Traducciónes: inglés
[Juan 16:33] Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.
Estas son las palabras que nuestro amado Señor Jesucristo nos dejó para que las recordemos en estos tiempos turbulentos, en estos tiempos de agitación, donde el Señor está conmoviendo todo lo que puede ser conmovido, hasta que haya una nueva tierra y un nuevo cielo y Él se glorifique para siempre.
Amado Padre celestial, gracias por este nuevo tiempo para escuchar tu voz, por esta nueva oportunidad de inquirir en tus asuntos y por este nuevo espacio para la profecía. Mientras en muchísimos lugares se le cierra la puerta a tu Espíritu cuando quiere hablar a través de algún vaso profético que Tú has elegido, aquí tenemos un espacio profético donde nos disponemos a escucharte y a hablar de tu parte, Señor; no porque así lo queramos nosotros, sino porque así lo dispusiste y así nos mandaste hacerlo.
Acá está tu trompeta a las naciones, Señor. Acá está tu megáfono que suena fuerte, transmitiendo a todo aquel que quiere oír, a todo aquel que tiene oídos para escuchar lo que quieras comunicar, Señor. Acá no hay un stop para el glorioso Espíritu Santo. Acá no hay un freno para la manifestación de tu poder.
Este es un escenario virtual desde donde tu poderosa voz, que conmueve a las naciones, puede manifestarse y retumbar en los oídos de tus hijos y de todo aquel que te reconoce como el único Dios del universo: del cielo, de la tierra y de todo lo que existe, Señor.
Gracias, Padre celestial. Tuya es la gloria, Señor. Tuya es la honra por todo lo que vas a hablar. Yo soy una simple comunicadora de lo que quieres decir. Gracias, amado mío.
Y me viene a la mente este pasaje:
[1 Corintios 14:3] Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación.
En este mensaje que Dios te va a dar hoy a través mío, esas tres cosas se van a concretar. Vas a recibir edificación, vas a recibir exhortación, vas a recibir consolación, y Jesús se va a manifestar a través de este mensaje profético.
El mensaje profético
Amados míos, Yo soy la paz, dice Jesús. Yo vencí para darles una paz que nada ni nadie más les puede dar. Mientras todo se conmueve en el mundo, mientras todo se sacude y mientras el hombre es probado para separar el trigo de la cizaña, para que cada uno revele quién es y muestre su verdadera cara mientras todo se sacude debajo de sus pies, las bombas explotan, los misiles caen y los botones rojos están a punto de ser presionados; mientras viene la destrucción, la angustia, el llanto y la desolación, ustedes pueden encontrar paz en mí, porque Yo soy el Príncipe de paz.
Hijitos, los amo, cuido de ustedes y los guardo. Y en medio de todo proceso, en medio de toda purificación, mientras pasan por el fuego de la prueba final para el mundo entero, mientras están atravesando ese dolor y esa aflicción de ser probados, purificados y sentir cómo ese fuego quema, aun en esos momentos ustedes tienen a la mano la oportunidad de tener paz.
Los que están en el mundo no pueden experimentar esa paz que se manifiesta en la salud o en la enfermedad, teniendo para comer o en el hambre, con dolor corporal o con bienestar corporal, con abundancia o con falta, con compañía o con soledad, dice el Señor.
Es una paz que Yo doy, dice Jesús, una paz que no cambia con las circunstancias que la persona que la porta esté pasando. Es una paz capaz de mantenerse como una columna inamovible adentro de ustedes, si ustedes saben aferrarse a esa columna.
En mí y solo en mí van a encontrar esa paz, y no en ninguna otra persona, en ningún otro dios, en ninguna otra religión, dice Jesús. Yo soy el Príncipe de paz. Por lo tanto, Yo manejo la paz. En mí está darla o quitarla, dice el Señor. Yo soy el que administra la paz. Por eso, uno de mis títulos es Príncipe de paz.
[Isaías 9:6] Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.
Noelia: El Señor dice que los que están en el mundo no pueden experimentar la paz que tienen la posibilidad de experimentar los hijos de Dios. Los que no se han convertido a su nombre no tienen la gracia de habitar en esa paz mientras están en aflicción.
Esto es un tesoro, dice el Señor. Es un regalo inmerecido, dado por gracia, al que todo aquel que cree en el Hijo de Dios puede acceder.
Ustedes tienen que aprender a vivir a través de esa paz. Ustedes tienen que aprender a abrazarse de esa columna que está adentro de ustedes, entendiendo que en el mundo van a tener aflicciones, van a sentir dolores, pero aun así sus espíritus pueden estar reposando en mí en completa paz, dice Jesús.
Noelia: El Señor me revela que hay mártires que, aun cuando están entregando la vida en el nombre del Señor Jesús, siguen experimentando una paz que nada ni nadie les puede quitar. A un mártir se le puede quitar la vida, pero no la paz, si esa persona elige permanecer en esa paz aun mientras su vida le es quitada.
El Espíritu Santo me muestra que muchos hijos de Dios tienen tanto ruido interno, están tan confundidos y desordenados en su interior, tan preocupados y afanados, porque no han aprendido a aprovechar esta paz que Jesús les da, porque no han aprendido a aferrarse a esa columna de paz que está dentro de ellos desde que Jesús habita en ellos.
De eso se trata este mensaje de consolación, entre otras cosas. Dios te dice que hay una manera de atravesar lo que estás atravesando en una paz que nada ni nadie te puede robar, si tú lo decides así.
El Espíritu Santo me muestra que, cuando una persona habita en el cuarto secreto con el Señor, cuando lo busca regularmente y se aparta en ciertos momentos del día para estar con Él y adorarlo en espíritu y en verdad, la paz de Jesús viene sobre esa persona de una manera más profunda y constante, porque Jesús es el que trae la paz a un ambiente.
Y me vienen a la mente estos pasajes de la Biblia:
[Juan 14:27] La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.
[Lucas 10:5] En cualquier casa donde entréis, primeramente decid: Paz sea a esta casa.
Mientras el Señor traía a mi mente estos pasajes, estaba teniendo una visión donde veía a un hijo de Dios buscando al Señor en la intimidad de su habitación, o en una montaña, o en una plaza, o en cualquier lugar que ha elegido para encontrarse a solas con Él. Y veía al Señor Jesús entrando allí en el espíritu, y la paz se manifestaba en ese lugar.
El consejo santo del Señor para tu vida en este tiempo es que entiendas que, si estás revolucionado por dentro, si estás pasando por pruebas difíciles de soportar, donde tu alma tiende a agitarse más de la cuenta y donde tu espíritu tiende a sufrir una pérdida de la paz, el estar con el Señor en intimidad restablece ese equilibrio, porque cuando estás a solas con Él, habitando en ese espacio secreto para adorarlo, para orar, para escucharlo o simplemente para estar en silencio meditando en Él, la paz de Jesús se manifiesta, porque Él viene a ese encuentro.
Él se hace presente, y aunque no puedas verlo y hasta quizás no puedas sentirlo, Él igualmente concurre a esa reunión. Cuando lo buscas en la soledad, la paz se manifiesta en ese lugar y restablece tu paz interna, y la tormenta de tu alma comienza a calmarse, porque Él se hace presente cuando lo buscas de esta manera.
Si tenemos al Príncipe de paz habitando dentro nuestro, haciendo morada en nosotros, su paz se manifiesta en ese lugar cuando entramos en una casa. Por esto les dijo el Señor a sus discípulos que digan: «Paz sea a esta casa», cuando entran en una casa.
A través de este mensaje profético, el Señor quiere no solamente que aprendas a caminar en su paz mientras pasas por esta tribulación de estos últimos tiempos, sino también que la impartas a otros y los ayudes a calmar sus tormentas.
Dios dice que vienen tiempos aún más turbulentos, y mientras en el mundo hay cada vez menos paz y cada vez más guerra, destrucción, desolación y angustia, y la gente se turba, el miedo la toma y la preocupación la invade, nosotros tenemos que hacer una diferencia, mostrando por nuestro testimonio que la paz de Jesús habita en nosotros.
Tengan esperanza, hijitos, dice el Señor, porque, si bien es cierto que vienen cosas terribles al mundo, donde es fácil que el alma de una persona se vea sacudida, donde es fácil dejar de creer y de esperar lo bueno, ustedes tienen que aprender a transformarse y a vivir como si fueran un estanque quieto y reposado, totalmente confiado en mí, aunque las cosas no sean fáciles y sus ojos no encuentren esperanza en lo que están mirando.
El mundo no les va a conceder ningún tipo de paz, sino desorden, agitación y caos, porque eso es lo que está escrito para este tiempo y hacia ahí va yendo el mundo. Pero ustedes tienen que aprender a caminar sobre esa cornisa sin miedo a caer, dice el Señor.
Es posible lo que les estoy diciendo, dice el Señor, aunque muchos de ustedes están pensando en sus corazones que esto no puede ser así, que ustedes no son capaces de lograr esta paz inconmovible, esta paz que es independiente de lo que sucede afuera de ustedes. Ustedes creen que esto no es real, que es algo imaginario, que no se puede concretar en sus vidas diarias. Ustedes han creído la mentira del diablo cuando él les ha dicho que es imposible tener paz con todo lo que está pasando.
Pero ustedes no tienen que creerle al diablo, sino a mí, dice Jesús, recordando nuevamente que Yo soy el Príncipe de paz. Pídanme revelación de esta paz, porque no es que no esté adentro de ustedes, habitando allí permanentemente, sino que muchos de ustedes aún no han aprendido a encontrarla y a aferrarse a ella.
Amigos míos, mis palabras no son palabras que se las lleva el viento, dice el Señor. Mis palabras no son palabras mentirosas o vacías. Yo hablo lo que es verdad, y todo aquel que crea lo que les estoy revelando hoy va a encontrar ese tesoro escondido adentro de sí mismo, y en su vida va a haber un antes y un después.
Créanme a mí y no al enemigo, dice el Señor, porque él no puede dar la paz, porque no la tiene. Solo el que cuenta con paz puede darla. Solo el que cuenta con algo puede dar eso que tiene, y el diablo no tiene nada bueno para darles. Solo tiene mentiras, distracciones y engaños, que muchos de ustedes están tomando y creyendo.
Cambien la manera de pensar, dice el Señor. Crean lo que está escrito. Mediten sobre la paz.
Noelia: Estoy viendo a una paloma blanca, que representa al Espíritu Santo de Dios. Ese blanco no solamente representa pureza y santidad, sino también la paz de Dios.
El Espíritu me muestra que hay algunos de ustedes que tienen sueños donde se ven vestidos completamente de blanco. Esto puede representar no solamente que están caminando en santidad, sino también que el Señor los está llamando a caminar en su paz.
El Señor me dice que este mensaje puede parecer un mensaje sin mayor importancia, pero la vida de aquellos que aprendan a aplicar estos consejos y lleguen a tener la revelación de la paz de Jesús puede sufrir un cambio radical. Y esta palabra profética puede ser la llave que necesitaban para vivir verdaderamente el Evangelio y para experimentar la nueva vida en Cristo Jesús como nunca antes.
Muchos de ustedes están nacidos de nuevo, están bautizados en agua, han recibido el bautismo del Espíritu Santo, han experimentado la manifestación de ciertos dones espirituales, han sentido la presencia del Espíritu Santo en algunos momentos, pero aun así no están caminando en la paz de Jesús.
No es que Jesús no les haya dado su paz, sino que ustedes no han aprendido aferrarse a ella y elegir caminar en esa paz. Quizás no han tenido la revelación de que esa paz de Jesús está a la mano, que está no por fuera, sino adentro de ustedes, en el templo del Espíritu Santo que son ustedes.
El Señor dice que si ustedes entienden y meditan sobre lo que Él está hablando hoy y lo ponen en práctica, su caminar en Él puede cambiar totalmente. Esta es la llave. Si ustedes aplican esta solución y comienzan el proceso de caminar en la paz del Señor, por más que vengan aflicciones, por más que se enfermen, por más que vean sufrir a sus seres queridos, por más que haya muerte a su alrededor, por más que estén pasando por necesidad, nadie va a poder conmover sus espíritus.
El Señor me dice que el problema es que muchos de ustedes están confundidos, pensando que si les fuera bien, tendrían paz; pensando que, si no tuvieran problemas o si no estuvieran solos, tendrían paz.
Ustedes asocian la paz interna con lo que sucede en lo exterior, y eso es un error, porque la paz que Cristo da no se conecta con lo que pasa afuera, sino que hace capaz a la persona de ser inconmovible en su fe mientras todo lo que pasa afuera se estremece.
El Señor dice que tenemos que cambiar nuestra manera de pensar y entender que, si dependemos de lo que sucede afuera nuestro para tener paz, nunca la vamos a tener. Pero si aprendemos a reconocer esta paz que el Señor Jesús nos da, si aprendemos a habitar en ella y a manifestarla adentro nuestro, nada de lo que pase afuera nos va a agitar.
Vamos a ser como un árbol que no se puede arrancar, que, por más que sea sacudido por el viento, sus raíces permanecen. Vamos a ser como esa casa fundada sobre la roca, que, por más que vengan las tormentas, por más que la agiten los huracanes, por más que llueva, nieve o truene, nada la va a poder conmover.
Dios dice que la clave es permanecer en la paz que Él nos da, a pesar de lo que sucede a nuestro alrededor.
Hijitos, dice el Señor, les estoy dando una clave para su vida espiritual. Les estoy dando una llave para la sanidad. Si ustedes realmente toman esta llave, se va a abrir una puerta que nunca imaginaron, una puerta para ingresar a una nueva manera de habitar en mí, una puerta que los va a llevar a reconciliarse con muchas cosas, porque la paz que Yo doy lleva a la persona que camina en ella y que sabe habitar en ella a ser un pacificador y a ya no pelearse con ciertas cosas con las que pelea en su interior.
Noelia: El Señor me muestra que aquel que no sabe caminar en la paz de Cristo y abrazarse de esta columna disponible en nosotros mismos normalmente no es un pacificador, sino que se pelea constantemente consigo mismo y con lo que pasa en el exterior, porque no tiene paz en sí mismo. Está en un estado permanente de lucha interna, resistiéndose a ciertas cosas en vez de entender que la paz es la solución y que permanecer en ese estado permanente de lucha las va a empeorar.
[Mateo 5:9] Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
El Señor me hace saber que muchos de ustedes tienen conflictos internos y están luchando permanentemente en su interior. Pero la victoria no se gana por la fuerza ni por la inteligencia, sino que a veces la solución es permanecer en la paz de Cristo y tratar el problema desde ahí.
El Señor me dice que, cuando un país no quiere guerra con otro país, simplemente no la va a aceptar. Por más que el otro país lo ataque y lo vitupere públicamente en las noticias, por más que lo provoque y le haga daño, si esa nación decidió no responder a la guerra con guerra, no lo va a hacer y va a permanecer en paz.
Esto también responde a una pregunta de mi propio corazón, porque yo pensaba en estos días: «¿Cómo puede ser que Irán ataque a tantas naciones de Medio Oriente y que algunas no respondan yendo también a la guerra? ¿Por qué algunos países involucrados en el conflicto actual entre Estados Unidos, Israel e Irán no responden de la misma manera cuando Irán los ataca?»
Esto aplica a nivel personal, a nivel grupal, a nivel familiar, a nivel congregacional e inclusive a nivel nacional. Cuando alguien es un pacificador, cuando quiere la paz y está decidido a mantener esa paz, por más que lo ataquen de afuera, no va a reaccionar de la misma manera.
Esto no significa que esta es la manera en la que deberían responder todos los países que están siendo atacados, sino solamente que, cuando una persona o una nación decide mantenerse en paz, no hay nada que pase afuera que pueda cambiar esa decisión.
Estar en paz es una decisión. Este es el mensaje que el Señor quiere comunicar en este momento. Por más que me hagan la guerra, por más que me provoquen, por más que me vituperen en la cara, por más que me hagan daño, por más que se rían de mí o cualquier cosa que quieran hacer en contra mío, si yo quiero mantenerme en paz, nadie puede cambiar esa decisión que tomé en mi corazón. Si estoy completamente decidida a mantenerme en paz, nadie puede conmoverme, por más que esté pasando por sufrimiento.
La paz no quita el sufrimiento que conllevan ciertas circunstancias. Si alguien viene y me provoca una herida que sangra, ciertamente esa herida va a doler. El dolor está y el cuerpo sangra, pero mi espíritu nadie puede tocarlo si yo no lo permito. Si yo decido quedarme en paz, nadie puede obligarme a tomar otra decisión y salir de esa paz. Esto es lo que el Señor quiere transmitir hoy.
[Isaías 26:3] Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado.
Tienes que aprender a no dejar que lo que sucede a tu alrededor cambie tu decisión de mantenerte en la paz de Cristo. Mientras todo se sacude por fuera y hay cada vez más caos y desorden, tienes que aprender a mantener tu interior en completa estabilidad y quietud.
Habitar en la paz que Cristo da es una decisión, y esto es posible cuando una persona está en santidad. Pero si no está en santidad, esta paz no está garantizada, porque el pecado quita la paz.
El Espíritu Santo quiere que aclare que, si un cristiano renacido está en algún pecado, esto puede hacer que la paz no se manifieste, porque el pecado es como una manta que viene a tapar esa paz. Cuando uno no está a cuentas con Cristo Jesús, la paz que Él da es quitada y el diablo toma ventaja de las puertas abiertas en su vida para provocar caos, confusión, duda, incredulidad, dolor, angustia y depresión.
La santidad es el camino a la paz verdadera, y el pecado es el camino al caos y a la falta de paz. El Señor dice que elijas entre estos dos caminos, porque, mientras continúes en tus pecados y no quieras arrepentirte y apartarte de ellos, esa paz no se va a manifestar en tu vida.
La santidad es como la alfombra que lleva al camino de esa paz. La santidad es la que abre la puerta a experimentar esa paz interna. Mientras todo se conmueve y se sacude, mientras pasas por situaciones difíciles, si permaneces en santidad, esa paz está disponible para que la experimentes.
Ahora estoy viendo una familia donde no hay paz. Los miembros de la familia se tratan mal, gritan, levantan la voz, se hacen la contra. Y el Señor dice que en estos ambientes es muy importante tener momentos de soledad con Él en el lugar que sea, encontrar un tiempo al día donde uno se pueda apartar y buscar al Señor para que, viniendo a nuestro encuentro, su paz se manifieste en nosotros y recuperemos la calma.
El Señor dice que la mente no puede soportar tanta actividad desordenada del día, y que un cuarto secreto constante incluso le hace bien al cuerpo, no solo al alma y al espíritu. El cuarto secreto estabiliza tanto la mente como el cuerpo, que comienzan a alterarse cuando una persona vive en ambientes donde no hay paz.
Si este es tu caso, el Señor te indica que busques cada día un momento de soledad con Él. Y, si no es posible en tu hogar, sal afuera y búscalo, como lo hacían los profetas de la Biblia, que iban a un espacio abierto, a una plaza, a un bosque, a un río, e incluso a la vuelta de la esquina, o salían a caminar.
Lo importante es salir por un momento de esas aguas turbulentas, recuperar la paz de tu alma y después volver para poder resistir el tiempo que aún tienes por delante. Pero es una elección.
El Señor me dice que estar en paz es una elección, pero que muchos de los hijos de su pueblo no eligen la paz, sino la contienda. Eligen vivir preocupados, afanados y perturbados. Eligen creerle más al diablo que al Señor, y por eso el Espíritu Santo que habita en ellos se contrista y no puede manifestarse, junto con la paz del Señor, al nivel que quisiera, porque esos hijos de Dios están eligiendo algo contrario a la paz.
El Señor quiere hacerte entender que hay una decisión que tienes que tomar. Hay dos caminos delante de ti, y la elección está a tu alcance, pero solo tú puedes hacerla: el camino de la paz o el camino de la falta de paz.
Nada de lo que pase en tu ambiente o a nivel mundial debe ser la base para decidir si caminas en paz o no. El Señor Jesucristo habita en ti, si verdaderamente le perteneces, pero la decisión de caminar en esa paz que solo Él puede darte es tuya. Aunque el Señor Jesús, el que trae y da esa paz, habite en una persona, esa persona todavía puede decidir si quiere caminar en ella o no.
Por eso vemos hoy en día a tantos hijos de Dios que no tienen paz, incluso entre los que caminan en el poder de Dios y en la manifestación de los dones del Espíritu Santo, con prodigios y milagros.
Cuando una persona camina en esa paz, los demás pueden percibirla, porque se nota hasta en su apariencia, en sus ojos y en su manera de hablar y de expresarse. Con su sola presencia, esa persona da testimonio de que Jesús está en ella.
El Señor pregunta en este momento: ¿Cuántos de ustedes quieren ser esos pacificadores? ¿Cuántos quieren caminar como focos encendidos, llenos del Espíritu Santo y de la paz que Él concede? ¿A cuántos les gustaría convertirse en un testimonio vivo de la paz que el Príncipe de paz puede dar al mundo a través de ustedes?
El Señor pide en este momento que cada uno de ustedes decida divorciarse de todo espíritu que le quite la paz y casarse con esta paz que solo Cristo puede dar.
Habiendo escuchado esto, dice el Señor, elijan el camino en el que van a caminar a partir de ahora.
[Salmos 34:14] Apártate del mal, y haz el bien; busca la paz, y síguela.
El Señor dice que muchas de las pruebas por las que están pasando no vienen para quitarles la paz, sino para que aprendan a caminar en ella mientras pasan por ellas. Muchas de las cosas difíciles que viven no tienen como objetivo robarles la paz, sino llevarlos a rendirse y a levantar esa bandera de la paz, para que aprendan a vivir bien, confiando en el Señor, sin agitación mental, sin tormento en el alma, tanto cuando tengan hambre como cuando estén saciados, cuando tengan frío o estén abrigados, cuando estén cómodos o no, cuando estén acompañados o se sientan solos.
Muchas de las cosas por las que están pasando vienen para refinarlos y llevarlos a encontrar una paz verdadera. Pero es una elección. Y en este mismo instante, mientras pasan por esas cosas difíciles —que el Señor no está negando ni diciendo que sean fáciles—, el Señor les está dando la oportunidad de vivirlas de una manera distinta: de elegir mantenerse en paz aun mientras pasan por ellas.
Veo a una persona que se siente muy sola, que está sola en su casa, sin compañía. Es una persona de edad avanzada que se siente muy perturbada por esa soledad. Y el Señor dice que, si esta persona aprende a poner a Jesús como su primer amigo y al Espíritu Santo como su primera compañía, y elige estar en paz aunque se sienta tan sola, su relación con Dios va a cambiar, su relación con los demás va a cambiar y su relación consigo misma también va a cambiar, porque la paz lo transforma todo.
La paz es un agente transformador. Cuando Jesús entra en un ambiente, todo cambia. Por eso les dijo Jesús a sus discípulos que digan: «Paz a esta casa», cuando entraban en algún lugar, porque esa paz es como un espíritu que lo transforma todo. Por eso les dijo Jesús:
[Lucas 24:36] Mientras ellos aún hablaban de estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros.
Así que hoy mismo puedes decidir si mantenerte en paz mientras pasas por esa situación tan difícil y dolorosa, o dejar que esa tormenta entre en tu corazón y en tu mente.
El diablo no tiene la culpa de tus decisiones, porque él simplemente hace su trabajo. Viene a tentarte, a sacudirte y a complicarte las cosas, pero no puede obligarte a dejar de experimentar la paz que Jesús viene a darte si te mantienes firme. El diablo hace todo lo posible por quitarte esa paz, pero no puede hacerlo si tú no se lo permites.
Veo a alguien que tiene en sus manos una piedra preciosa de gran valor. El diablo viene y quiere robársela, pero esa persona le dice: «No me la vas a quitar. No me la vas a robar. No te lo voy a permitir». Y el diablo no puede hacer nada.
El diablo sí viene a robar la paz, pero cuando una persona toma la decisión de habitar en ella, no puede arrebatársela por la fuerza. Sin embargo, si esa persona cede, entonces sí puede tomar esa piedra preciosa y llevársela.
El Señor dice que es una decisión de la persona. Aun si está en su lecho de muerte, si decide habitar en esa paz que solo Jesús puede dar, no hay diablo que pueda robársela, no hay demonio que pueda quitársela, no hay hechicero que pueda venir a arrebatarle esa paz.
El Señor me muestra que, a partir de ahora, algunos de ustedes van a empezar un proceso de poner en práctica lo que Él ha revelado hoy. Va a haber días en los que van a tener la victoria, van a sentir un cambio en su actitud interior y van a experimentar más la paz de Jesús, a pesar de lo que pase afuera; pero también va a haber otros días en los que van a sentir que les cuesta un poco más.
El Señor dice que sigan intentándolo y practicándolo, y que, a partir de ahora, esto va a ser un proceso de aprendizaje hasta alcanzar una estabilidad más firme. En algunos momentos van a tener una victoria mayor, más duradera y más constante, permaneciendo en paz aun en medio de la aflicción; pero en otros van a sentir que por instantes fracasan.
El Señor dice que, cuando caigan en este proceso, vuelvan a levantarse y sigan practicando cómo caminar en esa paz que Él les da, porque la práctica hace al maestro. Sigan practicando y sigan intentándolo, aun cuando escuchen noticias perturbadoras que vienen a quitarles la paz.
Cuando escuchen noticias difíciles, lo primero que quiere hacer el enemigo es quitarles la paz y llenarlos de miedo. Pero cuando eso sucede, recuerden esta palabra y traten de mantenerse firmes en esa paz, para que esas cosas que están escuchando no logren sacudirlos por dentro.
Aprender a vivir en la plenitud de la paz de Jesús es clave para poder resistir los tiempos difíciles que vienen, y no solo las situaciones diarias de la vida que el diablo quiere usar para robarnos la paz. Este consejo va a hacer que muchos logren resistir hasta el fin, como dice Mateo 24, porque sin esta paz va a ser muy difícil permanecer firmes y resistir en medio del caos y de la locura que vienen sobre la humanidad.
Gracias, Señor, por esta revelación. Yo imparto tu paz en este momento a todo aquel que escucha, a todo aquel que se abre para recibirla. Señor, bautiza con el Espíritu Santo a todo aquel que aún no ha sido bautizado, para que pueda experimentar esa paz. Señor, que esta paloma de paz ingrese en aquellos templos donde todavía no había entrado.
En el nombre de Jesús, Señor, te pido que esta paz aumente en aquellos que ya la están experimentando y que su manifestación crezca. Y en aquellos en los esta paz se manifiesta por momentos, te pido que se vuelva permanente.
Señor, te pido que nos ayudes a madurar en la experiencia de esta paz que Tú nos das y a ser inconmovibles mientras todo se mueve a nuestro alrededor, y también te pido que nos enseñes cómo impartir esa paz que otros tanto necesitan.
Oh, Señor, ayúdanos a ser un testimonio vivo de lo que significa caminar en esa paz, para que el mundo vea y se pregunte: «¿Qué tiene esta persona? ¿Cómo puede mantenerse con tanta paz en medio de esas circunstancias?».
Señor, te pido que nos ayudes a despertar ese deseo en otros, para que eso nos abra la puerta para evangelizarlos y dar testimonio de que Tú eres el que nos concede esa paz que nadie nos puede quitar. Pueden lastimarnos e incluso quitarnos la vida, pero no pueden quitarnos la paz que Tú das, amado Jesús.
Gracias, Señor, por esta revelación que en este momento está cambiando la mente de muchos hermanos. Gracias por esta paz que ahora viene a iluminar la oscuridad de muchas mentes. Gracias por esta paz que en este momento está envolviendo a muchos que creen lo que estás hablando. Gracias por esta paz que veo entrar ahora mismo en muchos corazones que hasta hoy estaban perturbados.
[Romanos 15:33] Y el Dios de paz sea con todos vosotros. Amén.
Gracias, Señor, porque nosotros tenemos las arras del Espíritu. Podemos experimentar un adelanto de la paz total que vamos a experimentar cuando todas las cosas sean redimidas.
Gracias, Señor, porque va a llegar el momento en que se terminen la guerra, la contienda, la angustia, la aflicción y el llanto. En ese tiempo de descanso total, al que vamos a entrar cuando todo se cumpla, vamos a experimentar una paz permanente y ya no fluctuante: una paz real, plena y total, en la que nada va a poder agitarnos, porque vamos a habitar en la presencia del Príncipe de paz.
Pero hasta ese momento, tu Espíritu Santo nos concede acceso a una paz que el mundo no puede experimentar. Gracias, Señor, porque contamos con las arras de tu Espíritu, hasta que llegue el tiempo pleno de paz para los tuyos.
[2 Corintios 5:5] Mas el que nos hizo para esto mismo es Dios, quien nos ha dado las arras del Espíritu.
¡Gloria a Dios! Alabado sea el Señor por esta palabra, por esta revelación, por esta clave, por esta solución que nos está dando el Espíritu Santo. Toda la gloria y toda la honra son de Él.
