que se te revele, que busques un espacio donde no hay nadie y te arrodilles y le hables en voz alta y sinceramente, como un niño que busca ayuda, porque sabe que de otra manera no va a subsistir ni avanzar.
El Señor dice que en este tiempo de mentiras, de engaños, de ilusiones y de apostasía, la clave es la intimidad. Los que no tengan ejercitados los dones en el discernimiento del bien y el mal, los que no tengan esta intimidad con el Señor, no van a poder desarrollar el discernimiento en estos tiempos engañosos, y van a caer en el engaño sublime final que viene en estos últimos días.
Padre, te pido ahora en el nombre de Jesús que unjas con colirio todo ojo y abras la vista de los ciegos, que limpies los oídos que están tapados, que enciendas toda vela que estaba apagada, que invites a participar de tu reino a todo aquel que no lo hacía, que bautices con el Espíritu Santo y fuego a todo aquel que estaba seco, que traigas sanidad del alma a todo aquel que lo necesita, que rompas cadenas de las muñecas y de los pies, que tu Espíritu Santo comience a hablarle a los que no te podían escuchar, que otorgues sueños y visiones a todos los que tenían la ventana de la vista cerrada, que impartas fe a los incrédulos, que avives al que estaba como un carbón que se estaba terminando de apagar.
Gracias, Señor. Alabado sea tu nombre por siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

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